martes, 12 de junio de 2012

Dr. Francisco Javier Ustáriz, eminente prócer civil

Eumenes Fuguet Borregales (*)
Jurista caraqueño con una notable participación en la génesis republicana, nacido  en 1772, descendiente de  blancos criollos; recibe la mejor formación de la época colonial que le permite egresar de la Real y Pontificia Universidad de Caracas como abogado. Hermano del también prócer el coronel Luís Ustáriz defensor de Valencia ante la acometida de Monteverde en 1812.  
  Mediante los estudios de literatura y filosofía, así como la  aplicación a la música,  Francisco Javier ampliaba su nivel cultural y humanístico. La amplia casona  era un punto de encuentro de importantes personalidades en las  frecuentes tertulias; contando entre los asistentes  a Don Andrés Bello, Padre de la Gramática Americana y el médico Vicente Salias, autor de la letra del  Gloria al Bravo Pueblo entre otros.
   El movimiento del 19 de Abril de 1810 que depuso al capitán general Vicente de Emparan y Orbe, contó con la participación de Francisco Javier Ustáriz como un tribuno y político de avanzada, de tal manera que fue designado miembro de la Junta de Gobierno surgida ese memorable día. Electo Diputado por San Sebastián de los Reyes, es uno de los firmantes del Acta de Independencia de la cual fue redactor Junto a Juan Germán Roscio (1763-1821); magno documento aprobado por el Primer Congreso de la República el 7 de julio de 1811, la recolección de las firmas se realizó hasta el 16 de agosto.
   El recién creado estado necesitaba una Constitución de  carácter Federal, para lo cual se encargó la  redacción a Francisco Javier Ustáriz, Gabriel Ponte y a Juan Germán Roscio. Con la participación de 37 diputados de los cuarenta y cuatro elegidos en las siete provincias que integraban el Congreso Supremo de Venezuela, a las cuatro de la tarde del 21 de diciembre de 1811, es promulgada la Carta magna de la República, informada al pueblo mediante repiques de campanas de la iglesias caraqueñas, salvas de artillería y celebraciones; el Congreso acordó la debida distribución impresa en los talleres de Juan Baillío. Esta inédita constitución es la primera de Venezuela  y de hispano América, de contenido  similar a la de los Estados Unidos, es decir de tipo federalista o descentralizada, donde las provincias conservaban cierta autonomía. Esta constitución también estuvo inspirada en las ideas francesas, respetando los derechos del hombre, dándoles a todos los habitantes el tratamiento de ciudadano sin importar la clase social.
   El 15 de febrero de 1812 el Congreso suspendió sus sesiones en Caracas, acordando trasladarse a Valencia, designándola Ciudad Federal el 1 de marzo de ese mismo año cuando reanudó sus sesiones hasta el 6 de abril de 1812, ante la inminente llegada del capitán de fragata Domingo Monteverde, procedente de Coro con refuerzos de Carora y Barquisimeto. El Poder Ejecutivo instalado en Valencia tuvo que designar de urgencia a Francisco de Miranda como Jefe Supremo de Venezuela, con el rango de Generalísimo. Fráncico Javier Ustáriz debería haber formado parte del Poder Ejecutivo (segundo Triunvirato), con Francisco Espejo y Fernando Rodríguez del Toro, pero no pudo viajar a Valencia a incorporarse, razón por la cual el Triunvirato fue sólo de uno, o, en realidad de dos, gracias a que el suplente Francisco Javier Maíz, que era diputado, estaba en Valencia y pudo incorporarse 
   A raíz de la Capitulación de Francisco de Miranda firmada en la población en San Mateo por su representante el comandante peruano José de Sata y Bussy el 25 de julio de 1812 ante el jefe realista  Monteverde, Ustáriz es  conducido prisionero a La Guaira, donde permaneció durante un año en el castillo San Carlos, cuando el futuro Libertador reconquistó Caracas el 6 de agosto de 1813, luego de culminar la Campaña Admirable iniciada en Cúcuta el 14 de mayo de ese año. Hacia finales de ese mismo año, Bolívar solicitó los servicios de Francisco Javier Ustáriz para  la preparación de un nuevo proyecto de gobierno  que rigiera la nueva República. Ante la  aproximación a Caracas de José Tomás Boves, se ordena la evacuación de la ciudad hacia el Oriente a partir del 7 de agosto de 1814 en la conocida Emigración de veinte mil personas, de las cuales una de cada tres llegó a Barcelona o Cumaná; Ustáriz iba en esa terrible marcha asediada por el hambre, la sed, las plagas y el agotamiento físico. El 11 de diciembre de ese año  fue asesinado por un soldado realista cerca de Maturín, poco después de la muerte de Boves en la batalla de Urica ocurrida el 5 de diciembre de ese funesto año.
(*) Gral. de Bgda. www.el-carabobeno.com
Historia y Tradición

sábado, 9 de junio de 2012

Luís Manuel Urbaneja Achelpohl, iniciador del cuento venezolano


.Eumenes Fuguet Borregales (*)
 Destacado escritor caraqueño, considerado el cuentista principal de estos tiempos; nacido el 25 de febrero de 1873, hijo del general Luis María Urbaneja e Isabel Achelpohl de origen alemán. Al culminar los  estudios  de bachillerato  en el colegio Santa María del cual egresa en 1888, inicia en la Universidad Central de Venezuela la formación en Derecho;  apasionado  por las letras, se retira para dedicarse junto a Pedro Emilio Coll y Pedro César Dominici al periodismo con la fundación de la revista Cosmópolis, cuyo primer número apareció el 1ro. de mayo de 1894, en ella escribe "Sobre Literatura Nacional" y "Más sobre Literatura Nacional", donde señala los lineamientos del manifiesto sobre el Criollismo.
Muy aficionado a los viajes al campo y su vinculación a la gente y al ambiente rural, sus formas de vida, problemas, tradiciones y costumbres, aspectos que lo inspiración  escribir sus magníficas obras, plasmadas en pequeños poemas en prosa, denominadas "acuarelas".  "Un pueblo que no posee la manera genuina de expresar sus sentimientos -escribe Urbaneja- no tiene derecho alguno a aspirar un puesto en la armonía universal. 
Cuando los artistas de la época expresaban: “ver París y morir es la felicidad completa de un artista hispanoamericano", Urbaneja en cambio disfrutaba la vida del campo, siempre  identificado con la naturaleza. 
Recibe en 1896  el primer premio del concurso de cuentos de la revista El Cojo ilustrado, por su relato "Flor de Selva”, ese año escribe “Botón Algodonero”. Tras el fraude electoral que en 1897 perjudicó las aspiraciones presidenciales del general José Manuel Hernández, “el Mocho”, se incorporó en 1898 al alzamiento de los liberales nacionalistas contra el gobierno de Ignacio Andrade. En esta oportunidad como combatiente, obtiene una visión de las crueles acciones bélicas y las secuelas que ellas generan; observaba el valor y abnegación de las mujeres combatientes denominadas “mapanares”. 
Durante el gobierno de Cipriano Castro, ejerció en Valencia el cargo de fiscal de instrucción pública durante el período 1900-1905, luego en  Caracas, trabajó en la Secretaría de la Corte Federal y de Casación desde 1905 hasta 1910, cuando trabaja junto a Alejandro Fernández García en la revista “alma venezolana”. 
 En 1916 obtuvo en Buenos Aires el primer premio en el Concurso de Novelas Americanas con “en este país”, convirtiéndose en el primer escritor venezolano en recibir un galardón internacional. En 1922 apareció su principal creación como cuentista: Ovejón; el cual fue publicado por primera vez por José Rafael Pocaterra en la "novela semanal".  En 1927, publicó el novelín o novela corta;  el tuerto Miguel.  
 Durante el régimen de Juan Vicente Gómez estuvo alejado de la política, obtenía el pan nuestro de cada día para la familia,  administrando una vaquera; a la muerte de éste  fue nombrado Director de la Escuela de Arte Escénico y de la Biblioteca Nacional en 1936.  Aparece su segunda novela titulada La casa de las cuatro pencas editada en 1937. Este insigne paisano fallece en Caracas el 5 de septiembre de 1937 a los sesenta y cuatro años;  Doña Lola Pelayo de Urbaneja, empezó a recopilar y publicar las obras en 1944 bajo el titulo El Criollismo en Venezuela. 
Urbaneja Achelpol mantuvo estrecha amistad con Rómulo Gallegos, José Rafael Pocaterra, Jesús Semprúm y Rufino Blanco Fombona, entre otros. Es  continuador de la obra de Manuel Vicente Romerogarcía (1861- 1917), autor de la famosa obra “Peonía” publicada en 1890, fiel representante del criollismo en nuestro país. Con el tiempo sus papeles fueron donados por su familia al Centro de Estudios Literarios de la Universidad Central de Venezuela. En 1973 fueron publicadas sus Obras completas caracterizadas por las formas naturalistas de la ficción. De su extraordinaria producción tenemos: "En este País",  "Ojo de Vaca", "De Temporada", Alma y Huella", "Flor de Mayo.  Desde su refugio de exilado en Point-Claire- Canadá, nuestro escritor valenciano José Rafael Pocaterra (1889-1955), imagina la escena del sepelio de Luis Manuel Urbaneja Achelpohl: “Le habrán ido a sacar de su casita en El Valle, allá oculta tras un Jardín, bajo algunos árboles...Habrá trepado esta vez a hombros ajenos, las escaleras que suben hasta la callecita urbana, con su tejadillos bajos y sus fachadas al temple de la modestia ciudadana, callada, humilde, que fue la existencia de un gran artista. Ya no volverá a descender más la cuesta, ya no irá a pasarse sus tardes a la estrecha mesa, con los espejuelos caídos y las cuartillas dispersas.
(*) Gral. de Bgda.                                                                                                eumenes7@gmail.com

 Historia y Tradición










jueves, 7 de junio de 2012

Cementerio de San Simón. Esquina de San Simón



El cementerio se comenzó a construir en 1857 a expensas del Ilustrísimo, señor Mariano de Talavera y Garcés, antiguo Vicario Apostólico de Guayana,  nació en Coro, Edo. Falcón, en 1777; fue el primer obispo de Coro y tío de la heroína de la Península de Paraguaná, Josefa Camejo. La obra se concluyó con limosnas y fondos del Municipio. Ocupaba parte del terreno donde actualmente se encuentra el Hospital Vargas. 
El terreno formaba parte de una extensión mayor donde funcionaba un potrero conocido con el nombre de  Pulinare, todo el terreno de esta finca fue utilizado para la construcción del hospital.
El cementerio fue clausurado hacia el año de 1888 cuando el presidente Juan Pablo Rojas Paúl inicia la construcción del Hospital Vargas.

Esquina de San Simón.
Esta esquina queda como recuerdo del antiguo cementerio del mismo nombre. Está ubicada en la prolongación de la calle norte-interrumpida por la construcción del Panteón Nacional-antiguamente la iglesia de la Santísima Trinidad, se interrumpe la calle norte entre el Puente la Trinidad y la esquina de Misterio- la esquina es la penúltima calle de la calle norte, entre las esquinas de Monte Carmelo y La Providencia, exactamente frente a la entrada del Hospital Vargas en su lado norte.




                                                                                                                              

miércoles, 6 de junio de 2012

Tres leyendas sobre el Nazareno de San Pablo (SEGUNDA REVISIÓN)*


Gerónimo Alberto Yerena Cabrera

El culto al Nazareno, constituye la tradición emblemática caraqueña en la Semana Santa. Desde la colonia fue la principal procesión, en todas las iglesias había una imagen del Nazareno, pero la del Nazareno de San Pablo, junto a la de San Jacinto fueron las más venerada.
En el año 1674, cuando Caracas sólo tenía seis iglesias, el Arzobispo Fray Antonio González y Acuña, dispuso que el Miércoles Santos fuese dedicado al culto del Nazareno, cuya imagen desde entonces, en tal día debería ser llevada solemnemente en procesión por las calles de la capital.
Esta dedicación al Nazareno aún se conserva religiosamente en la Basílica de Santa Teresa, lugar donde, desde el año 1876, se encuentra la imagen. Una gran mayoría de fieles, de todas las edades, concurren vestidos con el atuendo morado del Nazareno, muchos de ellos como pago de promesas y en acción de gracia. En el siglo XVII cuando aún no se había construido la Iglesia de la Candelaria, la procesión que salía del templo de San Pablo, era pagada por las personas nacidas en las Islas Canarias.

Tradicionalmente han existido tres leyendas sobre el Nazareno, las cuales han sido motivo de comentario casi obligado en esta época, las dos primeras ocurridas durante la colonia y la última a finales del siglo XIX.

1º.- ¿Dónde me has visto que me has hecho tan perfecto?

La tradición caraqueña sostenía una leyenda muy difundida, la cual decía lo siguiente:
El artista que hizo la imagen del Nazareno al terminar su brillante obra, muy emocionado por lo bien que la había hecho, le preguntó:
-¿Qué te falta mi Dios? el Nazareno le respondió:
-¿Dónde me has visto que me has hecho tan perfecto? al instante el artista, un tallador anónimo del siglo XVII, cayó muerto.

Realidades sobre la leyenda de la talla de la imagen del Nazareno.
Monseñor Juan Francisco Hernández, sacerdote insigne y relevante durante la década de los cincuenta, declaró, como consecuencia de la restauración realizada al Nazareno, por el sevillano Manolo Díaz, que la obra realizada en pino de Flandes, fue traída de Sevilla, y que perteneció a la escuela sevillana del siglo XVII.
En artículo de Tarim Gois: El Nazareno de San Pablo mito e historia**,  relata la cita de Carlos F. Duarte, en su folleto Los maestros escultores de la época colonial en Venezuela, atribuye la pieza por comparación de estilo al escultor español Felipe de Ribas (activo entre 1609 y 1648), discípulo de Alonso Cano. Dice la articulista, a igual que Monseñor Juan Francisco Hernández,  que lo que sí está comprobado es que la madera utilizada para esta escultura es pino de Flandes, descartando la posibilidad de que la pieza fuera realizada en Venezuela, pues la imaginería criolla de esa época fue hecha en su mayoría de cedro amargo. Como verán podemos seguir creyendo esto, si así lo deseamos, pero la leyenda es falsa, tal como lo demostró el Monseñor.

2º.- El Limonero del Señor.

En Caracas en 1696 una epidemia de Fiebre Amarilla o “Vomito Negro” azotó a la población, que ya estaba diezmada por la viruela. Esta nueva afección causó muchas víctimas, resultando ineficaces para contrarrestarla los escasos recursos terapéuticos de la época. La ciudad invocó la protección de Santa Rosalía de Palermo, pero al año siguiente, motivado a que aún persistía la epidemia, el nuevo Gobernador de la Provincia de Venezuela, Maestre de Campo Don Francisco Berroterán  junto al Obispo y los representantes del los dos Cabildos convocaron una procesión con el Nazareno de San Pablo, para pedirle que cesara la epidemia de Fiebre Amarilla.
Cuando la procesión pasaba por la esquina de Miracielos, al desviarse la imagen hacia un costado para evitar un lodazal, uno de los brazos de la Cruz tropezó con el ramaje de un limonero que asomaba sus dorados frutos por encima de una tapia del corral de una vivienda. Allí ocurrió lo que escribió el gran poeta Andrés Eloy Blanco:

En la esquina de Miracielos
hubo una breve oscilación;
los portadores de las andas
se detuvieron; Monseñor,
el Arzobispo, alzó los ojos
hacia la Cruz; la Cruz de Dios,
al pasar bajo el limonero
entre sus gajos se enredó.

Sobre la frente del Mesías
hubo un rebote de verdor
y entre sus rizos tembló el oro
amarillo de la sazón.

De lo profundo del cortejo
partió la flecha de una voz:
¡Milagro! ¡Es bálsamo, cristianos,
el limonero del Señor.

Y veinte manos arrancaron
la cosecha de curación
que en la esquina de Miracielos
de los cielos enviaba Dios.

Y se curaron los pestosos
bebiendo el ácido licor
con agua clara de Catuche,
entre oración y oración.


3º.- ¿Qué has hecho con mi templo?

La tradición popular sostiene que, en la inauguración del Teatro que se edificó donde estaba la Iglesia de San Pablo, hoy Teatro Municipal, el día 4 de enero de 1881, con la interpretación de la opera “El Trovador”; sucedió lo siguiente: Antonio Guzmán Blanco, sentado cómodamente en su palco presidencial, de repente se paró y se retiró en forma repentina, con la cara muy pálida, al cabo de cierto tiempo volvió al teatro.
El pueblo le atribuyo este accidente, a que fue el Nazareno de San Pablo que se le apareció y le dijo:
-¿Qué has hecho con mi templo?
La historia desmiente este relato de manera muy simple; la fachada oeste (Santa Ana) de la Iglesia de Santa Teresa fue inaugurada el día 27 de octubre de 1876, y reinagurada el 27 de abril de 1880, fecha cuando se trasladó la imagen del Nazareno; para la fecha mencionada del año de 1881, ya allí se encontraba la imagen del “Nazareno de San Pablo”, por lo cual el Nazareno sabía que Guzmán le había construido otro templo, y más grande aún, sólo que le puso el nombre de su esposa Ana Teresa.
Lo que le pasó en realidad a “guzmancito” fue que el día antes había estado en un “jolgorio” y tuvo una emergencia digestiva, que si no hubiese salido apurado, ya ustedes se podrán imaginar que hubiese sucedido.
Estos cólicos parece que son frecuentes en ciertos gobernantes en la historia presidencial venezolana.

Gerónimo Alberto Yerena Cabrera
Correo:
yerena.geronimo@gmail.com
*Primera publicación:
viernes 23 de mayo de 2008

Bibliografía revisada.
**actualización sobre la talla del Nazareno: Tarim Gois. El Nazareno de San Pablo: mito e historia. El desafío de la historia.Editorial MACPECRI. Año 5, revista 32.p 74.
1º Relatos de Don Lucas Manzano.
2º Caracas Física y Espiritual. Aquiles Nazoa.
3º Nomenclatura Caraqueña. Rafael Valery.
4º Recuerdos de charla en La Televisora Nacional Canal 5 de Monseñor Juan Francisco Hernández.
5º La Ciudad de los techos rojos. Enrique Bernardo Nuñez.
6º Historia de Caracas. Tomás Polanco Alcántara.
7º Apuntes y artículos periodísticos de Juan Ernesto Montenegro. Cronista de la Ciudad.



martes, 5 de junio de 2012

PÁEZ: DE CARABOBO A LA COSIATA* 2/4


Carlos Alarico Gómez**
Parte II: de PÁEZ Y LA FORMACIÓN DEL ESTADO VENEZOLANO 

1863 - General José Antonio Páez Fotografía tomada por Anonimi  (0,255 x 0,20)
 
                          Las Queseras del Medio
Durante el año 1819 el Congreso de Angostura (15 de febrero) sanciona la creación de la República de Venezuela y Simón Bolívar es electo presidente, cargo en el que se juramentó dos días después. Ese mismo año se reúne con Páez en el Apure y luego decide remontar Los Andes para darle la libertad a la Nueva Granada y obtiene la victoria de Boyacá (7 de agosto), con la cual sella e inicia el camino definitivo para lograr la de Venezuela. Mientras el Libertador concreta su proyecto, José Antonio Páez permanece vigilante en el Apure y Santiago Mariño en el oriente. Al volver a Guayana, el Libertador convoca de nuevo al Congreso y se produce, por iniciativa suya, la creación de la República de Colombia el 17 de diciembre.
Entretanto, Páez sigue su lucha durante todo el año 1819, habiendo logrado triunfar en todos sus compromisos, pero el más espectacular de todos fue el de Las Queseras del Medio, batalla librada el 2 de abril en presencia de Bolívar, ocurrida después del combate del Paso Marrereño (5 de febrero) y de la Gamarra (27 de marzo). El lugar de la batalla fue en los márgenes del río Arauca. A la izquierda estaba ubicado el ejército del mariscal Morillo. Muy temprano en la mañana llegó el comandante Narciso López proveniente de Achaguas, al mando de un escuadrón de 6.000 hombres, de los cuales 1.000 eran jinetes. Bolívar había llegado a fines de marzo de 1819, apenas un mes después de haber sido nombrado presidente de Venezuela. Tan pronto puso pie en el Apure se reunió con Páez en el Caujaral de Cunaviche y desde ese mismo momento iniciaron el acoso de Morillo.
Tan pronto Páez se enteró de la cantidad de hombres que había llegado con Narciso López a Las Queseras le aconsejó a Bolívar desistir de un ataque frontal, que seguramente perderían, pero le pidió permiso para realizar una operación comando contra Morillo a la cabeza de 150 jinetes escogidos entre sus más fieros llaneros. Obtenido el permiso cruzó el Arauca al frente de tres columnas y se dirigió decidido contra el campamento realista. Ante el inesperado e insensato ataque de Páez, Morillo movió su ejército con la caballería al frente mientras “El Catire” simulaba emprender la retirada en la dirección donde Bolívar había apostado un pelotón de infantería y ante esa situación el jefe español le ordenó a Narciso López que rodeara al batallón de Páez al mando de un escuadrón y fue en ese momento cuando “El Catire” le ordenó s sus hombres:
-¡Vuelvan caras!
Y de inmediato se produjo el feroz ataque contra las fuerzas de López, cuyos hombres no pudieron detener el impulso de sus caballos y fueron derecho a clavarse en las lanzas de los llaneros paecistas, sembrando el caos en el ejército realista. Ante el ataque de las fuerzas patriotas el resto de la caballería realista se retiró con precipitación y se echó sobre su propia infantería, la cual no fue arrollada gracias a la decisión de Morillo de trasladarla a un bosque cercano. El triunfo militar de José Antonio Páez en la batalla de las Queseras del Medio, contribuyó a acrecentar su fama. Al condecorar al grupo de llaneros que participó en la acción, Bolívar expresó:
-Soldados: Acabáis de ejecutar la proeza más extraordinaria que puede celebrar la historia militar de las naciones. Ciento cincuenta hombres, mejor diré ciento cincuenta héroes, guiados por el impertérrito general Páez, de propósito deliberado han atacado de frente a todo el ejército español de Morillo... Lo que se ha hecho no es más que un preludio de lo que podéis hacer. Preparaos al combate y confiad en la vitoria que lleváis en la punta de vuestras lanzas y de vuestras bayonetas".

Colombia
 A partir de ese momento los hechos se suceden con una agilidad vertiginosa. Bolívar se reúne con su estado mayor en el sitio de Los Setenta e inicia el Paso de Los Andes, que culmina con la Batalla de Boyacá, en la que le da la libertad a la Nueva Granada, mientras Páez permanece en el Apure y vence a los españoles en La Cruz y Apurito. Bolívar regresa a Angostura y el 17 de diciembre crea la República de Colombia, dando fin a la III República de Venezuela y luego regresa a Bogotá a darle forma al país que acababa de crear, inspirado en las ideas mirandinas.
 En 1820 Páez ocupa Barinas, prácticamente sin resistencia. Las condiciones parecían anunciar el pronto fin de la guerra. Bolívar emprende una fuerte acción diplomática y firma el Tratado de Regularización de la Guerra en Santa Ana de Trujillo el 26 de noviembre de 1820, pero este acuerdo muy pronto se romperá. El 28 de abril de 1821 se reinician las hostilidades. Páez sale de Achaguas hacia San Carlos el 10 de mayo, donde ya se encontraba Bolívar. Estaba cerca el día de la victoria. Carabobo estaba a solo un mes. 

Después de Carabobo
Al producirse el triunfo, Bolívar le reconoce sus méritos a Páez y en el mismo campo de batalla lo asciende a general en jefe. Coro había sido incorporado a la causa patriota el 3 de mayo de 1821 por iniciativa de  la paraguanera Josefa Camejo, pero la causa de la libertad no se consolida hasta que Maracaibo es liberada por el almirante José Prudencio Padilla el 24 de julio de 1823 y Puerto Cabello el 8 de noviembre de ese mismo año, gracias a la efectiva intervención de Páez. Era el último bastión de los Borbones en territorio venezolano. Venció en esa acción a Sebastián de La Calzada, al que le permitió una rendición honrosa y le permitió zarpar con su bandera española izada.
Los años que siguen serán de gran dramatismo para los nuevos gobernantes. La Constitución de Cúcuta no había sido recibida con agrado por el pueblo venezolano Los nuevos gobernantes no tenían experiencia como hombres de Estado y muy pocos comprendían acertadamente como enfrentar la problemática social y económica que tenían ante sí, después de aquel terrible holocausto de la Guerra de Independencia. Los venezolanos se encontraban ahora con un problema que no podían comprender del todo: ¿Por qué tenían que seguir mandando hombres y recursos económicos a Bogotá? Se habían independizado de Madrid, pero ocurría que ahora tenían que pagar el mantenimiento de la burocracia bogotana.
Bolívar prácticamente no gobernaba, pues estaba en el sur ocupado con su proyecto de consolidación de la independencia, lo cual solo era posible –según decía- si se sacaba a los españoles de la América del Sur. Pichincha, Junín, Ayacucho, el Perú, la creación de Bolivia. Su vida militar y sus proyectos políticos lo absorben por completo, pues estimaba que era la única vía para completar su sueño de liberación de Colombia. Paso a paso, con la ayuda de Sucre, Flores y otros oficiales de su más absoluta confianza va sorteando las dificultades hasta lograr, con la liberación de El Callao, todos sus objetivos en torno a la libertad de la América del Sur. Lo supo con seguridad el día en que el poeta José Domingo Choquehuanca le dijo en el Alto Perú, el 2 de agosto de 1825: “Con los siglos crecerá vuestra gloria, como crece la sombra cuando el sol declina”. No hay duda. El gran caraqueño había logrado su sueño, aunque no estaba al tanto de saber exactamente lo que ocurría en su tierra natal.
El malestar había aumentado en Venezuela por diferentes razones, algunas de índole económica y otras de carácter político, pero la situación empeoró cuando se supo el fusilamiento del coronel Leonardo Infante, hecho ocurrido el 26 de marzo de 1825, acusado sin pruebas de haber asesinado al teniente venezolano Francisco Perdomo, “por asunto de faldas” según se decía. El presidente de la Alta Corte de Justicia, Dr. Miguel Peña, se negó a firmar la sentencia por considerarla un “asesinato judicial” auspiciado por el vicepresidente Francisco de Paula Santander. Peña, también venezolano, es presionado de tal forma a estampar su firma, que para no hacerlo se ve obligado a renunciar a su cargo. La muerte de Infante fue presenciada como un espectáculo público a plena luz del día en la Plaza Mayor de Bogotá. Al caer el cuerpo, Santander avanzó entre la tropa montado a caballo y a los pies del difunto, con notable desprecio, expresó: “Está muerto”.
Peña tuvo que abandonar la capital y regresar a su lar valenciano. Infante era un héroe militar que había sido pasado a retiro por encontrarse lisiado de guerra. Tenía apenas 26 años, estaba casado y esperaba un hijo para el momento de su fusilamiento. La noticia circuló a los pocos días en Venezuela y se conoció con detalles cuando Peña regresó. La viuda, María Dolores Caicedo, una joven y humilde mujer, esperó en vano que el vicepresidente le cancelara la pensión de viudez y el montepío y, debido a su desesperada y trágica situación, decidió enviar una carta al general venezolano Carlos Soublette, secretario de Guerra y Marina de la República de Colombia, a quien dice: “...que por el documento adjunto consta que le adeudan a mi difunto esposo setecientos treinta y dos pesos con cuatro y medio reales de descuentos accidentales...suplico a V.E. mande se me paguen en la tesorería, pues no tengo otra cosa con que subsistir ni para subvenir a los gastos de mi parto...ni aún tengo el montepío que otros pueden disfrutar...”.

La Cosiata
No había terminado de pasar este escándalo, cuando comienza otro mayor, de mucho más repercusión: Páez es acusado de desacato por el Senado y recibe orden de trasladarse a Bogotá para ser sometido a juicio. Peña lo previene:
-Si va usted, general, le espera la misma suerte que al coronel Infante.
 El problema que originó la decisión del Senado había comenzado en abril de 1824 cuando Páez recibió la orden del vicepresidente Santander de enviar hombres con destino a la Campaña del Perú. En consecuencia, envió un contingente de 2.694 venezolanos al mando del general José Gregorio Monagas. Un mes después, el 8 de mayo de 1824, recibió una segunda orden de alistar un ejército de 50 mil hombres entre 16 y 40 años con el objetivo de defender la patria contra un posible ataque de España, unida ahora en la “Santa Alianza” con el reino de Francia y los imperios de Prusia, Rusia y Austria. La orden se basaba en el Reglamento de Milicias, el cual Páez estaba obligado a obedecer en su condición de jefe civil y militar del Departamento de Venezuela.
De acuerdo a las instrucciones recibidas, Páez llamó a servicio militar a fines de 1824 y a principios de 1825, pero la población no respondió. Por este motivo, ordenó que reclutaran a los hombres que se encontraran en las calles, lo que produjo un gran malestar en la población caraqueña, cansada como estaba de ver a sus hijos morir en los campos de batalla. El intendente Juan Escalona había sido consultado por Páez antes de tomar la medida, pero cuando vio la airada reacción popular se retractó y dijo no haber dado ningún apoyo al jefe militar, motivo por el cual la Municipalidad de Caracas y el propio intendente hicieron la denuncia respectiva ante el Congreso, que estaba en Bogotá.
El 27 de marzo el Senado admitió la acusación, suspendiendo de su cargo a Páez, a la vez que se le ordenaba presentarse de inmediato en la capital de Colombia. El 26 de abril recibió nuevas instrucciones:
-Debe proceder a entregar el mando al intendente Juan Escalona.
Páez obedece, levanta un acta y le entrega el mando el día 29 de abril. La reacción no se hizo esperar. La popularidad de Páez era muy grande en el país. Una multitud de dos mil personas se aglomeró frente a su casa en Valencia y lo condujo en hombros ante la Municipalidad, la cual se unió al deseo del pueblo de exigirle que retomara el mando y desobedeciera la orden de trasladarse a Bogotá. Era una rebelión popular que en seguida se comenzó a llamar La Cosiata. Algunos dicen que era por una obra de teatro que, con ese nombre, se estaba presentando en Valencia. Otros piensan que se trataba de un juego de palabras que traducía: “La cosa ata”. Es decir, “La injusticia nos une”. El resto de las municipalidades, incluyendo la de Caracas, siguieron el ejemplo de la de Valencia y hubo una posición casi unánime en pedir a Páez que retomara el mando. Solo Bermúdez en Maturín no le da el apoyo y Urdaneta en Maracaibo le sugiere que se mantenga dentro de los cánones de la debida obediencia. Bolívar le envía entonces una carta a Páez, fechada 8 de agosto, en la que le expresa:
-A mis ojos, la ruina de Colombia está consumada desde el día en que usted fue llamado por el Congreso.
Páez le responde diciéndole que aceptaría el mando, como le pedían la inmensa mayoría de las municipalidades, pero solamente por un tiempo, agregando:
-Hasta que usted vuelva a asegurar la estabilidad de la República.

Bolívar en Caracas
El Gobierno del Perú le otorga entonces el Busto del Libertador a Páez (1 de septiembre de 1826) y tres días después sale Bolívar hacia Venezuela, vía Bogotá. El resto del año  sigue la diatriba. Cristóbal Mendoza, presidente de la Primera República, respalda a Páez y asume la intendencia. La Corte, la Municipalidad y un público masivo se reúne el 7 de noviembre de 1826 en asamblea popular, mientras que Bolívar reasume en Bogotá la Presidencia de Colombia el 23 de ese mismo mes, con poderes extraordinarios. Pedro Briceño Méndez, casado con Benigna, una sobrina del Libertador, toma entonces el mando en Puerto Cabello y desconoce la autoridad de Páez. El general Santiago Mariño desplaza al también general José Francisco Bermúdez en Maturín. Angostura y Mérida declaran fidelidad a Bogotá, en tanto Margarita y Cumaná se alinean a favor de Páez. Venezuela está al borde de la guerra civil. Consciente del peligro, Bolívar emprende viaje a Venezuela y el 1 de enero de 1827 desciende del barco en Puerto Cabello. Hacía seis años que se había ausentado de su patria y dieciséis desde los sucesos de Puerto Cabello, cuando perdió esa plaza por la traición de Francisco Fernández Vinoni. El 4 de enero los dos héroes se abrazan en Naguanagua. Bolívar lo ratifica como jefe Civil y Militar de Venezuela y una semana más tarde le entrega su espada de regalo. Páez le pide que le designe un tribunal para que juzgue su conducta y el Libertador le responde:  
-Lejos de ser culpable, usted es el salvador de la patria.
Bolívar estará en Caracas hasta julio de 1827. Mientras permanece en la ciudad que lo vio nacer se dedica a tranquilizar a la población, al tiempo que contribuye a sanear la hacienda pública, a poner en funcionamiento las instituciones y a definir los Estatutos de la Universidad de Caracas. El día 5 de julio -aniversario de la firma del Acta de la Independencia- Bolívar se levanta muy temprano y en compañía de varios amigos se dirige a La Guaira a tomar el buque que lo conducirá a Maracaibo, para luego seguir a  Bogotá donde lo esperan grandes amarguras. Después de los sucesos de la Convención de Ocaña y del intento de magnicidio en Bogotá, Bolívar dijo:
-La independencia es el único beneficio que hemos conseguido, a costa de todo lo demás.
Esta expresión, si bien reveladora del estado de postración física y mental en que se hallaba, también dejaba en claro la situación de anarquía y malestar económico-social en que estaba Colombia. No había sido posible motivar a los ciudadanos para que se integraran en un nuevo país y se dieran a la tarea de reconstruir la patria, que había quedado reducida a escombros y con una irreparable pérdida de recursos humanos, muchos de los cuales habían sido los jóvenes de mejor formación intelectual de la antigua Capitanía General de Venezuela, así como de Nueva Granada y Quito. En su obra La Estadística en la Historia de Venezuela, Manuel Alfredo Rodríguez (1973, p.141) indica que se estima en 350 mil vidas el costo total de la guerra en Venezuela. Es decir, casi un 40% del total de la población que existía en 1810. Por otra parte, las grandes extensiones de los territorios liberados y consolidados, en lugar de integrarse, se enfrentaron en una lucha constante por el poder. Páez, Santander y Flores buscan ejercer liderazgos regionales y esto conduce al fracaso del proyecto nacional bolivariano (1830). Venezuela, Nueva Granada y Quito comienzan el proceso de separación, en tanto Bolívar renuncia a la Presidencia y se retira de la escena política, rumbo hacia su destino final de Santa Marta.
El 13 de enero de 1830 Páez separa de hecho a Venezuela; el 13 de mayo de 1830 la Asamblea de Quito decide la separación del Ecuador, encargando al venezolano Juan José Flores de la Presidencia; y en septiembre de 1830 Rafael Urdaneta da un golpe de Estado en Bogotá y asume la Presidencia de Colombia, cargo en el que estará hasta el 28 de abril de 1831. Bolívar diría entonces:
-He arado en el mar
                       
*PÁEZ Y LA FORMACIÓN DEL ESTADO VENEZOLANO
Este ensayo es obra del profesor Carlos Alarico Gómez, Ph. D en historia y magister en periodismo. Para facilitar su lectura y comprensión, será presentada en tres entregas. NOTA: El autor regalará su biografía de Páez a las 20 primeras personas que envíen su opinión sobre este ensayo.
**Correo del profesor Carlos Alarico Gómez:  diplarca43@gmail.com













56 años del Instituto Anatomopatológico - UCV 16 de junio, 1956


Universidad Central de Venezuela
Facultad de Medicina
Instituto Anatomopatológico Dr. José Antonio O’Daly
Centro Nacional de Referencia en Anatomía Patológica – CENRAP (MDDS - UCV)



El Instituto Anatomopatológico Dr. José
Antonio O`Daly cumplirirá el 16 de
junio, 56 años de funcionamiento. Su fundación,
según lo expone en su libro Historia
Documentada del Instituto Anatomopatológico
la Dra. Claudia Blandenier de
Suárez, data del 16 de junio de 1956. Sin
embargo, la fecha de fundación no coincidió
con la de la inauguración de su planta física
que ocurrió el 3 de julio de 1949, cuando
le fue entregado el edificio a los administradores
de la Ciudad Universitaria. El Dr. José
Antonio O’ Daly es considerado su fundador,
pues es el que suscribe casi toda la documentación
relacionada con la organización,
instalación y funcionamiento del IAP. Además
de este eminente patólogo, un grupo
de patólogos también colaboró directamente
con la institución: los Dres. Rudolf
Jaffé, Leandro Potenza, Luis Carbonell, Armando
Dominguez, Blas Bruni Celli, entre
otros. Antes la patología se ejercía en el
Servicio de Anatomía Patológica del Hospital
Vargas, fundado por el Dr. O’Daly después
que Jesús Rísquez lo encarga de su reestructuración.
Es así que fue captando estudiantes
y médicos jóvenes para formar el
grupo de profesionales que desempeñarían
las labores docentes en el IAP. El propio
doctor O’Daly funda en el
año 1952 la Sociedad Venezolana
de Anatomía Patológica.
Sucesivamente
se van creando las diferentes
secciones: Neuropatología
fundada por el
Dr. Armando Domínguez,
Oftalmología por el doctor
Cordero Moreno, Dermatología
por los Dres. Di
Prisco y Oscar Reyes…
Además, en el año 1959
se inician los cursos de
postgrado en Anatomía
Patológica, los cuales han
tenido una continuidad
hasta la fecha.
Algunos de sus más connotados docentes
fueron también los que lo dirigieron:
doctores José Antonio O’Daly, Alberto Angulo,
Armando Domínguez, Alberto Rivero,
Jack Castro, Pedro Grases, José Ángel Suárez,
Jorge García Tamayo, José Atahualpa
Pinto, Ghislaine Céspedes y la Dra. María
Eugenia Orellana de Alonzo, quien es la
actual directora.
A pesar de las dificultades y de los obstáculos,
el IAP aún es uno de los más importantes
centros de Referencia Nacional en
Anatomía Patológica en el país; y además,
desde su inicio ha sido el asiento de la
Cátedra de Anatomía Patológica para la docencia
del Pregrado, y dirigida actualmente
por el Dr. Pedro Michelli y un grupo de
patólogos colaboradores.
El IAP cumple una labor loable de atención
y apoyo al paciente, al docente y a sus trabajadores
que laboran de manera abnegada
en sus instalaciones.
Fecha Aniversaria


Alcides Álvarez Canelón
alcidesalvarez1960@yahoo.es

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