viernes, 20 de junio de 2014

Las lágrimas de Bolívar y de Sucre

Eumenes Fuguet Borregales (*)
 
Las lágrimas son la sangre del alma.
San Agustín

Nuestros grandes paladines, los generales en Jefe Simón Bolívar y Antonio José de Sucre, en sus trayectorias como dignos soldados y ciudadanos, ofrendaron sus vidas en beneficio de los más sublimes intereses. Como humanos tuvieron circunstancias que los motivaron a ser sensibles a los avatares de la adversidad humana. La historia nos refiere momentos estelares en nuestros forjadores de repúblicas libres, manifestados en lágrimas de dolor, de emoción y de gratitud; hablaba entonces el corazón.  El 25 de julio de 1813, cuando el joven subteniente Gabriel Picón González perdió una pierna en el combate de Los Horcones, Bolívar conmovido desde Araure le envía un conmovedor mensaje a su progenitor  Don Antonio Rodríguez Picón:
Y tú, padre, que exhalas suspiros
Al perder el objeto más tierno,
Interrumpe tu llanto, y recuerda,
Que el amor a la Patria es primero.
En pleno fragor de la inmortal Batalla de Carabobo el 24 de junio de 1821, tuvo conocimiento de la muerte de su querido perro Nevado,  regalado en Mérida en mayo de 1813, cuando vio al animal ensangrentado por un lanzazo, el Libertador se retiró en silencio, no sin antes derramar una lágrima por el dolor que lo embargaba.
El 16 de octubre de 1817, en horas de la tarde, en Angostura -hoy Ciudad Bolívar, el Libertador, cuando oyó los disparos del pelotón de fusilamiento que acabó con la vida del general en Jefe Manuel Piar,  se comentó que derramó una lágrima por tan infausta muerte.
En Valencia el 25 de junio de 1821, luego de la magistral Campaña de Carabobo, al redactar su parte de la batalla, Bolívar, al referirse a la muerte del valeroso caraqueño Ambrosio Plaza, diría: “El general Plaza es acreedor a las lágrimas de Colombia”.
El 15 de diciembre de 1819, al escribirles desde Angostura a los hermanos Francisco y Fernando Rodríguez del Toro, diría: “Jamás pienso en ustedes sin gemir, jamás escribo a ustedes sin llorar”.
En 1826 le escribe al general neogranadino Francisco de Paula Santander: “Deseo ver a usted y a todos esos señores lo más pronto posible, con las lágrimas en los ojos como dos hermanos doloridos y tiernamente amantes de una madre que ha expirado”.
El 29 de noviembre de 1820, Bolívar desde Trujillo, luego de haber firmado el 26 de ese mes el “Armisticio en Trujillo con el general realista Pablo Morillo”, le informaba en una carta al general Santander: “La pureza de este lenguaje, que es ciertamente de sus corazones, me arrancó algunas lágrimas y un sentimiento de ternura hacia algunos de ellos”.
El general Antonio José de Sucre de Cúcuta, al regresar los primeros días de mayo de 1830 en comisión del Congreso, tratando de impedir por parte de las autoridades venezolanas la ruptura de la Gran Colombia, no consiguió a Bolívar en Bogotá y le escribe: “...Adiós, mi general, reciba usted por gaje de mi amistad las lágrimas que en este momento me hace verter la ausencia de usted. Sea feliz en todas partes y en todas partes cuente con los servicios y con la gratitud”.
El 2 de julio de 1830, al conocer en La Popa de Cartagena el vil asesinato en Berruecos del  Gral. Sucre, “Abel de América”; Bolívar le escribe a la viuda, doña Mariana Carcelén y Larrea, Marquesa de Solanda... “Todo nuestro consuelo, si es que hay alguno, se funda en los torrentes de lágrimas que Colombia entera y la mitad de América deben a tan heroico bienhechor”... “Dispénseme usted, señora, que deje de continuar esta carta, porque no sé cómo exprese lo que mi ternura siente por usted y por mí”.
Evocamos en esta oportunidad al poeta romano Ovidio en su pensamiento: “El alma descansa cuando echa sus lágrimas y el dolor se satisface con su llanto”
Historia y Tradición
(*)  
Gral de Bgda                                                                                 Eumenes7@gmail.com
@eumenesfuguet


domingo, 15 de junio de 2014

La azarosa vida del doctor Juan Buscat en Venezuela

David R. Chacón Rodríguez*
 


Haciendo un breve recuento de la historia de la humanidad, observamos que hay una infinidad de personajes anónimos que han sacrificada su vida y sus acciones en provecho de los demás y sin embargo, no han tenido el beneficio  de perpetuar sus hazañas como un acto de entrega y generosa heroicidad. De ellos casi no se habla, no salen en los libros, ni en la prensa, ni en la televisión, ni existe un monumento que perpetúe su memoria. Unos de estos personajes es el francés Juan Buscat, un doctor graduado en in utroque iure, es decir, en ambos derechos civil y canónico en la Universidad de Tolosa, en 1789, y cursante en las facultades de medicina y  teólogía de la mencionada Universidad, pero privado de dichos grados por causas inherentes a la Revolución
Después de sus andanzas en la revolución francesa, en 1791,  se trasladó a las Antillas, donde vivió varios años dedicado al comercio y a la agricultura de caña de azúcar en las islas de Guadalupe y Martinica. Allí permaneció hasta 1796, en que con el grado y sueldo de capitán del Real Cuerpo de Artillería inglés, participó en la expedición contra Santa Lucía, San Vicente y Granada. Después, en 1799, pasó por San Tómas y se estableció en Cumaná. Venía con un buque de su propiedad, con bandera dinamarquesa, repleto de mercancías, pero su inconstante fortuna lo volvió a abandonar. Un corsario inglés, anclado en Punta Araya, lo despojó impunemente de sus intereses.  Una vez privado de sus bienes de fortuna, vaciló de la ejecucióin de su proyecto de residenciarse en Cumaná,  pero el encuentro con el naturalista alemán, el Barón Friedrich Wilhelm Heinrich Alexander Freiherr von Humboldt y el francés, Aimé Jacques Alexandre Goujaud, cuyo apodo era  Bonpland (Bon-Plant= Buena Planta, dado por su  abuelo a su padre, al enterarse aquél de su nacimiento, en sus viñedos de Saint-Maurice, en las afueras de La Rochela y que al cabo de una generación, reemplazó definitivamente su verdadero apellido). Ellos eran los ángeles tutelares de la sanidad de la ciudad y al ver su extraordinaria pericia, fue nombrado médico práctico. Su reputación creció cuando pudo curar a varios pacientes, reputados incurables, como es el caso  de don  Vicente de Empáran, quien  sufría de una indisposición hemorroidal maligna. En diciembre de 1800 fue llamado a Barcelona a consultar los males de un amigo francés, apasionado de los americanos. Al saber de su presencia, el Ilustre Ayuntamiento de esa ciudad le pidió colaboración para prevenir y extinguir las epidemias pútridas asolaban la ciudad, a lo cual accedió por haber falta de facultativos y conmiseración ante las deplorables escenas y los lamentables estragos causados por las epidemias, lo que lo llevó a estudiar sus posibles causas. El resultado de su investigación la tituló Prospecto de mejora para la ciudad. Las dio a conocer el 30 de diciembre de 1811 y las dedicó al Presidente de la Sociedad Patriótica.
Igualmente se distinguió como animador de la causa revolucionaria, ganándose la amistad del Precursor Francisco de  Miranda, de Francisco Espejo, y de Antonio Nicolás Briceño.
El diez de noviembre de mil ochocientos once, cuando se quemaron en la Plaza pública los bustos de los Reyes anteriores, que con el presente se hallaban en la Sala Capitular, don Juan Buscat, que se hallaba presente, con el estoque del bastón que traía rompió el retrato del Rey Fernando Séptimo, antes que lo llevasen a la hoguera donde lo incendiaron, por eso lo acusaron de ser uno de los patriotas enemigos de la causa del Rey.
Al ser allanada su casa en 1813, las autoridades realistas encontraron varios libros prohibidos: la Historia de Bonaparte, la Revolución de 1789 y la Constitución Francesa, igualmente poseía varios impresos hechos en Caracas, como el Patriota de Venezuela, Desengaño de Godos y la Refutación de Antonio Nicolás Briceño. Tanto fue su fervor republicano que en 1811 ocupó la presidencia de la Sociedad Patriótica, en la ciudad de Barcelona, hoy capital del Estado Anzoátegui.
Por sus ideas y por su figuración en el régimen republicano, Buscat fue enviado como prisionero a las bóvedas de La Guaira. Se ignora la suerte corrida por este eficiente médico y patriota francés, amigo de Venezuela y de Cumaná y Barcelona.
De esta manera rendimos homenaje a uno estos héroes anónimos, que con su vida y su testimonio benefició a la humanidad, nos demostrándonos que el mundo puede ser mejor.

* Historiador. Presidente de la Fundación Hno Nectario María.Miembro del Club Médico Caracas.





























viernes, 13 de junio de 2014

EL PRESIDENTE JOSE ANTONIO PAEZ A 224 AÑOS DE SU NATALICIO


RAFAEL ARTEAGA ROMERO 


Hoy 13 de junio se conmemora  224 años  del nacimiento del General José
Antonio Páez, prócer fundador de la República de Venezuela, con más de medio siglo de de connotada y activa presencia en la vida pública, pero injusta y deliberadamene olvidado por el actual régimen empeñado en querer dividir a los ciudadanos de este país en oligarcas y pedigüeños.
 
Quienes en este gobierno lo han dado por adversario de Bolívar acusándolo de haber roto el sueño de la Gran Colombia parecen desconocer la verdadera e insostenible situación política de la época. El Libertador incluso estaba claro y consciente del por qué de esa separación y en carta a su edecán O’ Leary, escribe el 13 de septiembre de 1829: “…la separación debe ser perfecta, justa y pacífica. Venezuela debe quedar íntegra, tal como se hallaba antes de la unión”.
Electo primer Presidente de la naciente república el 24 de Marzo de 1831 con el 80% de los votos del grupo elector, se juramenta ante el Congreso, despojándose de su laureado uniforme militar, para asumir su condición de líder civilista. Tuvo la gran responsabilidad de organizar a partir de esa fecha, la hacienda pública y manejar los dineros del Estado con pulcritud y eficiencia. Fundador de la Academia de Matemáticas, impulsor de los códigos y leyes inexistentes en un país que nacía, promotor de la libertad de cultos, etc.  son hechos de gran relevancia. Dos veces Presidente constitucional con una extensa y creadora labor de gobierno, es comprensible que en los días del holocausto de la guerra federal, cuando el suelo patrio se desangraba, los ojos de muchos miraran hacia aquel hombre de legendario prestigio y autoridad, para que ante el caos imperante asumiera en 1861 y una vez más la conducción del país. Ahora, en un nuevo aniversario de su nacimiento y a semejanza de aquellos días, con una patria una vez más herida y dividida, es un buen momento para invocarlo y rescatarlo de donde lo condenaron las pasiones políticas, ya que después de Simón  Bolívar, no hay figura más influyente que la suya en el inicio de nuestra vida nacional.

Bandera venezolana

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Automóviles de los 40

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