sábado, 5 de mayo de 2012

José Antonio Páez y la cultura. Por Carlos Maldonado-Bourgoin


 “Páez, quien con Bolívar y Carlos III forman el triunvirato esencial de la creación de esta Patria, sin Páez no nos llamaríamos venezolanos, sino de cualquier modo; el rey Borbón fijó nuestros límites geográficos (1777), y Simoncito ya sabemos qué hizo”. LUIS BELTRÁN GUERRERO. Candideces / Undécima Serie.

El General en Jefe José Antonio Páez, Prócer de la Independencia de Sur América, fue paradigma de superación y debe ser motivo permanente de admiración y de respeto por los venezolanos. Estuvo en estado de crecimiento y superación positiva. Tenía inteligencia natural, autenticidad, visión crítica y autoestima.
Los laureles de la fama y del poder no lo embriagaron y en los malos momentos no tuvo autocompasión. Páez, según la literatura masónica, talló y pulió la piedra bruta de espíritu, alcanzando la dorada edad.
El joven que se hará héroe tenía la capacidad de adaptación a las más variadas y disímiles
circunstancias en las que tuviera que vivir y actuar. (Manuel Caballero: Páez al Natural, en La Libertad del Viento).
Su biógrafo magnífico Tomás Polanco Alcántara dice: “Poco hemos aprovechado a Páez como ejemplo de superación personal. Aquel rústico, ignorante y no educado, llegó por propios esfuerzos a dominar idiomas extranjeros, de asiduo lector y distinguirse como buen conocedor de la música asumió la tarea de escribir una obra importante que supone talento natural y que no deja de mostrar su cierta erudición y aquel sujeto, que en un tiempo fue ignorante del uso de los cubiertos en la mesa, supo portarse con dignidad en Cortes Imperiales y en salones distinguidos de Europa y Norte América. Todo sin perder su autenticidad”. (Prólogo de la Autobiografía de José Antonio Páez, 2da. Edición, PDVSA).
Entre 1850 y 1859 Páez viajó conociendo lugares y personajes en la isla de Saint Thomas y en los EE.UU. visita Filadelfia, Nueva York, Nueva Jersey, Baltimore y Washington; luego va al México de López de Santa Anna; y durante el viaje a Europa, en Francia fue recibido en el salón de los soberanos por el emperador Napoleón III y en Münich por el rey de Baviera.
En medio de aquella agitada vida política Páez se interesó en cultivarse y fomentar la cultura. Su amante Barbarita Nieves, lo estimula a apropiarse de la “polis”, la que asimila sin dejar de ser él mismo.
El General se pulió y se movió en un medio culto. “Un excelente amigo de Venezuela” calificó caudillo al artista, escritor y diplomático británico Sir Robert Ker Porter. Dejó escrita su vivencia venezolana como testigo de excepción, hombre viajado y culto además de gran sensibilidad.
Sir Robert pintó y regaló a Páez su primer retrato. Se conserva en la Fundación John Boulton. Es un dibujo a la acuarela pequeño que será litografiada por Damirón, en la versión que conocemos.
Otro diplomático recuerda a Páez, John G. A. Williamson, primer representante de los EE.UU., con afecto y admiración destaca su carácter genuino y personalidad. Mr. John era recibido donde estaba el Jefe del País: careando gallos, en una caballeriza o en el propio despacho.
Páez fue “amateur” de la música y la declamación. Las organizaciones musicales de la época eran efímeras y circunstanciales. Páez fue el primero en apoyar las  actividades culturales de la nueva Sociedad Filarmónica, auspiciada por los Amigos del País, de clara orientación liberal masónica.
Las veladas musicales eran habituales en distintas casas de Caracas, asiduo era el general Páez y en ellas tocaba el violoncello de Carlos Werner. El embajador de Inglaterra, R.T.C. Middleton, se enteró de la faceta musical del centauro y le trajo un fino instrumento del famoso fabricante Jacobo Stainer. El centauro dio un recital en el Metropolitan de Nueva York. Un cenáculo personal y político debió asistir, pero no deja de ser una curiosidad. Muchos responsables de la nueva música venezolana han tocado con orgullo en el citado instrumento de Páez.
Exaltado en la Argentina por el presidente Domingo Faustino Sarmiento, quedan de la estancia sureña de Páez algunos recuerdos. Cuenta Adolfo Carranza que el héroe cantaba, bailaba, narraba sus hazañas épicas, componía versos y música. Entre los tantos documentos está un “Cuaderno de Música de José Antonio Páez”. El arreglista y transcriptor Charles Lambra dio forma a las ideas musicales que Páez titula: “La flor del retiro”, “El Pescador”, “Escucha ¡Bella María!” y “Sanctissina”, entre otros. Nuestra Orquesta Sinfónica Venezuela, Patrimonio Cultural de la Nación, montó las citadas obras bajo la batuta del Maestro Alfredo Rugeles y como solista el tenor venezolano Víctor López. Acaba de salir una producción discográfica con obras de José Ángel Montero, Federico Villena y José Antonio Páez. Como narrador del singular concierto estuvo el periodista Oscar Yanes.
El hombre convertido en leyenda era creyente de las Ánimas Benditas y sentía profunda devoción por la Virgen del Carmen, lo que la determinará como Patrona del Ejército Venezolano.
En 1867 el ya ilustre prócer de la Independencia de Hispanoamérica presenta su obra Autobiografía en el Registro de propiedad intelectual de Nueva York. Dos años más tarde la publica “Hellet y Breen”, Páez contaba 79 años de edad. Fue el hombre que amó a su país, la dedicatoria de su Autobiografía lo dice: “Con el cariño del más amante de sus hijos”.
Dos aspectos destaco de Páez: Uno, su inteligencia natural; dos, su sentida gratitud a una entidad Superior.
El destino que tomó la vida del niño que iba a la escuela de la maestra Gregoria Díaz en el pueblo de Guama, “los primeros rudimentos de una enseñanza demasiado circunscrita”. Cuenta con sinceridad el héroe “la fuerza de acontecimientos inesperados me sacó de la humilde esfera en que nací, para darme parte en la gloriosa lucha que en América emprendieron los principios de la civilización moderna, con las doctrinas transmitidas por los siglos de oscurantismo y de barbarie. Favorecido siempre de la suerte, y una serie de acontecimientos en que se advierte palpablemente la intervención de una potencia superior…” (Conclusión de la Autobiografía del General José Antonio Páez).
Los valores cívicos y políticos de Páez están en la que fue su última carta, escrita a su hijo Manuel Antonio Páez: “…me informan del progreso que hace el país como consecuencia de la paz, y estas noticias me tienen bastante complacido, y aún más deseoso de que se prolongue ese estado que indudablemente levantará a Venezuela del decaimiento de tantos años”. (¿La última carta de Páez? Ediciones de la Presidencia de la República. Caracas, 1973).
Como colofón escribe el propio Páez en su Autobiografía lo que sigue: Después de haber repasado los hechos de mi vida, me queda la satisfacción de que puedan presentar como prueba de la verdad que encierran estas palabras: Nihil Mortalibus Arduum. nada es imposible al hombre

Caracas, 10 de marzo del 2012.
 

viernes, 4 de mayo de 2012

Viajando por el recuerdo de El Calvario. Magali Rodríguez López.

En estos momentos de angustia muchos venezolanos hemos encontrado cierto consuelo en la escritura. En una narración escrita por mí, se me apareció como un relámpago el paseo El Calvario. En mi relato mencionaba el fenómeno psicológico del dejà vu o lo “ya vivido”, estado que se refiere al hecho de experimentar un suceso en un momento determinado y tener la sensación de que éste es una vivencia ya acontecida de manera idéntica en la vida de esa persona. Cerré así: “Recuerdo mis paseos de niña a El Calvario, donde éramos libres y corríamos por las veredas con total seguridad. Hoy pienso que ese nombre también se corresponde con una premonición, con lo ya visto en la historia del cristianismo…el símbolo de un espacio físico que anticiparía la inmolación de personas que solo querían rescatar esa sensación de libertad, que marchaban unidas como pandillas de niños solidarios en una aventura por la búsqueda de la determinación de sus propias vidas”. Realmente solo tengo en mi memoria dos imágenes en blanco y negro de ese espacio. En una estoy subiendo las escalinatas que se inician en El Silencio y siento que mis piernas hacen un gran esfuerzo para trepar la altura de los tramos. En otra, corro con los brazos abiertos con una sensación de inmensa independencia. A pesar de estos recuerdos, asocio este parque con una aparición; lo veo como un fantasma maléfico que siempre regresa a asustarnos y que permanece vigilante, oteando hacia las desmesuras del poder que se ejerce desde el Palacio de Miraflores. En mayo leí una reseña del diario El Nacional con el titulo de Desentierran la memoria urbana de Caracas, así que decidí conjurarlo. Contacté al Instituto de Patrimonio Cultural y llegué hasta su sede en la Villa Santa Inés en Caño Amarillo, indagando sobre las personas encargadas del proyecto de remodelación. La Villa, situada en una calle que conserva el silencio y las dimensiones estrechas de su construcción original, es una casa colonial de una planta. Fue edificada en 1883 para la residencia de Joaquín Crespo y su esposa Doña Jacinta. Atravesando un pequeño jardín fui recibida en el atrio por un portero quien me preguntó sobre las intenciones de mi visita. Le contesté que estaba interesada en la historia de la zona y me remitió a la biblioteca. Traspasando el umbral y caminando sobre los hermosos diseños romboidales de mosaico, llegué al área que ha debido ser el vestíbulo y las salas de la casa. Pasé al patio que tiene a ambos lados las habitaciones y una fuente de piedra en su centro. Recordé que el nombre de batalla de Santa Inés fue utilizado por Chávez como icono para incentivar a sus seguidores a movilizarse para obtener la victoria en alguno de los tantos procesos electorales que se han convertido en nuestro único entretenimiento seguro. Él se refería a Ezequiel Zamora pero la casa perteneció a Crespo y me di cuenta de que empezaba a perderme en los vericuetos de la historia. La biblioteca ocupa una de las habitaciones situada al lado izquierdo del patio. Me presenté a la jefa del Centro de Documentación y me proporcionó libros alusivos al período que me interesaba. Se negó a concederme una entrevista porque, para hablar del proyecto de recuperación, debía hacerlo directamente con los responsables, a quienes les avisaría sobre mi presencia. Al sentarme y empezar a hojear la bibliografía, un hombre que leía en uno de los mesones, se paró frente a mí y me dijo que podía proporcionarme los datos pues era de la zona y había vivido allí toda su vida. Alto, delgado, de 58 años, vestido con pantalón de caqui y camisa a cuadros empezó a hablarme sobre su niñez en Monte Piedad y la ruta que sube al paseo. Me explicó que es un camino estrecho y zigzagueante denominado calle de La Amargura, que va por detrás de los bloques de El Silencio y que, al llegar a El Calvario, puedo ver el primer estanque construido para llevar agua a Caracas desde Macarao. Quería darme su versión sobre los inconvenientes que se oponen al actual proceso revolucionario mientras señalaba, con su dedo en la sien que, el principal obstáculo, se encuentra en la cabeza de la gente. Se ofreció a enseñarme detalladamente cómo debía enmendarse dicho obstáculo pero yo, ya obstinada de su verborrea, le dije que quizás en otra oportunidad porque en ese momento no tenía tiempo. La segunda persona que se me acercó fue una arquitecto que trabaja en el proyecto. Me informó que no podía concederme entrevistas dado que anteriormente había sido reprendida por su jefe superior por haberlo hecho. El argumento fue que no aceptaban relacionarse con personas ajenas al Instituto pues estas podían estar vinculadas con el periodismo venezolano y pasaban información para la campaña permanente de tergiversación de datos que son utilizados en la prensa nacional en contra del proceso. Me ceñí a las referencias arquitectónicas y me explicó que El Calvario era inicialmente el sitio de vigilancia para el valle de Caracas ante el temor de ataques hacia la sede del gobierno colonial español. En 1874 el presidente Antonio Guzmán Blanco lo convirtió en un parque y antes fue un cementerio. Las excavaciones que se están haciendo actualmente tienen como finalidad despejar la duda sobre si el lugar estuvo habitado alguna vez. Luego llegó una antropóloga, quien me repitió la prohibición de suministrar información y me dijo que debía esperar por el jefe del proyecto, pues solo él podía hablar al respecto. Estuve a punto de levantarme y mandar El Calvario al cipote porque realmente me sentí, por primera vez en mi vida profesional, como una intrusa indeseada ante un muro inexpugnable, y me molestó el hecho de que graduados universitarios aceptaran la imposición de la censura en el desempeño de sus funciones. Por otro lado, me di cuenta de que el hombre que deseaba conversar conmigo se había marchado y que había perdido al único informante que tenía interés y experiencia acumulada que deseaba compartir. Cuando decidí despedirme llegó el antropólogo jefe, quien resultó haber sido mi alumno en la UCV. Rememoramos su etapa de estudiante, lo cual ocasionó un cambio rotundo en la interacción conmigo de las personas que estaban en la biblioteca. El Instituto de Patrimonio Cultural presentó ante las autoridades de Fundabarrios y Fundacomún, representantes locales y la comunidad, el Plan de Transformación Integral del Hábitat para El Calvario. Éste tiene como objetivo enlazar los esfuerzos de ocho organismos públicos y los habitantes del núcleo de desarrollo endógeno que abarca trece comunidades para conformar “El Eje Turístico El Calvario”, que incluirá la Ruta de las Carretas para que los visitantes se paseen por sus jardines. El área está ubicada entre el cerro El Calvario y la Quebrada de Caroata de las parroquias 23 de Enero y Catedral. Tiene un alto valor patrimonial, debido a la existencia de una estructura urbana del siglo XIX. Las edificaciones con declaratoria de Monumento Histórico Nacional son: La Villa Santa Inés y su Arco inconcluso, el Arco de la Federación, el Cuartel Cipriano Castro, Palacio de Miraflores y los bloques de El Silencio. El comité encargado de concebir las acciones está integrado por un representante de cada una de las instituciones, los Comités de Tierra Urbanos, Bloque de Infraestructura Los Lanceros R.L y la cooperativa Las Tres Raíces: Simón Bolívar, Ezequiel Zamora y Simón Rodríguez. Hurgando en los libros de historia averiguo que el primer caudillo social en Venezuela se encarna, a partir de 1846, en la figura de Ezequiel Zamora, quien convoca a hacer la guerra a los godos a favor de los pobres. Antonio Guzmán Blanco, hijo del fundador del partido Liberal y emparentado con Simón Bolívar, había viajado por Europa y Estados Unidos. Cuando se desata la Guerra Federal en 1859, encabezada por Juan Crisóstomo Falcón, Zamora se transforma en el organizador del ejército. Guzmán se alineó al lado de Falcón y Zamora. El 10 de diciembre del mismo año se desarrolló la batalla de Santa Inés y derrotaron al ejército centralista. El 10 de enero de 1860, Zamora recibe un disparo en la cabeza que le ocasiona la muerte a los 42 años de edad. En 1870, Guzmán encabeza una nueva revolución y es elegido presidente en 1873, lo que le garantiza su hegemonía en el poder durante 20 años. Joaquín Crespo ejerció como su Ministro de Guerra y Marina entre 1886 y 1888. Siempre bajo su ala, fue nombrado Presidente de la República en 1884 estando al mando durante dos años para entregarle nuevamente el gobierno a Guzmán. Es premiado con el título de “Héroe del Deber Cumplido”, en honor a su lealtad. Esta lealtad parece haberlo durado muy poco porque en 1888 participa en la revuelta antiguzmancista y en 1892 encabezó la Revolución Legalista y asumió el poder por un lapso de seis años. Posteriormente encontró la muerte a manos de un francotirador apostado en un árbol. Entonces, el asunto de los nombres parece ser explicado por esta relación: Guzmán utilizó la Guerra Federal para delinear su carrera política luego de traicionar a Falcón y Zamora; ésta se ve despejada con la oportuna “muerte accidental” de Zamora cuyo única gloria queda en el nombre de la Villa y en su resurrección heroica como una de las raíces de la revolución contemporánea. Crespo se inicia en su ruta hacia la presidencia por sus vínculos con Guzmán, para morir en idéntica forma, cuando se olvidó del “deber cumplido”. En Venezuela hubo doce revoluciones en el siglo XIX que se cierran a partir de la modernización urbanística de Caracas que hoy está en proceso de restauración. En el XX, el general Juan Vicente Gómez nos tranquiliza durante veinte y siete años y luego, apenas tuvimos una revolucioncita de dos años llamada Revolución de Octubre, que depone al Presidente general Isaías Medina Angarita en 1945. A pesar de la brevedad de su gobierno, limpió la zona aledaña a El Calvario iniciando la construcción de El Silencio. Después de algunos desvaríos democráticos, el general Marcos Pérez Jiménez nos calma porque, con la consolidación de su dictadura, no nos dejaba inventar revoluciones. El 1 de Enero de 1958 El Calvario inicia su papel protagónico transformándose en el fantasma que nos acompaña en las luchas por el poder. Ese día, mientras los aviones de la Fuerza Área Venezolana sobrevolaban Miraflores, se ubicaron en su colina tiradores del ejército y opositores civiles a la dictadura de Pérez Jiménez. La misión era servir de frente de retaguardia para cerrar la retirada de los adeptos al régimen. El 25 de enero de 1959, El Calvario contempló en la urbanización El Silencio, la gigantesca manifestación de marxistas que aclamaban al héroe de la revolución cubana Fidel Castro. Ahora sonríe con malicia porque nos volvió a dar la picazón heroica y tenemos una nueva revolución, o sea la número trece, que se llama Revolución Bolivariana. En ésta vuelve a aparecer el barbudo cubano como inspirador y piensa en la estupidez humana de repetir los mismos errores sin ni siquiera darse cuenta. El fantasma de El Calvario ha retomado su labor original de vigilante de las inmediaciones del Palacio de Miraflores. Tuvo su momento cumbre en abril del 2002, cuando observó que un grupo de los manifestantes que se dirigían a la sede del gobierno a solicitar la renuncia del teniente coronel, tomó el atajo de El Silencio para llegar allá. Se estremeció de placer al escuchar los disparos que los dispersaban para ver a continuidad cómo las personas intentaban salvar sus vidas trepando por sus escalinatas olvidadas y denigradas por más de 50 años. Contempla la estatua erigida en Puente Llaguno como homenaje a la hazaña de la masacre que inició el fin a las marchas opositoras y el Palacio en donde no solo gobierna sino que mora el Presidente, hasta que se cumpla el lapso mínimo de treinta años que se ha impuesto como período de su régimen. Recuerda que Chávez inició su trayectoria hacia el poder a la sombra del samán de Güere el 17 de diciembre de 1983. Sintiéndose la reencarnación de Bolívar, escogió la fecha de la muerte del Libertador para hacer con su grupo de conspiradores del Ejército, el juramento solemne de no dar descanso a sus brazos, ni reposo a sus almas hasta no ver rotas las cadenas de la opresión. En memoria a Zamora, repitió como final del pacto su proclama: Tierra y hombres libres, elección popular, horror a la oligarquía, patria o muerte. Piensa que, al Presidente, se le olvidó que en esa misma fecha, 17 de diciembre, murió Gómez y con la sabiduría que le da el formar parte del más allá y tener el don de la inmortalidad, sabe que, si de reencarnaciones se trata, igual podía ser el espíritu del “taita” el que está en Miraflores. Tomando el estrecho camino que sube serpenteando hacia el paseo me llego en carro hasta allá. Me ubico en la glorieta al lado de la estatua de Bolívar. Con la copia de un plano de Caracas en mis manos y la ayuda de uno de los obreros de las excavaciones, visualizo la avenida Oeste, el Palacio Presidencial y las cuadras de Llaguno, Bolero y Miraflores. De repente noto un extraño silencio. Me asusto y dándome cuenta que ya no están los obreros ni los guardias, veo a mi lado a un hombre alto, de frente despejada y barba poblada. Está vestido con un uniforme militar rojo y negro en el cual resaltan las charreteras y la espada ceñida a su cintura. Se dirige a mí y me cuenta que por aquí cerca estuvo también la estatua de Guzmán que fue derribada cuando su derrocamiento. Me invita a caminar y nos paramos al lado de las excavaciones. Igual que el señor a quien conocí en la biblioteca, me ofrece su versión de la historia. Manifiesta que no se necesita ser muy “estudiado” para darse cuenta de que sobre la tierra venezolana lo que camina es el pasado vestido con los mismos uniformes militares de siempre. Se percata de que, aunque inventen grados militares y le agreguen soles a las charreteras, éstos no pueden disfrazar a los “chácharos” de montoneras que no atinan a despegarse de la tierra o cobijarse bajo los árboles para encontrar la muerte o, por ahora, el poder. Paseamos por las veredas y nos sentamos en una banca. Frunce el ceño, encorva su espalda y se queda mirando las lajas de piedra en una actitud que me parece melancólica. Le pregunto qué le entristece. Responde que recuerda la fuerza de Guzmán para transformar la ciudad tumbando las arquerías de los mercados para alzar, en 1881, el imponente teatro al cual le puso su nombre y que añora el reloj de sol que estuvo en San Jacinto desde 1803 hasta 1951 marcando el entonces tiempo lento de Caracas. Se levanta, se para frente a mí y adoptando una pose marcial posa su mano en la espada. Opina que no entiende por qué harán retroceder el afán modernizador de su creador al encaramar a los turistas en carretas para pasearlos por sus veredas y me increpa para que le dé una explicación. No sé qué contestarle y me le quedo viendo mientras se desvanece. Sola, empiezo a darme cuenta de que mi angustia obsesiva con este parque se relaciona con el interminable calvario político de mi país que difícilmente nos dejará en paz. Magali Rodríguez López. Julio 2006.

martes, 1 de mayo de 2012

Prócer Antonio Nicolás Briceño, “el Diablo”

Eumenes Fuguet Borregales (*) Emancipador, jurista y Diputado, nacido en la población de Mendoza Edo. Trujillo, el 29 de abril de 1782, del matrimonio del abogado Antonio Nicolás Briceño Quintero y Francisca Briceño Pacheco. Desde niño personalizaba al “Diablo” en la escuela y en actividades religiosas, de allí su apodo con que la historia y tradición lo recuerda. Realizados los estudios primarios en el suelo natal y en Mérida, se traslada a Caracas para concluir Derecho en la Real y Pontificia Universidad de Santa Rosa de Lima; muy apasionado por la lectura de los enciclopedistas europeos con ideas de avanzada que lo estimularían en la participación de la futura lucha redentora. Briceño contrae matrimonio el 10 de enero de 1807 con María Dolores de Jerez y Aristiguieta, prima de Simón Bolívar; procrean dos hijas que no dejaron descendencia. Como aspecto anecdótico, Briceño poseía un lote de tierras en Yare, valles del Tuy, y por asuntos de delimitación tuvo fuertes discusiones con el futuro Libertador. A partir de 1808 se involucra en los movimientos clandestinos que desembocaron el 19 de abril de 1810, su encendido verbo y acción le valieron prisión en diferentes oportunidades. Se traslada a Trujillo y Mérida para motivar el apoyo al grito que Caracas dio. Los electores merideños lo eligen Diputado al Congreso Constituyente, instalado el 2 de marzo de 1811 y declara la independencia el 5 de julio; es uno de los firmantes del Acta de Independencia. La participación de Briceño en las discusiones fueron determinantes en los históricos momentos del nacimiento de la República. En marzo de 1812 lo nombran Secretario del Ejecutivo Federal. Al iniciarse la lucha emancipadora, Briceño actuó a las órdenes de Francisco “libertad” Miranda, en funciones de Fiscal Militar. Firmada la capitulación de San Mateo el 25 de julio, El Diablo se traslada el 31 hacia Curazao en la Goleta “Matilde” acompañado de su esposa y de Francisco Javier Yánez, Juan Nepomuceno Ribas, Pedro Labatut, Vicente Tejera, Francisco José Ribas, Juan Silvestre Chaquea y Francisco de Paula Navas. A los pocos días continúan hacia Cartagena de Indias; redacta un documento el 16 de enero de 1813 con máximas sanciones y confiscaciones de bienes de los realistas, algo similar a la Proclama de Guerra a Muerte emitida por Bolívar en Trujillo el 15 de junio de 1813. Después de haber recibido del gobierno de Cartagena el grado de coronel, marcha con un grupo de voluntarios en busca de Bolívar, quien luego de iniciar operaciones el 24 de diciembre de 1813 desde Cartagena, se encontraba en Cúcuta en los preparativos de la fulgurante Campaña Admirable; Bolívar le reconoce a Briceño el grado de coronel. En San Cristóbal “El Diablo” emite una proclama el 7 de abril con algunos ajustes al plan elaborado en Cartagena; En su capítulo noveno establecía: “Para tener derecho a una recompensa, o a un grado, bastará presentar cierto número de cabezas de españoles, o de isleños canarios. El soldado que presente veinte, será hecho abanderado en actividad; treinta, valdrán el grado de Teniente y cincuenta el de Capitán”. Dos días después inicia operaciones en San Cristóbal con el fusilamiento de dos españoles de tendencia realista; con la sangre de éstos firmó documentos para Bolívar y el coronel neogranadino Manuel Castillo. Acción unilateral que tanto molestó, que fue juzgado en Consejo de Guerra, según informara Francisco Javier Yánez. Sin contar con la autorización de Bolívar, “El Diablo” se movilizó el 7 de abril desde San Cristóbal en dirección Guasdualito por la montaña de San Camilo, con el propósito de reunirse en Barinas con familiares y voluntarios dispuestos a la lucha. A causa de una delación del hacendado Francisco Antonio Fortoul, es emboscado, y capturado por José Yáñez el 15 de mayo de 1813; es remitido a Barinas. Jacinto Lara con mejor suerte pudo escapar en la acción. Algunos familiares y seguidores fueron ajusticiados el 22 de mayo. Antonio Nicolás Briceño, por disposición de un Consejo de Guerra es fusilado el 15 de junio, precisamente cuando Bolívar emitía su famosa Proclama en Trujillo. Luego de escribirle a su esposa y confesarse con el sacerdote trujillano José Tadeo Montilla, antes de ser ejecutado Briceño exclamaría: “fusílenme pronto para no ver por más tiempo a los tiranos de mi Patria”. La cabeza del impetuoso trujillano fue exhibida en el camino hacia San Cristóbal, y la mano derecha enviada a La Victoria en el mismo sitio donde fueron ejecutados los sacerdotes González y López. Historia y Tradición (*) Gral. de Bgda. eumenes7@gmail.com

jueves, 26 de abril de 2012

JOSÉ AGUSTÍN CATALÁ, EDITOR

Oldman Botello Debía estas notas al gran amigo desaparecido a fines del año pasado. Tuve amistad con José Agustín Catalá desde 1980, aunque esporádicamente lo visitaba en su bunker de Maripérez, la Editorial Centauro. Catalá murió a los 96 años cumplidos, pues había nacido en Guanare el 11 de febrero de 1915, del matrimonio de don Juan Catalá Arráiz y doña Teresa Delgado Torrealba. El primero de ancestros españoles y guayaneses y la segunda de cepa guanareña y acarigüeña. Está documentado en el Diario del general Piar escrito por Pedro Briceño Méndez y en una obra de Bartolomé Tavera Acosta que el español don Agustín Catalá, casado con guyanesa y con hijos nacidos en Angostura (hoy Ciudad Bolívar), estaba presente durante el asedio de las tropas patriotas a esa urbe en 1917 y el cual se mantuvo hasta mucho tiempo después. Una vez liberada Angostura del yugo español en 1918, Agustín Catalá se hizo patriota y sus hijos se radicaron en Guanare, bien lejos de Guayana y donde el padre de nuestro biografiado ejerció funciones concejiles a fines del siglo XIX. Muy joven, José Agustín Catalá sufrió los rigores de la cárcel en 1934 cuando publicó en el semanario Orión de Maracaibo un artículo que tomaba como base el libro de Joaquín Trincado, el famoso espiritista, Conócete a ti mismo. Lo había escrito el poeta victoriano Luís Ramón Cerró y en cadena hubo otras detenciones en La Victoria “para averiguaciones”: Santos cerró (que era espiritista y comunista a la vez), Ruperto Oramas, Ramón Mena, Mamerto López, Eduardo y Juan Barreat, Santiago Barrios, Luís Hederich, entre otros, que permanecieron tras las rejas cuatro meses. Fue allanada la sede de la Cátedra Filosófica espiritista La Verdad que había fundado don Guillermo Blank y decomisaron 24 libros de la biblioteca. José Agustín Catalá vivió una vida política agitada, aunque no tuvo militancia. Siempre estuvo al lado de las organizaciones socialdemócratas, lo que no obstó para mantener lazos cordiales con personalidades vinculadas a distintas ideologías y credos. Se hizo editor desde mediados de los años cuarenta y dio sus frutos con la editorial El Centauro. Se recuerda que Catalá fue el editor del famoso Libro Negro contra la dictadura perezjimenista, a plena luz del día, con las ventanas de su empresa abiertas mientras rodaban impresas las páginas denunciando a la dictadura y sus crímenes. Estuvo preso en la cárcel de Ciudad Bolívar junto con Ramón J. Velásquez y Simón Alberto Consalvi, entre otros dirigentes políticos. Permaneció allí hasta el 23 de enero de 1958. Catalá era un hombre de fuerte carácter cuando lo ameritaba. Gritaba, hablaba fuerte. Todo lo contrario conmigo. Lo hacía reír a mandíbula batiente con alguna de mis salidas chuscas. Lo conocí en 1980 y nos apreciábamos entrambos. Fue mi editor. Publicó Maracay Noticias del viejo Valle en 1982, Historia de Maracay en 1987 y mi biografía de Pedro Pérez Delgado, Maisanta (2005), de quien creemos era su pariente materno lejano. Cada vez que me regalaba un texto suyo me escribía en el autógrafo “su viejo editor” y en su último libro, sus memorias de 2007, anotó: “Para Oldman Botello, historiador, amigo, venezolano de envidiable talento, con admiración y con afecto, J. A. Catalá”; fue el 27 de junio de 2008. Catalá tenía especial cariño por Maracay, ciudad adonde lo aventó la dictadura perezjimenista y debió alejarse del rol de editor para instalar una estación de gasolina en la calle Bolívar cruce con Campo Elías, el Servicentro Esso Tacarigua. Debía sobrevivir y mantener una familia. Cada vez que Pérez Jiménez venía a Maracay, Catalá era detenido y llevado a Caracas; cada semana debía presentarse en la Seguridad Nacional. Como editor publicó decenas de libros claves para la comprensión de la historia y la política venezolana. Federico Brito Figueroa, José Vicente Abreu, que fue su yerno; Ramón J. Velásquez (Confidencias imaginarias de Juan Vicente Gómez), Manuel Caballero, José León Tapia, a quien publicó sus obras completas y el libro sobre Maisanta que tiene varias ediciones, numerosos textos sobre la dictadura de Pérez Jiménez y un largo etcétera. No publicó las memorias de su amigo Rómulo Betancourt porque no existían, así nos lo confesó. “Rómulo era muy desordenado y no las escribió; solo dejó su archivo personal”. Rindo homenaje de recordación al gran amigo desaparecido. Paz a su alma. oldmanbotello@hotmail.com

lunes, 23 de abril de 2012

24 de abril de 1863, Tratado de Coche, fin de la Guerra Federal

Eumenes Fuguet Borregales (*)
El 23 de abril de 1863, se reúnen los representantes del gobierno del general José Antonio Páez, presididos por el doctor Pedro José Rojas, periodista y secretario privado y los federalistas del general Juan Crisóstomo Falcón representado por el general Antonio Guzmán Blanco acompañado de varios oficiales leales; actividad llevada a cabo en una hacienda del sector Coche en El Valle- Caracas, propiedad de Juan Bautista Madrid. Ellos redactaron las bases del Tratado que fueron aprobadas el 25 de mayo luego de algunas modificaciones por parte del Gral. Falcón. Era el encuentro final de las dos facciones que pugnaban por el poder; darle término a la Guerra Federal, conocida como Guerra Larga o de los cinco años, iniciada en Coro a las ocho de la noche del 20 de febrero de 1859, cuando el comandante Tirso Salaverría de oficio zapatero, con cuarenta voluntarios asaltó la Casa del Parque, llevándose unos novecientos fusiles y gran cantidad de municiones; igualmente propició el regreso de Zamora y de Falcón desde las islas del caribe. El 8 de diciembre de 1861 en el Campo de Carabobo, se conocieron y conversaron por primera vez Páez y Falcón, a fin de buscar posibles soluciones al conflicto político, encuentro con resultados fallidos. La causa principal que llevó al gobierno de Páez a establecer un diálogo con los líderes de la Federación, fue la precaria situación política y económica del país desde 1862. El partido Conservador estaba seriamente dividido y sus principales representantes, Manuel Felipe de Tovar, Pedro Gual, Ángel Quintero y Pedro José Rojas, encabezaban fracciones antagónicas, igualmente no existían recursos económicos suficientes para el mantenimiento de un presupuesto regular para el sostenimiento del ejército. Páez buscó empréstitos en Inglaterra en condiciones desfavorables, administrados sin escrúpulos; lo que terminó desacreditando al régimen y propiciaron su derrocamiento. El contenido histórico del Tratado de Coche es el siguiente:

Pedro José. Rojas en nombre del Gral. Páez y Antonio Guzmán Blanco en nombre del Gral. Juan Crisóstomo Falcón acuerdan:

1. El ejército Federal reconoce el gobierno del Jefe Supremo de la República y sus sustitutos.

2. Una asamblea se reunirá en Caracas dentro de treinta días después de canjeada la aprobación de este convenio.

3. Cada provincia elegirá 4 diputados; 2 el gobierno y 2 la Federación.

4. En el momento de instalarse la Asamblea Nacional, cesará el gobierno del señor General Páez y su sustituto, y la Asamblea constituirá enseguida un nuevo gobierno de la manera que lo estime conveniente.

5. Una vez que la Asamblea Nacional haya constituido el nuevo gobierno, continuará deliberando sin restricción alguna sobre los ramos de la administración pública.

6. El gobierno nombrará al Sr. General Falcón, General en Jefe del Ejército de la República, y al Sr. Facundo Camero, segundo jefe del mismo.

7. No se hará ninguna alteración notable ni en situación de tropas ni en mandos militares, ni en ninguna otra cosa contraria al espíritu de este convenio.

8. Cese de las hostilidades en toda la República.

9. Salvo lo que se dispone en el artículo anterior y que comenzará a regir inmediatamente, el presente convenio se pondrá en ejecución tan luego como lo hayan aprobado el Jefe Supremo de la República y el Sr. General Falcón.

Hacienda de Coche, 24 de abril de 1863.

El Tratado de Coche, fue modificado por Rojas y Guzmán en Caracas el 22 de mayo y firmado por Falcón en Nirgua el 25 de mayo; buscó la pacificación del país y la salida honrosa del “Centauro” Páez. Falcón es designado Presidente Provisional de la República por la Asamblea Nacional reunida en la población de La Victoria el 17 de junio de 1863. El Gral. Páez se traslada a Nueva York el 13 de agosto de 1863. Las causas sociales, políticas y económicas que originaron la Guerra Federal continuarían vigentes.

Historia y Tradición
(*) Gral. de Bgda. eumenes7@gmail.com

viernes, 20 de abril de 2012

Escuela Privada de Medicina en Caracas (1915-1920).

Gerónimo Alberto Yerena Cabrera

Huelga de la Asociación General de Estudiantes (19.9.1912)
Clausura de la Universidad Central (1.10.1912-4.7.1922)
Promoción de médicos año 1920.
INTRODUCCIÓN

Por idea del doctor Joel Valencia-Parpacén con la intención de hacer algunos reportajes de figuras médicas ilustres para publicarlo en la revista de Tribuna Médica, seleccionó a la periodista Ana Mercedes Pérez.
Esta eminente escritora y periodista se había educado en Londres y París y fue la que en el último año de la carrera del doctor Valencia, en 1936, lo ayudó a corregir el manuscrito de la publicación de su tesis doctoral.
Revisando detenidamente en varias oportunidades su libro 25 Vidas bajo un signo. Ana Mercedes Pérez. Ediciones Lerner Venezolana. 1967, me llamó la atención los relatos que hacían seis de los 15 médicos que integraron la promoción de 1920, y en una u otra forma se referían a la Escuela Privada de Medicina fundada en 1915 y a los sucesos y personajes que ocuparon un papel de importancia durante ese período.
Los seis médicos de esta promoción entrevistados por la periodista fueron Bernardo Gómez, Pedro Blanco Gásperi, Martín Vegas, Gustavo Machado Hernández, Pedro del Corral, Pedro González Rincones.
Revisar las 396 páginas del libro, luego memorizar y relacionar la información al tema no era de fácil manejo, esto fue lo que me motivó a condensar la información de los seis famosos galenos en el presente artículo, señalando las referencias en cada una de sus narraciones.

FUNDACIÓN DE LA ESCUELA PRIVADA DE MEDICINA
En marzo de 1915, luego del cierre de la Universidad Central de Venezuela por el Presidente de la República, general Juan Vicente Gómez, se abrió una Escuela de Medicina particular ubicada de Llaguno a Bolero(1). Fue creada por los doctores Luis Razetti, Francisco Antonio Rízquez y David Lobo Senior; esto por sugerencia del doctor Felipe Guevara Rojas (2), quién para el momento desempañaba el cargo de Ministro de Instrucción Pública.
El doctor Lobo fue nombrado director y el doctor Rísquez secretario. La escuela fue llamada coloquialmente:”Escuela Razetti” (3), adelantándose algunos años a la creación de la actual Escuela de Medicina Luis Razetti.
Entre los profesores se encontraban (4): David Lobo, Luis Razetti, Vicente Peña, Elías Toro, Manuel Fonseca, José Gregorio Hernández, Pepe Izquierdo, Francisco Antonio Rísquez y Jesús Rafael Rísquez.
Ese año iniciaron sus estudios 15 jóvenes (5) con la firme decisión no sólo de estudiar, sino de graduarse de médicos, pese a los graves problemas académicos y políticos del país. Estos 15 bachilleres, en apreciación del doctor Razetti eran brillantes y fueron la flor y nata de los estudios médicos de la época, tanto así que el grupo constituyó un orgullo para todos los profesores de la Escuela y cariñosamente le llamaron “el curso privilegiado de Razetti”, tal como lo narra el doctor Pedro del Corral (6). Todos se destacaron en sus especialidades aportándole al país sus valiosos conocimientos.

PROMOCIÓN DE MÉDICOS DE 1920.
Esta promoción la integraron los mismos 15 estudiantes que iniciaron sus estudios en el año de 1915, fueron ellos (7):
Marín Vegas (dermatólogo), José Ignacio Baldo (tisiólogo), Pedro González Rincones (radiólogo), Bernardo Gómez (cardiólogo), Gutiérrez Alfaro (partero), Pedro del Corral* (cirujano), Pedro Blanco Gásperi (cirujano), Gustavo Machado Hernández (pediatra), Guillermo Hernández Zozaya .
(pediatra), Pedro Rodríguez Ortiz (cirujano), Antonio José Castillo ( cirujano), Arístides Tello Olavarría ( cirujano), Héctor Landaeta Payares (radiólogo), Julio García Álvarez ( otorrinolaringólogo), Gutiérrez Solís ( osteópata).
En el año de 1916 (8 y 9) el Gobierno abrió varias escuelas oficiales, en los estudios de Medicina, Derecho e Ingienería, a las cuales denominó Escuelas Profesionales Universitarias y funcionaban en Los Pirineos.
En los estudios médicos hubo bachilleres que llegaron a estudiar en ambas escuelas, bien porque se inscribieron en una de ellas y luego por circunstancia se pasaron a la otra (10).

CIERRE DE LA UNIVERSIDAD CENTRAL DE VENEZUELA. 1912

Se originó cuando el eminente médico doctor Felipe Guevara Rojas, especializado en anatomía patológica, e Individuo de Número del Real Colegio de Cirujanos de Londres llega al país y es nombrado rector de la Universidad Central de Venezuela, el 10 de abril de 1912. Desde el rectorado hizo hincapié en corregir las fallas en la disciplina académica de la Universidad y modernizar los estudios.
Según narra el doctor Pedro Blanco Gásperi (11) por la equivocación de un reportero quien escribió “Aquí no se ha dado la primera clase de medicina científica” por decir “la primera clase de anatomía patológica científica”, ocasionó que las declaraciones del doctor Guevara Rojas cayeran muy mal al profesorado universitario y, en respuesta los estudiantes fortalecieron el rencor latente al ser reprobados en sus exámenes por el propio rector Guevara Rojas.
Luego de esto (12) en el acto inaugural del nuevo año académico (15.9.1912) sirvió de pretexto para una tumultuosa manifestación de repudio hacia el rector; la intervención policial y la decisión de Guevara de expulsar de la Universidad a 10 profesores y 4 alumnos (Juan E. Barroeta, José Izquierdo, Enrique Tejera y Rafael Ernesto López), provocaron una huelga de la Asociación General de Estudiantes (19.9.1912) mientras Guevara, al no conseguir el respaldo necesario por parte del profesorado, decidió presentar su renuncia (octubre 1912), a raíz del incidente el gobierno del general Juan Vicente Gómez ordenó la clausura de la Universidad Central por 10 años (1.10.1912-4.7.1922). En enero de 1913, nombrado el doctor Guevara Rojas ministro de Instrucción Pública, inició un controvertido plan general de reformas educativas.
Hombre de alto nivel moral y pedagógico, sin rencores, sugiere a los doctores Luis Razetti y Francisco Antonio Rízquez que abran una escuela de medicina particular y es así como nace la Escuela Privada de Medicina (13).
* Pedro del Corral, en su biografía aparece como graduado en el año 1921, aunque integró el grupo de los 15 estudiantes que iniciaron y culminaron su carrera universitaria.

BIBLIOGRAFÍA
1.- Bernardo Gómez y 59 discípulos emprenden cruzada cardiovascular. P 73.
2.- Ibidem.
3.- Pedro Blanco Gásperi, nació para médico. 25 Vidas bajo un signo. Ana Mercedes Pérez. Ediciones Lerner Venezolana. 1967. p 154.
4.-El ilustre científico Martín Vegas. 25 Vidas bajo un signo. Ana Mercedes Pérez. Ediciones Lerner Venezolana. 1967. p 166.
5.- Gustavo Machado Hernández: Uno de los primeros pediatras con Hernández Zozaya, de Venezuela. 25 Vidas bajo un signo. Ana Mercedes Pérez. Ediciones Lerner Venezolana. 1967. P 72.
6.- Pedro del Corral, notable investigador. 25 Vidas bajo un signo. Ana Mercedes Pérez. Ediciones Lerner Venezolana. 1967. p 353.
7.- Gustavo Machado Hernández: Uno de los primeros pediatras con Hernández Zozaya, de Venezuela. 25 Vidas bajo un signo. Ana Mercedes Pérez. Ediciones Lerner Venezolana. 1967. p 44.
8.- Pedro Blanco Gásperi, nació para médico. 25 Vidas bajo un signo. Ana Mercedes Pérez. Ediciones Lerner Venezolana. 1967. p 154.
9- Gustavo Machado: Uno de los primeros pediatras con Hernández Zozaya, de Venezuela. 25 Vidas bajo un signo. Ana Mercedes Pérez. Ediciones Lerner Venezolana. 1967. p 73.
10.- Pedro González Rincones: “El radiólogo debe ser más médico que todos”. 25 Vidas bajo un signo. Ana Mercedes Pérez. Ediciones Lerner Venezolana. 1967. p 182.
11.- Pedro Blanco Gásperi, nació para médico. 25 Vidas bajo un signo. Ana Mercedes Pérez. Ediciones Lerner Venezolana. 1967. p 153.
12.- Pedro Felipe Ledezma. Biografía tomada del libro "EDUCADORES VENEZOLANOS".
13.- Bernardo Gómez y 59 discípulos emprenden cruzada cardiovascular. 25 Vidas bajo un signo. Ana Mercedes Pérez. Ediciones Lerner Venezolana. 1967. P 72.

miércoles, 18 de abril de 2012

LAS CAUSAS DE LA MUERTE DEL LIBERTADOR

Carlos Alarico Gómez
Resumen
En este artículo se analiza el problema surgido sobre la causa de muerte del Libertador, incluyendo su posible asesinato, así como también lo referente a si son o no suyos los restos que se encuentran en el Panteón Nacional. El autor ha encontrado una larga evidencia documental que le permite analizar los hechos, dejando claramente establecido su propio criterio. Su acercamiento a este tema se fundamenta en considerar a Bolívar como un personaje histórico ligado profundamente al pueblo venezolano. Es el hombre de Estado de mayor trascendencia del país y así se le ha reconocido universalmente, pero su labor ha sido innecesariamente distorsionada por algunos escritores y políticos, hasta el punto de crear una especie de religión en torno a su figura, lo que ha convertido en Judas a cualquier político de su época que por cualquier razón haya diferido de sus puntos de vista o de alguno de sus proyectos, lo que es contrario al espíritu y razón de cualquier régimen que se considere democrático. Todo el trabajo le permite al lector transitar por las circunstancias que condujeron al final del héroe y a su posterior mitificación. Es un artículo que intenta ser profundamente crítico y reflexivo.

Palabras clave: Libertador, Asesinato; Restos
Abstract
In this article the author analyzes the problem about the true causes of the Liberator's death, including the possibility of murder, and also considers the situation of his remains, explaining whether those buried in the Pantheon are his or not. The author has found several documents that leads him into several conclusions, both affirmatives and negatives, adding his own criteria around this point. His approach into the personality of this hero laid in his conviction that Bolivar is the most important character of all times in Venezuela, and believes that this conviction is shared by the whole people. Nevertheless, he points out that some influential writers and politicians have been deforming his image, making most people believe that Bolívar is beyond a human been, considering traitor to any politician of his times that had had even a small difference of criteria with him. Of course, this is contrary to democracy as a system, and this is the importance of the article, which make readers reflect deeply into this particular problem of the venezuelan society.
Key words: Liberator, murder, remains.

Introducción
Simón Bolívar es el personaje histórico que más profundamente ha llegado a los venezolanos y la razón es absolutamente lógica, ya que su obra no tiene parangón entre los nativos de este territorio que se han dedicado a la política y a la carrera de las armas. Es el hombre de Estado de mayor trascendencia del país y así se le ha reconocido universalmente, pero su labor ha sido innecesariamente distorsionada por algunos escritores y políticos, hasta el punto de crear una especie de religión en torno a su figura, lo que ha convertido en Judas a cualquier político de su época que por cualquier razón haya diferido de sus puntos de vista o de alguno de sus proyectos, lo que es contrario al espíritu y razón de cualquier régimen que se considere democrático.
Ese problema, que podemos calificar de distorsión de la imagen pública del Libertador, se ha agravado últimamente con la duda surgida sobre su causa de muerte, lo que ha creado una atmósfera de suspicacia en torno a su posible asesinato e, incluso, en lo referente a si son o no suyos los restos que se encuentran en el Panteón Nacional.
En este artículo se analiza el problema, sustentado en documentos que intentan demostrar cada aseveración o negación que se va formulando sobre el tema, dejando establecido los argumentos que se basan en el criterio del investigador.
En efecto, el autor ha encontrado una extensa evidencia que le permite aseverar que escritores de gran credibilidad han analizado los hechos sin ninguna base documental o crítica, movidos en muchos casos por su excesiva admiración hacia la figura del Padre de la Patria, lo que los ubica en la categoría de actores de buena fe; pero al mismo tiempo ha percibido la presencia de otros que con propósitos interesados y egoístas, han manipulado la realidad para alcanzar objetivos inmediatos de carácter político, trabajando la figura del héroe en forma pragmática con el fin de afianzar su proyecto político en el colectivo nacional.
La sumatoria de ambas tendencias ha logrado influir en la opinión pública de tal forma que ha deshumanizado a Bolívar, hasta llegar a convertirlo en una especie de héroe mitológico, lo que ha influido negativamente en la capacidad crítica del pueblo venezolano. Es difícil, por tanto, que el venezolano del común esté en capacidad de analizar objetivamente la personalidad del líder de la gesta independentista, así como el proceso de liberación de Venezuela. Este problema se ha venido hipertrofiando debido a que tales opiniones, vertidas sin base científica alguna, han sido incorporadas al pensum de estudios de la escuela primaria y, por tanto, han deformado la imagen pública de Bolívar.
En consecuencia, es necesario que se comience a difundir de manera objetiva y profesional el pensamiento político del grande hombre, así como los sucesos en que se vio envuelto durante su compleja e intensa existencia, especialmente en el lapso 1828-1830, tal como haN venido proponiendo los historiadores Germán Carrera Damas (El Culto a Bolívar, 1973) y Elías Pino Iturrieta (El Divino Bolívar, 2008), con el fin de que se pueda lograr la captación de los valores que hicieron posible la independencia, incluyendo los errores en que incurrió el líder.

LA APOTEOSIS DE BOLÍVAR
El iniciador de este problema fue sin duda Antonio Guzmán Blanco, de acuerdo a los trabajos de investigación que sobre el particular han adelantado historiadores de gran seriedad, tales como la escritora María Elena González Deluca (2007: 114) y Díaz Sánchez (1968, 5ta edic.: 115), en la que demuestran que el estadista venezolano, posiblemente motivado por el vínculo de parentesco que tenía con Bolívar, adelantó una intensa actividad destinada a enaltecer la figura del héroe, más allá de la realidad humana, en lo que dio en llamar “las glorias de Bolívar”.
La apoteosis comenzó durante el centenario del natalicio de Bolívar, circunstancia que fue aprovechada con gran habilidad por el Ilustre Americano, como le gustaba hacerse llamar, quien creó por decreto la Junta respectiva, la cual estuvo presidida por Antonio Leocadio Guzmán, quien la coordinó, e integrada por Fernando Bolívar, sobrino del Libertador, así como por los intelectuales Arístides Rojas, Agustín Aveledo, Pablo Clemente, Andrés Level de Goda y Manuel Vicente Díaz, quienes cumplieron a cabalidad la misión asignada. Como se sabe, Antonio Leocadio era el padre de Guzmán Blanco y su progenitora fue Carlota Blanco de Jérez y Aresteiguieta, pariente cercana de Bolívar.
La conmemoración, si bien ampliamente merecida por el Padre de la Patria, fue llevada a extremos tales como el de crear una moneda con la efigie de Bolívar y Guzmán, con el claro propósito de magnificar la figura del jefe del Quinquenio, como fue denominado este segundo período de Guzmán Blanco. La suerte vino en su ayuda y el escritor Eduardo Blanco contribuyó a la efemérides con un libro titulado Venezuela Heroica (1881), en cuyas páginas se observa la gran influencia de Homero en su obra, en la que despliega una literatura épica en capítulos llenos de exagerado fervor, al estilo de La Odisea, en los que convierte en titanes a los generales de la Independencia y a Bolívar en el mismísimo Zeus. Llega incluso a inventar algunos episodios, como el de la dramática despedida de Pedro Camejo cuando, herido de gravedad en el Campo de Carabobo, galopa moribundo para despedirse del general José Antonio Páez y, al estar frente a él, descubriéndose el pecho, le expresa balbuciente: “Mi general, vengo a decirle adiós porque estoy muerto”. El hecho nunca ocurrió, como se puede verificar en la Autobiografía escrita por Páez en Nueva York, durante el año 1869, donde narra con detalles lo acontecido durante la batalla de Carabobo (1971: 338).
Guzmán Blanco fue sólo el comienzo. Gobiernos posteriores contribuyeron a aumentar la apoteosis, tal como ocurrió con los dictadores andinos, culminando con un partido político bolivariano creado por Eleazar López Contreras, que tuvo como propósito garantizar la permanencia de los hombres de la Causa Andina en el poder y su propio regreso a la Presidencia. Para lograr su cometido, utilizó los servicios de un asesor colombiano de nombre Franco Quijano, quien demostró sus amplias habilidades en el manejo de las actas electorales, lo que le permitió a la Agrupación Cívica Bolivariana (ACB) y luego al Partido Democrático Venezolano (PDV) el control de la maquinaria de poder andina, según ha quedado demostrado en las múltiples investigaciones hechas sobre esa etapa, en particular la obra Origen del Estado Democrático en Venezuela (Gómez, 2004: pp 5, 22, 38).
El resultado es que se ha convertido a Bolívar en un fantasma viviente que no es más que una caricatura de lo que él realmente fue, lo que ha generado líderes que se sienten elegidos por la providencia para vindicar las afrentas reales o supuestas que le infligieron al Libertador. Esta actitud se ha repetido en varias oportunidades. Castro y Gómez fueron grandes bolivarianos. López Contreras y Chávez Frías crearon partidos políticos bolivarianos, olvidando incluso lo referido por el propio Bolívar en la Proclama que dictó el 9 de diciembre de 1830, cuando se sintió morir, para despedirse de sus compatriotas: “Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la unión…”. La referencia fue tomada del mencionado documento, citado por Liévano Aguirre en su obra Bolívar (1974: 515).
Esta situación de adoración perpetua, como diría la prensa de la época guzmancista, se ha convertido en un problema en nuestro país, contraviniendo lo establecido en la Ley sobre el uso del nombre, la efigie y los títulos de Simón Bolívar (1968), e incentivando la utilización de la figura del Libertador con propósitos políticos.
La verdad ha sido distorsionada, de buena o mala fe, hasta el punto de poner en tela de juicio el protocolo de la autopsia que practicó y firmó Alejandro Próspero Reverend, el médico francés que atendió a Bolívar en los momentos finales de su existencia. Tanto es así que el 17 de diciembre de 2007 el propio Presidente de la República de Venezuela, ahora Bolivariana por su impuesta voluntad, utilizó la tribuna de oradores en el Panteón Nacional, apartándose de la tradición, para desarrollar la hipótesis de que Bolívar fue asesinado en Santa Marta y sembrar dudas sobre la autenticidad de los restos que desde 1930 fueron colocados en la urna de bronce que fue diseñada por el escultor Chicharro Gamo, donde hoy se encuentran.
Uno de los propósitos de este artículo es analizar si al Presidente le asiste la razón o si se trata de alguna estrategia, para lo cual el autor buscó los antecedentes documentales de lo que ocurrió con nuestro máximo héroe, antes y después de su muerte.

LA MUERTE DE BOLÍVAR
El 17 de diciembre de 1830 el sol amaneció radiante en Santa Marta. No obstante, ninguno de sus moradores notó el pronto despuntar del día, ni la belleza que irradiaban los intensos rayos solares sobre los jardines de la Quinta San Pedro Alejandrino. La razón no era atribuible a la indiferencia de la gente que allí se encontraba, sino más bien a los estertores de la muerte que se escuchaban inclementes en la residencia del coronel Joaquín de Mier. El enfermo era el hombre que creó a Colombia en 1819 y que había dirigido sus destinos hasta marzo de ese mismo año. Por lo tanto, no había habido tiempo ni lugar para fijarse en la bella mañana de aquel luctuoso viernes 17.
El médico francés Alejandro Próspero Reverend entraba y salía presuroso del cuarto donde se encontraba el paciente, a cuyo cuidado había estado desde el 1 de diciembre, fecha en la que Bolívar desembarcó del navío Manuel, que lo condujo desde Barranquilla hasta Santa Marta. Su experiencia médica le hacía ver que era inminente un desenlace fatal. Reverend había actuado muy profesionalmente desde que Bolívar fue confiado a su cuidado, a pesar de los pocos recursos médicos de que disponía y de lo limitado de sus conocimientos. Cuando supo que había hecho escala en el puerto de Santa Marta la goleta de guerra Grampus, de bandera norteamericana, en la cual se encontraba el médico cirujano M. Night, decidió hablar con él para consultarle sobre el caso de su paciente. El médico norteño lo escuchó con interés, lo ayudó en su diagnóstico y, como consecuencia de esta conversación, se decidió no postergar más tiempo el traslado de Bolívar a la Quinta San Pedro Alejandrino y el 6 de diciembre fue llevado a ese lugar. La información aparece en el Boletín N° 2 de Reverend, emitido el 2 de diciembre de 1830 e insertado en el folleto titulado La última enfermedad, los últimos momentos y los funerales de Simón Bolívar, escrito por Alejandro Próspero Reverend, editado en París en 1866, el cual aparece publicado en la compilación de Ildefonso Leal (1980:68). Pocos días después también ancló en el puerto de Santa Marta el navío británico Blanche que portaba al Dr. Miguel Claire, enviado por el Gobernador de Jamaica para atender al Libertador, pero lamentablemente llegó cuando ya era demasiado tarde.
Consciente de lo delicada en que se hallaba su salud, Bolívar se confesó con el Obispo de Santa Marta, monseñor José María Estévez, y recibió la extrema unción de manos del padre Hermenegildo Barranco, párroco de la población de Mamatoco, la más cercana a San Pedro. También firmó su testamento el día 10, en el cual hizo un dramático llamado a la unión de los pueblos para preservar la paz.
Una semana después, Briceño Méndez y Fernando Bolívar se encontraban conversando en el frente de la residencia, junto a un frondoso tamarindo y, al poco tiempo, se les unieron José Laurencio Silva para considerar la gravedad de su ilustre pariente. Era el mediodía cuando observaron a Reverend que caminaba cabizbajo y ceñudo hacia donde ellos se encontraban. Los tres hombres presumieron la noticia que estaban a punto de recibir. Cuando el médico estuvo al lado de ellos les expresó en alta voz, para que escucharan los que se encontraban más lejos: "Señores, si queréis presenciar los últimos momentos y postrer aliento del Libertador, ya es tiempo" (Mijares, 1983: 382).
Todos los presentes fueron penetrando en la alcoba donde se encontraba el Padre de la Patria y, una vez allí, presenciaron la agonía y muerte del Libertador en un silencio sepulcral sólo interrumpido por los constantes sollozos de José Palacios. Estuvieron presentes en el momento del trance los generales Mariano Montilla, José Laurencio Silva, Pedro Briceño Méndez, Julián Infante, José Trinidad Portocarrero y José María Carreño; los coroneles Belford Hinton Wilson, José de la Cruz Paredes y Joaquín de Mier; el comandante Juan Glen; los capitanes Andrés Ibarra y Lucas Meléndez; los tenientes José María Molina y Fernando Bolívar Tinoco; los doctores Manuel Pérez Recuero y Alejandro Próspero Reverend; y su mayordomo José Palacios. Todos ellos fueron fieles al Libertador durante su vida y después de su muerte.
El deceso de Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios se produjo a la una de la tarde. Reverend lo informó al mundo a través de su reporte médico número 33 y, de inmediato, expresó que era necesario hacer una autopsia. Una vez que estuvieron todos de acuerdo, le correspondió al general Montilla transmitirle la conformidad de los deudos.

LA POSIBILIDAD DE UN CRIMEN

Las personas que acompañaron a Bolívar durante su enfermedad fueron todas de su más absoluta confianza, cercanía y probada lealtad. La vida de todos ellos se conoce al detalle y no hay la más mínima posibilidad de que alguno haya incurrido en un crimen contra la figura de aquel hombre por el que sentían devoción y aceptaban como su máximo líder. Varios de ellos tenían un lazo sanguíneo o colateral con el Libertador, tal como era el caso de Fernando Bolívar, hijo de Juan Vicente, su hermano mayor, al que consideraba su hijo; el general José Laurencio Silva, casado con Felicia Bolívar Tinoco, hija de Juan Vicente; el general Pedro Briceño Méndez, casado con Benigna Palacios Bolívar, hija de su hermana Juana. La cocinera que preparaba la comida era Fernanda, enviada por Manuela Sáenz para atender la dieta y cuidar la vida de su amante. El que le servía la comida y le daba masajes era José Palacios, su mayordomo, quien era tratado como si fuera miembro de la familia Bolívar.
Sólo hay un aspecto extraño que debe ser incorporado a la investigación que anunció el actual Presidente de Venezuela. Ocurrió que el día 12 llegó a San Pedro el coronel Luis Perú de Lacroix con una carta de Manuela para el Libertador, pero no se la pudo entregar dada la situación en que éste se encontraba. Su llegada coincidió con una misiva que recibió Mariano Montilla, en la que le denunciaban que en la casa del Obispo Estévez se encontraba hospedado el Dr. Ezequiel Rojas, uno de los hombres que participó en el intento de magnicidio contra Bolívar el 25 de septiembre de 1828. Tan pronto lo supo, Montilla se presentó en la casa del prelado, procedió a detener a Rojas y lo envió preso a Bogotá bajo la custodia de Perú de Lacroix.
No obstante, la posibilidad de que Rojas haya podido tener acceso a San Pedro Alejandrino para envenenar al Libertador es altamente dudosa y peregrina. Cualquier intento suyo para entrar en la residencia le habría costado la vida, dado que allí se encontraba el general de división Mariano Montilla, Comandante General del Magdalena, región en donde estaba ubicada Santa Marta, quien disponía de una guardia que custodiaba el área. Además, el Presidente de la República de Colombia era el general en jefe Rafael Urdaneta, amigo incondicional del Libertador, quien había asumido la primera magistratura después del golpe de Estado que perpetró el 3 de septiembre de 1830, deponiendo a Joaquín Mosquera, quien había sido electo por el Congreso Admirable en comicios ganados por los enemigos de Bolívar.
Sin embargo, ante el hecho consumado de que ya ha sido designada una Comisión Presidencial para investigar el supuesto crimen, es imprescindible indagar los pasos de Ezequiel Rojas mientras permaneció en Santa Marta e incluso la relación que tenía con el Obispo de Santa Marta, en cuya casa estaba hospedado en condición de amigo, según expresión del propio prelado. Sin embargo, como en la Comisión Presidencial no existe un solo científico, debe contemplarse la inclusión de representantes de las Academias de la Historia de Colombia y Venezuela, además de expertos en criminalística que conozcan la técnica del ADN. En este sentido, debe ser considerada la contratación de los científicos que determinaron la autenticidad de los restos de Colón, lo cual resultaría una estupenda coincidencia ya que, como se sabe, el nombre de Colombia lo concibieron Miranda y Bolívar para honrar la memoria del gran Almirante, por el que sentían una justificada admiración basada en la odisea que dirigió en un viaje pleno de peligros, que lo condujo a nuestro continente sin conocer siquiera su existencia.

ANTES DE SU MUERTE
La documentación sobre la salud de Bolívar es abundante y no deja duda alguna sobre el pésimo estado físico en que se hallaba el Padre de la Patria. Se puede notar que su enfermedad se había comenzado a agravar desde su último viaje a Guayaquil, el año anterior a su muerte, cuando tuvo que permanecer inactivo debido a su debilidad extrema, según lo comprobado y expuesto por el médico Oscar Beaujon en su ponencia titulada El Libertador enfermo, la cual fue presentada en la Mesa Redonda La enfermedad causal de la muerte del Libertador, organizada por la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina, celebrada en Caracas el 27 de junio de 1963. Beaujon dice textualmente (Leal, 1980: 471) que “A principios de agosto de 1829 el Libertador se encontraba en Guayaquil, donde sufrió… de un fuerte ataque de nervios y fiebre, cuya sintomatología puede concretarse en: ataque de nervios, cólera morbo y fuete calentura”.
Quizá la evidencia más exacta de su estado de postración la revela el artista José María Espinosa en el retrato que le hizo al Libertador en Bogotá entre enero y marzo de 1830, donde se ve claramente a un anciano enfermo y no a un hombre de cuarenta y seis años de edad. Luego, en las cartas que dejó antes y después de su renuncia a la Presidencia hay claros indicios de lo mal que se sentía, hasta el punto de que al llegar a Santa Marta tuvo que ser bajado del barco en los brazos de sus amigos, porque no era capaz de caminar. Esto lo obligó a permanecer en esa ciudad hasta el día seis, fecha en la que fue trasladado en una berlina hasta su destino final.

DESPUÉS DE SU MUERTE

La autopsia determinó que la causa de la muerte fue una tuberculosis diseminada de tipo fibroulcerocavernoso y, una vez completada, se procedió a preparar y vestir los restos con ayuda de Palacios, quien utilizó una camisa de José Laurencio Silva, pues la que sacaron de uno de los baúles del Bolívar estaba rota. Una vez cumplidos los honores que le fueron rendidos como Libertador, ex-jefe del Estado y general en jefe, Bolívar fue colocado en una cripta ubicada en la nave derecha de la Catedral de Santa Marta, al pie del altar de San José, que era propiedad de la familia Díaz Granados. Los gastos del sepelio fueron pagados gracias a una colecta pública entre los amigos presentes, la cual alcanzó la cantidad de doscientos cincuenta y tres pesos.
Tres años después, el presidente José Antonio Páez solicitó al Congreso de Venezuela que ordenara la repatriación de sus restos y, en virtud de que su solicitud no fue oportunamente atendida, el presidente Carlos Soublette renovó la misma en enero de 1838, a pedimento de María Antonia, hermana del Libertador, pero de nuevo este requerimiento fue pospuesto. No obstante, Páez fue más enfático durante su segundo gobierno y motivado por una carta que le enviaron las hermanas y el sobrino de Bolívar, se dirigió al Congreso el 9 de enero de 1842 exigiendo se aprobara la solicitud formulada por él en su primer mandato, debido a "...los grandes servicios hechos por el Libertador Simón Bolívar a su patria y a la América del Sur...".
Esta vez el Congreso decretó el traslado de los restos el 29 de abril de ese año y Páez le colocó el ejecútese al recibir el documento del Poder Legislativo, procediendo de inmediato a designar una Comisión integrada por los generales Mariano Montilla, Francisco Rodríguez del Toro y el doctor José María Vargas. Sin embargo, por asuntos de distinto orden los designados no aceptaron el honor y en su lugar fueron nombrados José Tadeo Monagas, Francisco Parejo, Ramón Ayala y Bartolomé Salom, pero éstos también declinaron conformar la Comisión, excusándose por diferentes razones.
Finalmente, la Comisión que fue a Santa Marta estuvo presidida por José María Vargas e integrada por José María Carreño y Mariano Ustáriz, quienes viajaron acompañados por el presbítero Manuel Cipriano Sánchez en el buque Constitución, propiedad de la Armada venezolana, bajo el mando del comandante Sebastián Boguier. Al llegar a Santa Marta fueron atendidos por la Comisión designada al efecto por el gobierno de la Nueva Granada, presidido entonces por el general Pedro Alcántara Herrán, quien ordenó la entrega de los restos el día 4 de agosto del citado año. La Comisión estuvo integrada por el general Joaquín Posada Gutiérrez, gobernador de Santa Marta; monseñor Luis José Serrano, obispo de la Diócesis; el general Joaquín Barriga, Juan Francisco de Martín y Joaquín de Mier. El doctor Alejandro Próspero Reverend fue el encargado de abrir la cripta y preparar el informe de la entrega de los restos, excepto el corazón de Bolívar que permaneció en un cofre guardado en la citada Catedral, con el visto bueno de la representación de Venezuela.
La exhumación tuvo lugar el 20 de noviembre de 1842 a las 5 de la tarde. El informe del doctor Reverend no deja lugar a dudas de que los restos que se estaban entregando eran en efecto los del Libertador, y así se dejó constancia en acta. Se debe hacer notar que en 1838, debido al mal estado que se encontraba la cripta después del terremoto de 1834, los restos fueron trasladados temporalmente a la casa de don Manuel de Ujueta y restituidos cuando se realizaron las refacciones correspondientes. Luego, en 1839, el general Joaquín Anastasio Márquez financió la construcción de un sepulcro más apropiado para la dignidad del fallecido y se le reubicó en la nave central, frente al presbiterio.
Una vez comprobada la autenticidad de los restos por Pablo Clemente y Simón Camacho, quienes asistieron al acto en representación de la familia Bolívar, la Comisión salió rumbo a La Guaira el 22 de noviembre y llegó a su destino el 12 de diciembre de 1842, según el recuento que a tal efecto hace Camacho, reproducida en la obra Ha Muerto el Libertador, editado por la UCV (Leal, 1980: 127). Los gobiernos de Francia, Inglaterra, Holanda, Dinamarca y los Estados Unidos enviaron naves de guerra para escoltar los restos del héroe en La Guaira, que fueron desembarcados y llevados en caravana a Caracas el 16, de acuerdo a la descripción que redactó el artista Ferdinand Bellerman, quien se encontraba en La Guaira durante la llegada de los restos del Libertador, documento que aparece insertado en la obra A los 150 años del traslado de los restos del Libertador (De Sola, 1992: 75). Desde que el ataúd entró en la ciudad natal de Bolívar, las demostraciones de afecto expresadas por sus compatriotas fueron inmensas y en forma multitudinaria. Sin distingos de clase, todos acompañaron la caravana funeraria hasta la Iglesia de la Santísima Trinidad, hoy Panteón Nacional.
El ataúd fue trasladado a la Iglesia de San Francisco el 17 de diciembre a primera hora. Era el mismo lugar donde recibió el título de Libertador en 1813 y la fecha era cabalística, pues fue la misma en la que el Congreso reunido en Angostura puso el ejecútese a la creación de Colombia en 1819, a la vez que se cumplía el duodécimo aniversario de su muerte. Allí permaneció hasta el 23 en la mañana, cuando se le trasladó a la Catedral de Caracas, donde recibió cristiana sepultura en la capilla de la familia Bolívar. Juana y Fernando, hermana y sobrino de Bolívar, asistieron a los actos fúnebres.
Los restos fueron examinados cuidadosamente por el Dr. José María Vargas y luego colocados en una urna al lado de sus padres, de su esposa y de su hermana María Antonia, según consta en la documentación que existe al respecto. Allí permanecieron hasta el 28 de octubre de 1876, día de San Simón, ocasión en que fueron conducidos al Panteón Nacional, por disposición del presidente Antonio Guzmán Blanco.
Por lo tanto, cuando en 1947 se presentó un escándalo debido a la denuncia que formuló el Dr. José (Pepe) Izquierdo en torno al hecho de haber encontrado una calavera trepanada que sin dudar un momento dijo ser la de Bolívar. La calavera estaba en la cripta de la familia Bolívar en la Catedral, en el suelo, abandonada. Al trascender la noticia por los medios de comunicación social, la opinión pública reaccionó un tanto angustiada debido a que la gente se preguntaba de quién eran los restos que fueron trasladados al Panteón.
Como era de esperarse, las autoridades actuaron con prudencia y suspicacia, especialmente el Congreso de la República, entonces presidido por el Dr. Andrés Eloy Blanco, debido a que el famoso galeno era muy conocido por su carácter impulsivo y apasionado. El Congreso ordenó una investigación y designó una Comisión que investigó el caso y procedió incluso a abrir el sarcófago de Bolívar, el cual fue cuidadosamente inspeccionado, llegándose a la conclusión de que los restos que allí estaban se correspondían con los que colocó Vargas en la cripta de los Bolívar.
La incredulidad de legos y expertos tenía una base lógica, pues era muy difícil que alguien pudiera haber entrado a la Catedral de Caracas para profanar unos restos que no tenían ningún beneficio pecuniario que ofrecer. Además, en esa época la Catedral tenía el Seminario a su lado (luego Escuela Superior y más tarde sede del diario La Religión) y a pocos metros la Casa Amarilla, que era el lugar donde funcionaba el despacho del Presidente de la República, hasta ser trasladada a Miraflores en 1900. Por lo tanto, cualquiera que hubiese intentado entrar en la capilla con propósitos insanos habría corrido el gravísimo riesgo de ser inmediatamente detenido y sometido a prisión.
Otro aspecto a considerar es que existe un informe médico-social de los doctores Cristóbal Mendoza, Ambrosio Perera, Vicente Lecuna y M. Cruxent, en el que se deja constancia de que la calavera encontrada por Izquierdo corresponde a la de Josefa Tinoco, mujer de Juan Vicente, hermano del Libertador, cuyo cadáver fue autopsiado con trepanación de cráneo, de acuerdo a lo señalado en la investigación que efectuó al respecto el Dr César Planchart, publicada en el diario El Universal (2008: 1-10). Sobre el mismo tema se pronunció la Academia de la Historia en un opúsculo titulado Integridad de los restos del Libertador (1947), en el que se concuerda que los restos corresponden a los que se indican en el informe del Dr. José María Vargas sobre la preparación del cadáver del Libertador efectuada por él en 1843.
Por último, es necesario precisar el destino de la famosa calavera. ¿A dónde fue a parar? La calavera que encontró Izquierdo y que creyó fuera la del Libertador permaneció en sus manos y, como suele ocurrir en Venezuela, al poco tiempo ocurrieron sucesos de tan gran magnitud en la política venezolana que ya nadie más se preocupó por saber su paradero. Es posible que el galeno la haya llevado a la Escuela de Medicina de la UCV y que allí se encuentre todavía; pudiera haber sido recolocada en la capilla de la familia Bolívar; también es factible que haya sido ubicada en la tumba del Dr. Izquierdo; o que permanezca en posesión de los descendientes del controversial médico. El autor estima que se le debe dar más peso a la primera hipótesis, debido a que el recientemente fallecido Dr. Francisco Plaza Izquierdo, sobrino de Pepe Izquierdo, dijo en muchas oportunidades que la había tenido en sus manos y que permanecía en la UCV.
No obstante, el actual Presidente de Venezuela ha creado una duda colectiva que requiere ser dilucidada. Tal como él se comprometió ante el país y ante la comunidad internacional, es necesario hacer una investigación, pero es importante que los integrantes de la Comisión designada no dejen ninguna duda cuando se produzca el resultado. Un asunto tan delicado no puede ser manejado con criterio político, sino científico. Por lo tanto, la ciencia histórica y la ciencia médica deben ahora determinar cuál es la verdad.

Bandera venezolana

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