viernes, 10 de agosto de 2012

Abogado José Francisco Heredia, "Paradigma de idoneidad"

Éumenes Fuguet Borregales
En esta oportunidad nos referiremos al abogado José Francisco Heredia, historiador, políglota, humanista e idóneo funcionario colonial, reflejo del deber ser en cuanto al fiel y exacto cumplimiento de las funciones públicas, a las cuales está obligado quien realice actividades en beneficio de la comunidad, sea cual fuere su especialidad, cargo u oficio. 
El destacado escritor trujillano Mario Briceño Iragorry (1897-1958), publicó en 1947 su valiosa obra “El Regente Heredia o la Piedad heroica”, en ella refleja la vida y obra del jurista dominicano José Francisco Heredia. Trabajo literario con el cual recibió ese año el Premio Nacional de Literatura, mientras que la Academia Nacional de la Lengua le otorgó la Medalla de Oro como el mejor libro del año; escrito que precisó ser reeditado en dos ocasiones, algo casi inédito en la época.
Hijo de Manuel Heredia y Doña María Francisca Mieses nació en Santo Domingo el 1ro de diciembre de 1776; egresa con el título de abogado en la Real y Pontificia Universidad de Santo Domingo en 1795, colateralmente estudiaba idiomas los cuales dominaba con facilidad. Llegó a Coro en 1801. Se traslada a Maracaibo, donde contrae matrimonio con su prima María Mercedes Heredia (1782-1855) el 2 de agosto de ese año. En marzo de 1803 regresa a Cuba donde nace el 31 de diciembre su hijo José María conocido como El Poeta de la Libertad. El abogado Heredia permaneció en Cuba hasta junio de 1806, al ser comisionado a Pensacola -Florida hasta octubre de 1809 fecha de retorno a Cuba. 
Designado Oidor de la Regencia de Caracas, debido a los sucesos del 19 de abril de 1810, a la formación de La Junta Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII, y la expulsión de las autoridades españolas, se dirige a Coro en poder de los realistas, permaneciendo en la ciudad Raíz de Venezuela. Debido a quebrantos de salud se dirige a Santo Domingo en enero de 1811. 
Nuestro biografiado es considerado el primer defensor del generalísimo Francisco de Miranda, a tal fin reclamaba indignado el trato injusto, antijurídico y antihumano que se le había dado al "más Universal de los venezolanos", a quien titulaba "El gran promovedor de la independencia del continente colombiano".  
A pesar de ser funcionario de la corona española conceptuaba al capitán de fragata Domingo Monteverde capitán general de Venezuela, como un "Usurpador del empleo que decía ejercer", igualmente Heredia decía que: "las actuaciones de Monteverde era un funesto preludio y origen de todas las ilegalidades y desgracias, de que ha sido y está siendo víctima la infeliz Venezuela. Este digno jurista se enfrentaba a los jefes realistas con el peso moral que le daba la ley, la rectitud y la verdad. Encontrándose en Santo Domingo recibió instrucciones en junio de 1812 de dirigirse nuevamente a Venezuela bajo control de Monteverde. El 7 de agosto se instala en Valencia la Real Audiencia, teniendo forzadamente que suspender las actividades en octubre de 1813, a causa del avance exitoso desde Cúcuta de Bolívar en la Campaña Admirable; las actividades se reanudan en Puerto Cabello en octubre de 1814; cesan de nuevo las funciones en mayo de 1815 por orden de Pablo Morillo; reanudadas en mayo de 1816 por disposición de Fernando VII. 
Durante su estada en Venezuela de cinco años y cuatro meses, período comprendido entre 1812 a 1817, Heredia aplicaba sus actuaciones de Regente apegadas a las normativas vigentes, a sabiendas de las oposiciones de los gobernantes que cumplían instrucciones de la corona española; Boves por ejemplo torturaba y fusilaba sin considerar el aspecto legal que podía asesorarle el doctor Heredia. Contra todo derecho fueron a parar a las cárceles en especial la de Puerto Cabello y La Guaira, cantidades de ciudadanos, cuyo único delito era el ser simpatizante de la causa republicana; entre algunos de los beneficiados con autorización de la Real Audiencia de Cádiz, mencionamos a Francisco Javier Ustáriz, Vicente Salías y Miguel José Sanz. Por disposición de Morillo Heredia fue enviado a México; salió de Puerto Cabello el 7 de diciembre de 1817. 
Entre 1818 y 1820 se dedicó a escribir sus famosas "Memorias sobre las revoluciones de Venezuela", importante testimonio de un momento histórico que llena un vacío originado por la destrucción de los archivos de la Real Audiencia de Venezuela a causa de la guerra emancipadora. Memorias publicadas en 1895 por el escritor cubano Enrique Piñero, y luego por nuestro paisano Rufino Blanco Fombona (1874-1944), director de la Editorial América en Madrid. Fallece en México el 30 de octubre de 1820; sus amigos cercanos tuvieron que recoger fondos para enterrar a este excepcional servidor público. Don Andrés Bello (1781-1865), fue de los primeros en resaltar la brillante actuación y comportamiento moral de Heredia, lección permanente de profesionalismo y ética.
Gral. de Bgda. Eumenes Fuguet B.
Historia y Tradición

viernes, 3 de agosto de 2012

Eloy Alfaro y el Conflicto Anglo venezolano por la Guayana Esequiba al centenario de su fallecimiento II. Parte

 

miércoles, 1 de agosto de 2012

EL GENERAL MANUEL SARMIENTO

Oldman Botello
44-Gral. Manuel Sarmiento, presidente del Guárico.jpg
    Hace setenta años, el 9 de julio de 1942 falleció en Caracas el general Manuel Sarmiento, hábil guerrero nacido en San Francisco de Macaira hacia 1867. Murió en Caracas en la fecha indicada.

   Del general Sarmiento poco se conoce, a pesar de la dilatada labor política y militar en el Guárico, primero como dirigente en Altagracia de Orituco del Partido Nacionalista del general José Manuel Hernández, el Mocho Hernández, y luego irreductible y leal servidor del gobierno del general Juan Vicente Gómez y también como estratega militar desde el último tramo del siglo XIX hasta que fue vencida la llamada Revolución Libertadora que acaudilló el banquero carabobeño Manuel Antonio Matos. Poco se ha escrito sobre el personaje.

 Desde joven anduvo metido en la política en las filas liberales hasta el surgimiento del Nacionalismo mochero en 1896, que era como el ala conservadora del partido dividido y que tantos adeptos tuvo finalizando el siglo XIX. La godarria guariqueña tuvo otros representantes como los Hernández Ron, los Zamora en Valle de la Pascua, los Belisario de Chaguaramas; en Ortiz el doctor y general Roberto Vargas, conservador de tuerca y tornillo, los Hurtado calaboceños y tantos otros. A fines del siglo y en la Libertadora de 1901 a 1903 anduvo peleando, juntos y revueltos liberales y mochistas contra el gobierno del Gral. Cipriano Castro; los mocheros Roberto Vargas y Manuel Sarmiento y también el general Luís Crespo Torres, liberal de escuela y hermano de Joaquín. Su participación en la fratricida contienda hizo dar con sus huesos en la cárcel a Sarmiento, liberado poco después. Se dedicó a las labores del llano en sus propiedades pecuarias. Había casado con doña Francisca o Panchita Zamora Arévalo. Luego, seguramente por viudez contrajo nuevo matrimonio con Elba Fonseca, hija del general de San Rafael de Atamaica Raimundo Fonseca, descendiente de calaboceños.

  Al advenir el gobierno gomecista, el general Manuel Sarmiento se esmeró por entero para ser fiel ejecutor de las directrices de la Rehabilitación Nacional. El 30 de diciembre de 1908, al acaecer la defección del Dr. Luciano Mendible como presidente del Guárico, por castrista, Sarmiento fue juramentado como presidente provisional del Guárico, cargo que desempeñó hasta el 31 de agosto de 1909 cuando lo reemplazó el Dr. Roberto Vargas, que venía de ser ministro de Obras Públicas en el primer gabinete gomecista. Estas funciones las ejerció nuevamente entre 1915 y 1924. Fue un gobierno progresista el que hizo en el Guárico. Empero, dedicó mucho esfuerzo, tiempo y recursos del escaso presupuesto regional para dedicarse a hacer la guerra en Guárico, Apure, Anzoátegui y hasta Bolívar y Barinas, persiguiendo y combatiendo a las diversas partidas de guerrillas antigomecistas de esos años. Desde Alfredo Franco, hasta Roberto Vargas, su antiguo correligionario y -¡qué dolor de cabeza permanente!- el de su concuñado el general Emilio Arévalo Cedeño, esposo de doña Pepita Zamora Arévalo de Arévalo, su prima. Desde 1915 hasta 1924 estuvo Sarmiento haciendo la guerra.
     Algunos maledicentes quisieron malponer al general Sarmiento con el general Gómez, porque nunca peleaba a Arévalo, lo rehuía y él en carta para el Caudillo de Diciembre dice que no es así, que muchas veces lo buscaba y Arévalo le sacaba el cuerpo  al combate por estar en minusvalía de hombres y pertrechos. Inclusive dijeron que Sarmiento y Arévalo se habían reunido en la casa de los Zamora en Valle de la Pascua, lo cual desmiente rotundamente al asegurar que desde hacía años no existía ninguna relación entre las dos familias. Se encontraron de frente varias veces, en las cercanías de Altagracia de Orituco, en el sur del Guárico hacia el Orinoco hasta donde fue perseguido Arévalo y en territorio de Anzoátegui. En la campaña de fines de 1921 sufrió las consecuencias de la campaña al contagiarse del paludismo, agregándose a esa endemia la fuerte gripe que afectó a él y a todos los cuerpos militares en campaña.

   Al descender del poder en 1924, nadie molestó al general Mnauel Sarmiento, ni mucho menos al morir el general Gómez cuando puso empeño en recuperar sus abandonados predios rústicos y su ganado. Como no la debía no la temía. Vivió en Caracas, donde sucumbió a enfermedad a los 75 años y al día siguiente fue trasladado su cuerpo a Calabozo, el 9 de julio de 1942. Y en el cementerio viejo de la antigua capital guariqueña reposa su huesa. Los oficios religiosos fueron impartidos por su viejo amigo el futuro Siervo de Dios monseñor Arturo Celestino Álvarez. Hace setenta años descansa en paz bajo el cielo calaboceño.
                                                                 oldmanbotello@hotmail.com

miércoles, 25 de julio de 2012

El Toro de Las Delicias

Carlos Maldonado Bourgoin*
“El Toro de Maracay, llamado El Cacique de los Llanos,... es símbolo de la virilidad que tenía el Benemérito Gómez, expresión de su afición por la fiesta brava y cuentan que en su interior el zamarro mandatario se escondía morocotas de oro”.
Londres tiene los leones de la Trafalgar Square; el madrileño Paseo de La Catellana gira alrededor de Las Cibeles, dos leones llevan en carroza a Rhea la diosa de la fertilidad. Maracay tiene el Toro del Paseo Las Delicias. Monumento restaurado, realzado y reubicado hace un par de años, que es motivó de leyendas y equívocos. Según uso y costumbre, se fue tejiendo en torno a la bella escultura un origen fantástico y hasta una la falsa atribución.
Dicen que: “El Toro de Maracay, llamado El Cacique de los Llanos,... es símbolo de la virilidad que tenía el Benemérito Gómez, expresión de su afición por la fiesta brava y cuentan que en su interior el zamarro mandatario se escondía morocotas de oro”.
Fue atribuido al escultor español Mariano Benlliure –a la llegada de la obra–por defecto de pronunciación confundieron BONHEUR por BENLLIURE. El gato por liebre de la autoría se mantuvo. Aparece en el libro Venezuela (en la sección Aragua), Ministerio de Fomento, 1955- 1956. Luis Cordero Velásquez historiador del gomecismo repite el gazapo, y el cronista Oldman Botello en varias páginas de su extensa y meritoria obra hace lo mismo, de atribuir a Benlliure el Toro firmado así: Is. Bonheur Scp.
El Bénezit dice: Isidore-Jules Bonheur (Francia 1827-1901), “animalier”, especialista en la representación de animales. Hijo del artista Raymond Bonheur, Isidore también es hermano de la famosa artista Rosa Bonheur (Francia, 1822-1899). Obtuvo una medalla de oro en el Salón Oficial de Arte de París, en 1889, en el que venía participando desde años anteriores. Fue condecorado como Caballero de la Legión de Honor de Francia, en 1895. Es autor de los leones de piedra de la escalera del Palacio de Justicia de París y es también autor del Monumento a Rosa Bonheur en Fontainebleau.
La escultura Toro de I. Bonheur, representa un animal de cría pecuaria de raza mediterránea, mide 195 x 105 x 285 cm., fue traído de Alemania –plaza de fundición artística– por Belén Gómez Núñez y su esposo Roberto Santana Llamozas. Le fue regalado el día del cumpleaños 24 de julio, entre 1933-35, al General Gómez por su nieto Marcos Vicente Santana Gómez. ¿Una exaltación a la cría pecuaria a la que los Gómez dieron impulso, o un recuerdo anticipado al fin del hombre fuerte, según confidencias del médico de cabecera Dr. Méndez Llamozas su salud merma?
El Toro de Las Delicias se posicionó como símbolo de Maracay. La primera urbanización de interés social que levanta el Banco Obrero en Aragua lleva el nombre del monumento; el Lactuario Maracay en sus empaques lo lleva en sus etiquetas; una columna periodística de Luis Alberto Contreras se tituló de esta manera; un equipo deportivo regional lleva el nombre de los Toros.
Removido de su sitio El Toro de Las Delicias, le fue cambiado el pedestal anterior de piedra por uno de mármol, con el argumento de darle altura contra el bandalaje.
Hace falta ubicar en su verdadero contexto e historia este hermoso monumento público Toro, al que hay que a querer y cuidar. Maracay también está en deuda con otro monumento que el óxido físico y el olvido va a hacer perder prontamente, se trata del conjunto de Marisol (1930), la escultora venezolana de trayectoria internacional, detrás del Museo de Maracay, señalado en varios libros de arte.
Marco histórico
San José de Maracay (1701-1743)
Las tierras aragüeñas se prestaron a la agricultura rentable de la caña de azúcar, cacao y tabaco, este último bajo el sistema del Estanco. Con los guipuzcuanos, en 1767, un nuevo rubro a la economía regional fue el cultivo del añil. Apellidos de grandes terratenientes como los Bolívar, los Mijares, los Rodríguez del Toro y los Fernández de León unen la etapa provincial con la etapa de la independencia. Los pomposamente llamados ubérrimos Valles de Aragua fueron muy apetecidos por su justificada fama.
Juan Vicente Gómez
A los cien años de la invasión de los sesenta —la llegada de los andinos al poder—, en 1999. los aragüeños recordaron el paso por Maracay del Benemérito J. V. Gómez. Compró su primera casa allí en 1902 y se establece en la ciudad a partir de 1912. Todos los caminos (las carreteras nacionales gomecistas) llegaban a Maracay, enclave geográfico de excelencia, escogida como sede del poder.
Maracay va a convertirse por antonomasia en la Ciudad Jardín de Venezuela. Las viejas haciendas se integran como zonas satélites o militares. Gómez reorganiza el ejército, siembra bases militares y funda la Fuerza Aérea Venezolana. Se construyen el Hotel Jardín (1928), a su frente está la Plaza Bolívar más espléndida y grande de Venezuela y la Maestranza de Maracay (1931), a remembranza de la plaza de toros de Sevilla. Importantes casas de habitación hay en el cuadrilátero. Residencias de campo hacia el sector de Las Delicias son levantadas, como “El Mirador o la 23 de Mayo” casa de dos plantas donde muere el Benemérito y la todavía vistosa “La Macarena” mansión de su hijo Florencio Gómez Núñez, adquirida por el estado.
Estas residencias campestres, desaparecidas algunas y otras en pie en el Nuevo Maracay, configuran un catálogo del gusto ecléctico de la época: evocaciones moriscas, sevillanas, faraónicas o planteamientos modernistas. A los arquitectos Carlos Raúl Villanueva y Carlos Guinand Sandoz se deben buena parte de los proyectos.
El Zoológico, las vaqueras y el Trianón
En 1915, J. V. Gómez ordena los primeros pasos para dar a Maracay un Jardín con especies animales. Vienen técnicos de Alemania y jerarcas del régimen como el general Pérez Soto, compilan especies de la fauna venezolana para la colección. La historia de El Zoológico de Maracay, una iniciativa que perdura, la recoge el cronista de Maracay Oldman Botello.
Durante esa “época en que los años pasaron, pero los días nunca cambiaron” —como escribe el historiador Ramón J. Velásquez—, hay testimonios de la reverencia que tenía Gómez por los animales. Desde los años tachirenses y colombianos, él fue un precoz y solvente hacendado. Como hacedor de riqueza promovió la cría y producción a través de los Presidentes de Estado, donde Aragua fue particularísima. En la prensa se cubren los encuentros de criadores y productores agropecuarios convocadas alrededor de Gómez, que en fechas patrias (24 de julio y 17 de diciembre, natalicio y muerte del Libertador) se reunían en Las Delicias frente a las vaqueras, famosas por su leche y mantequilla.
El Benemérito seguido del sempiterno grupito de amigos y cortesanos, en su paseo matutino se trasladaba a este lugar, la caravana de carros concluía siempre en el Trianón de Las Delicias. La gente que venía de todas partes del país se arremolinaba en este sitio de solaz para saludarlo, testimoniar respetos, solicitar favores o cargos.
El Toro de Las Delicias
Cuenta Luis Cordero Velásquez, historiador del gomecismo fallecido, en su libro Maracay la meca del gomecismo, Caracas, 1997, que: en las postrimerías del régimen y en cumpleaños de Gómez, un 24 de julio el niño Marcos Vicente Santana Gómez regala al abuelo una hermosísima escultura. La monumental figura de un toro gustó tanto al anciano que ordenó emplazarla en el Paseo de Las Delicias como punto visual, al fondo estaban el Zoológico, el Trianón y las viejas vaqueras del Lactuario Maracay. Al pie del pedestal gustaba el dictador recibir las salutaciones generalmente sentado.
El Toro de Las Delicias, desde entonces se hizo un icono de la ciudad de Maracay. Alrededor de éste se tejieron leyendas producto de inventiva popular y del miedo. Es verdad que “Juan Bisonte” llamó R. Blanco Fombona a su enemigo el dictador.  “Gómez... gozaba comparando su vitalidad y virilidad con la de los toros”. Pero ninguna asociación zootrópica adulatoria prueba en el origen del monumento. Hasta rodó el grotesco cuento que en las partes inferiores de la escultura se guardaban morocotas, lo que motivó el vandalaje. Hubo la versión asociada a los toros de casta de Guayabita, repetida por incautos porque no corresponde a la morfología del animal representado. Finalmente, se atribuyó por error a un artista equivocado.
Icono de Aragua
El Toro de Las Delicias se ubicó como símbolo. Con J. V. Gómez surgió en Venezuela y particularmente en Maracay “una clase media próspera y educada, que pronto aportaría su inteligencia al desarrollo del país”, dice el historiador Carlos Alarico Gómez López en su libro Los Sesenta. Historia de la hegemonía andina (1899-1945). Uno de los signos externos de ese auge y crecimiento social fue este monumento escultórico que engalana el Paseo de Las Delicias.
* Historiador, escritor y crítico de arte.
Tomado de : A LOS TOROS:
 Información y Opinión Taurina de Venezuela para el Mundo, por el periodista y crítico taurino venezolano Víctor José López "EL VITO"

domingo, 22 de julio de 2012

LA GUERRA FEDERAL: Parte IV y última


PÁEZ Y LA FORMACIÓN DEL ESTADO VENEZOLANO 
Profesor Carlos Alarico Gómez *
El 24 de mayo de 1850 Páez fue expulsado del país desde Cumaná, donde se embarcó en el buque Libertador que lo condujo a Nueva York. Durante su exilio, en Venezuela se produjo el período de dominación de José Tadeo Monagas, que abarcó un lapso de 11 años, que va desde 1847 hasta 1858. Esa etapa se caracterizó por un marcado nepotismo, lo que creó una especie de dinastía entre los hermanos Monagas, apoyados por sus cuñados, hijos y amigos de su círculo más cercano.
Su derrocamiento es el producto de una alianza entre liberales y conservadores, que no aceptan el cambio de la Constitución debido a que representaba tan solo un medio para mantenerse en el poder de manera indefinida. Sin embargo las contradicciones entre ambos partidos y la falta de liderazgo de Julián Castro –el nuevo hombre fuerte-  provocan una crisis internacional debido a la interpretación del Protocolo Urrutia, lo cual se soluciona gracias a la intervención efectiva de Carlos Soublette, que había regresado del exilio. Un aspecto positivo de ese cambio fue la convocatoria para una constituyente, lo que dio origen a la Convención de Valencia, la cual decretó la vigencia de la Constitución de 1830, mientras sancionaba una nueva y designó a Julián Castro presidente de la República. Otro aspecto importante lo constituyó la política de “olvido del pasado”, que buscaba la unión del país. En consecuencia, volvieron los exiliados y fueron liberados la mayoría de los presos políticos.
El 31 de diciembre de 1858 quedó sancionada la nueva Constitución y ese mismo día el presidente Castro le puso el ejecútese. La nueva Carta Magna instauró el voto universal y directo (varones alfabetos) y fortaleció el poder municipal, pero mantuvo la pena de muerte y la restricción de la libertad de prensa. Castro estuvo frente a los destinos del país entre el 15 de marzo de 1858 y el 1 de agosto de 1859.
Guerra Federal
El 20 de febrero de 1859 Tirso Salaverría dio su famoso grito de Federación en Coro, mientras Juan Crisóstomo Falcón en Saint Thomas y Ezequiel Zamora en Curazao coordinaban las actividades revolucionarias. Tan pronto se produjo el alzamiento, Zamora descendió en La Vela de Coro el 23 de febrero, asumiendo la dirección de la guerra con el cargo de jefe de operaciones de occidente y proclamando a Falcón como jefe supremo de la Revolución Federal. A partir de entonces, se desplaza victorioso por el área, aun cuando León de Febres Cordero es enviado a hacerle frente obligándolo a huir hacia el sur, a pesar de lo cual vence en El Palito, San Felipe y Araure. En Caracas, el Gobierno se tambalea y el gabinete renuncia en pleno, siendo designados Rafael Arvelo, Pedro Casas y Carlos Soublette, para dirigir los despachos de Interiores, Exteriores y Guerra y Marina, respectivamente. Los liberales se mueven con toda rapidez en la capital, organizando una manifestación en la que se daban vivas a la Federación. En ese estado de cosas, la guarnición de Caracas repelió la manifestación con particular ensañamiento, produciendo bajas entre la población civil.
El general en jefe José Antonio Páez había regresado al país el 18 de diciembre de 1858 y asumió la jefatura del ejército, aunque casi en seguida  entró en conflicto con Castro y renunció al cargo. No había cohesión en el alto Gobierno. Los rebeldes, en cambio, día tras día aumentaban sus simpatías entre los venezolanos. Por oriente, Juan Sotillo asume la dirección de las tropas federales, hasta el regreso al país del general José Tadeo Monagas.
Mientras tanto, Julián Castro toma la extraña decisión de simularse enfermo y entrega el poder al vicepresidente Manuel Felipe de Tovar, en una táctica que aparentemente llevaba la meta de averiguar quiénes eran sus verdaderos amigos en el Gobierno. Tovar intenta que Castro retome sus responsabilidades y en vista de su negativa decide nombrar gabinete, pues cree que la decisión del presidente es definitiva. Existe una situación de caos extremo. Se necesita que alguien gobierne y Castro, aparentemente, no lo quiere hacer. Sin embargo, una vez que Tovar comienza a actuar, se encuentra con la sorpresa de que Castro regresa una noche, en ropa militar, reasumiendo el Poder Ejecutivo sin previo aviso. La decisión causa una grave crisis en su propio régimen. Tovar había formado un Gobierno de tipo conservador, que al regresar Castro es destituido constituyéndose otro de corte liberal-federalista.
Ante tal realidad, se produce una reacción y se concreta un golpe de Estado el 1 de agosto de 1859, con el consiguiente arresto y juicio político de Castro (abril-julio de 1860). Pedro Gual asume la Presidencia interinamente, mientras Tovar regresa a Caracas, lo que ocurre días después, pero el suceso genera una terrible situación de violencia y confusión que va a ser conocido en la historia como “La san pablera”, debido a que en las cuatro horas que duró la lucha, entre El Calvario y la Plaza de San Pablo, la gente no sabía quién defendía a quién. El golpe contra Castro lo dirigió el comandante de Armas de Caracas Manuel Vicente de Las Casas, en tanto que el general Pedro Vicente Aguado intentaba reponerlo en el poder y eso produjo una violencia de tal magnitud en la capital, que nadie sabía a quién estaba defendiendo. Fue un hecho de confusión extrema.
El nuevo presidente es Manuel Felipe de Tovar, el cual ejerce como encargado en el lapso agosto 1859-abril de 1860 y el 12 de abril de ese año asume como presidente constitucional, electo en la primera votación universal que hubo en el país, aun cuando era solo de varones. Sin embargo, su Gobierno se desarrolla en el medio de grandes contradicciones y de una violencia casi imposible de ser detenida, que culmina en un proceso contra Castro, que fue juzgado y sentenciado como traidor a la patria, aunque Tovar lo perdona y lo expulsa del país.
Tercera Presidencia
No obstante, dada la crisis política, Manuel Felipe Tovar decide renunciar el 18 de mayo de 1861, después de haber ejercido la Presidencia durante un lapso de 13 meses. Lo sustituye Gual, quien tampoco puede hacer mucho ante la conspiración interna del coronel José Echezuría, quien logra darle un golpe de Estado el 29 de agosto de 1861, imponiendo a Páez en la Presidencia. “El Catire” reasumió el poder por tercera y última vez, con el fin de buscar una solución que le permitiera ayudar a su país a salir de la violencia.
Su llegada a la jefatura del Estado trajo nuevas esperanzas a un país ensangrentado, empobrecido y deseoso de recuperar la alegría de vivir, pero una vez más sus esperanzas se vieron frustradas, ya que la situación era prácticamente irreversible.
En efecto, el movimiento que se presentó en Coro el 20 de febrero de 1859 dio origen a la Guerra Federal. Cuando Páez aceptó la dictadura Venezuela estaba en un profundo caos, que le costó la vida a unas 200 mil personas, de acuerdo al investigador Landaeta Rosales en su obra Anuario Estadístico (1891), citado en el Diccionario de Historia de Venezuela (2000). Para comprender el inmenso drama ocurrido en ese período, es necesario recordar que para la época en que comenzó la guerra había un total de 1.800.000 habitantes. Es decir, un 10% de la población perdió la vida y la gran mayoría vivió en un tiempo de angustias, de necesidades básicas, de indignidad. Landaeta (Ibid) estima que durante el período de la Guerra Federal (1859-1863) se produjeron 327 batallas y unas 2.467 acciones guerrilleras. Sin duda, cabe preguntarse: ¿Por qué la caída de Monagas, en lugar de traer la paz y la armonía que se estaba buscando, provoca en cambio una guerra civil de tan graves proporciones? La respuesta a esta pregunta no es fácil.
Páez trató de buscar una solución y en ese sentido se reunió con Falcón el 8 de diciembre de 1861 en el Campo de Carabobo, apenas tres meses después de haber asumido el mando. A la reunión asistió el joven Eduardo Blanco, en calidad de asistente del mariscal Falcón. Mientras los dos líderes hablaban Falcón le pidió a Páez que le comentara la batalla de Carabobo, a lo que Páez accedió gustoso, pero en la medida en que fue narrando los hechos ocurridos el 24 de junio de 1821 los presentes se emocionaron, especialmente los más jóvenes, lo que motivó a Falcón a volverse hacia donde estaba Blanco al que le dijo:
-Oye, hijo, oye, al propio Aquiles contando sus proezas.
La causa principal que llevó a Páez a establecer ese diálogo con el líder de la Federación fue la precaria situación política, militar y económica que estaba viviendo el país. En lo político el partido Conservador estaba seriamente dividido y sus principales líderes encabezaban fracciones antagónicas. En lo económico existía una gran inestabilidad y no había recursos económicos suficientes para el mantenimiento de un presupuesto equilibrado. En lo militar la situación era aún más grave, debido a la inexistencia de unidad de criterio.
Páez trataba de hacer lo humanamente posible para mantener al país con dignidad, pero cada vez era más difícil lograrlo. No era posible el sostenimiento de un ejército medianamente eficaz. Páez buscó un empréstito en Inglaterra, pero esa acción en lugar de ayudarlo terminó desacreditando al régimen, pues sus enemigos fueron muy hábiles haciendo circular rumores insanos. Por tanto, decidió negociar. El 23 de abril de 1863 los miembros del Gobierno del general José Antonio Páez, encabezados por el periodista Pedro José Rojas; y los federalistas del general Juan Crisóstomo Falcón, representados por Antonio Guzmán Blanco se reunieron en una hacienda de Coche propiedad de Juan Bautista Madrid para negociar un Tratado. Ambos bandos buscaban darle término a la Guerra Federal. El Tratado de Coche fue firmado y Páez resignó el mando ante la Asamblea reunida en La Victoria el 15 de junio de 1863 y abandonó el país el 13 de agosto siguiente.
Muerte y repatriación de sus restos
El 6 de mayo de 1873 murió en Nueva York y antes de ser sepultado en el Marble Cemettery de Manhattan fue embalsamado por el médico cubano Federico Gálvez. Quince años más tarde llegó a Nueva York una comisión enviada por el presidente de Venezuela Hermógenes López a buscar los restos de Páez, la cual estaba integrada por Ramón Páez, Jacinto Regino Pachano y Antonio María Soteldo. El presidente Grover Cleveland aceptó repatriar los restos del héroe venezolano y a tal efecto designó a los generales Philip Sheridan, William Sherman y Daniel Sickles para que le rindieran los honores correspondientes. Sikles fue el comandante del III Cuerpo del ejército de la Unión que luchó en Gettysburg bajo las órdenes del general George Gordon Meade, vencedor del general sureño Robert Lee. El resultado le dio la victoria definitiva al Gobierno de Abraham Lincoln en la terrible guerra de secesión norteamericana (1861-1865). Fue a él a quien le correspondió el honor de dirigir el desfile militar que se efectuó el 24 de marzo de 1888 por la quinta avenida de Nueva York, conduciendo marcialmente el féretro hasta el muelle ubicado en la calle 26, donde fue embarcado en el buque de guerra Pensacola, rumbo a La Guaira.
Los restos de Páez llegaron a las costas venezolanas el 17 de abril y fueron recibidos por una comitiva integrada por Henrique Boulton, Arístides Rojas y Carlos Yanes, en representación del presidente de Venezuela. Dos días después se ofició en su honor una misa en la Catedral de Caracas, que culminó con su traslado al Panteón Nacional donde se le dio cristiana sepultura.
Centenario de su muerte
En 1973, al cumplirse el primer centenario de su muerte, el presidente Rafael Caldera ordenó la colocación de un mausoleo en el lugar donde reposaban los restos del héroe. El monumento era una donación de Manuel Vicente Rodríguez Llamozas, descendiente directo de María del Rosario Páez de Llamozas (Mayota), hija del prócer con Dominga Ortiz. El encargado de dirigir el trabajo fue Marcos París del Gallego, director del Ceremonial de la Presidencia de la República. Al abrir la fosa se produjo un hecho insólito. Debajo de la losa estaba el cuerpo intacto del triunfador de Las Queseras. Los presentes se quedaron atónitos viéndolo tal cual era en vida. El estupor creció cuando el pelo gris y lacio del llanero se movió ligeramente con la brisa que penetró por la puerta abierta del Panteón. Un mechón de su cabellera cayó sobre su frente amplia y generosa. Su mano derecha descansaba sobre su corazón, mientras que el izquierdo estaba extendido a lo largo de su cuerpo. Su paltó levita le daba aspecto de gobernante a punto de dictar órdenes trascendentes, como las miles que emitió durante su vida. Parecía que el tiempo se hubiera detenido.   
Hay seres cuya ejecutoria trasciende su tránsito vital, que nacen para ser inmortales, seres que suman a su creatividad y poder de decisión un halo que les permite vencer limitaciones inmensas. Esos seres nacen para la gloria, para la leyenda, para la historia. José Antonio Páez, “El Catire”, “El Centauro de los Llanos” fue uno de esos seres.

*Este ensayo es obra del profesor Carlos Alarico Gómez, Ph. D en historia y magister en periodismo. Para facilitar su lectura y comprensión, será presentada en cuatro entregas



FUENTES CONSULTADAS:
Bruni Celli, Blas (1973). Discurso de orden. Centenario de la muerte del general Páez. Caracas: Boletín de la ANH Nº 221, Tomo LVI.
Castillo, Rafael (1984). José Tadeo Monagas. Auge y consolidación de un caudillo. Caracas: Monte Ávila Editores.
Díaz Sánchez, Ramón (1969). Guzmán. Madrid: Editorial Mediterráneo.
Diccionario de Historia de Venezuela (2000).
García Ponce, Antonio (1982). Panorámica de un Período Crucial en la Historia de Venezuela. Caracas: Ucab.  
Gómez, Carlos Alarico (1996). José Antonio Páez. Caracas: Panapo.
Gómez, Carlos Alarico (2006). Monagas. Caracas: Edit. El Nacional.
Landaeta Rosales, Manuel (1890/1963). Gran Recopilación Geográfica, Estadística e Histórica. Caracas: BCV (Reed.).
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Bandera venezolana

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Automóviles de los 40

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