lunes, 27 de septiembre de 2010

Lope de Aguirre, “El tirano”

Eumenes Fuguet Borregales*
Vil personaje de ingrata recordación, que raya entre lo humano y lo satánico; durante la etapa de la conquista dejó una secuela de terror en el Perú, Brasil y Venezuela; es uno de los personajes más tristemente conocidos durante la primera permanencia española en Venezuela, aún se habla del “alma en pena” de este personaje tristemente célebre que llegó a protestar contra el rey, máxima autoridad, por lo que cree injusticia. Con escasos medios de navegación cruzaría cumbres, sabanas, pantanos, buscando “El Dorado”; su muerte sería tan trágica como su existencia. Nace aproximadamente en el año 1511 en la población de Oñate - Guipúzcoa. En Andalucía se dedica a la cría y doma de caballos, adquiriendo nombre por su capacidad de trabajo. Al conocer de la presunta existencia de “El Dorado” en Hispanoamérica, se traslada en 1537 al Perú. Durante varios años realiza operaciones en los territorios conquistados, demostrando una conducta no cónsona y prepotente, con su toque personal de arbitrario, ambicioso y asesino; se le conocía como Aguirre “El Loco”; en la firma de documentos se autodenominaba Lope de Aguirre “El Traidor”; en una escaramuza recibe heridas en la pierna derecha, quedando con impedimento para caminar. Una mañana se confiesa y, al no recibir la absolución por tantos crímenes cometidos, ordenó ahorcar al fraile confesor.

En septiembre de 1560 parte del Perú una gran expedición en busca del ansiado territorio lleno de oro; avanzan por la confluencia de los ríos Marañón y Ucayalí, que forman el nacimiento del majestuoso río Amazonas; de allí que los soldados fueron denominados “marañones”. A los cuatro meses de travesía, al no encontrar el deseado objetivo, Lope de Aguirre ejecuta a Pedro de Urzúa, jefe de la expedición; en marzo, Fernando de Guzmán, jefe encargado de la expedición corre igual suerte que Urzúa. Lope de Aguirre y sus “marañones”, llegan al Atlántico y enfilan a Margarita, adonde llegan el 21 de julio de 1561; la isla es asaltada y masacrada durante cuarenta días, muriendo inclusive el gobernador Juan Sarmiento Villandrando. La playa “El Tirano” recuerda la andanza de este malévolo personaje en tierras margariteñas, llevando dos banderas negras, una amarilla y otra azul, todas con dos espadas rojas en cruz; sus soldados lo llamaban “El caudillo fuerte”. Lope de Aguirre y sus secuaces continúan su avance maléfico hacia la costa, llegando a comienzos de septiembre a Borburata, primer puerto de Venezuela, arremetiendo durante ese mes con saña contra la indefensa población y sus propiedades. A finales de septiembre de 1561 llega a VALENCIA con iguales propósitos. Algunos de sus “marañones”, a causa de las inmoralidades y abusos, habían desertado e informado a las autoridades españolas de las atrocidades del “tirano”; en Valencia permanece unos quince días saciando su sed de robo y asesinato. Autodenominado “El Peregrino”, escribe un famoso documento al rey Felipe II, entre otros aspectos dice: “No puedes llevar con título de rey justo, ningún interés en estas partes, donde no aventuraste nada, sin primero gratificar a los que trabajaron”. Considerado de los más importantes documentos del período de la conquista y el primero en rebeldía contra las autoridades españolas y conocido como el primer intento de la independencia en el Nuevo Mundo; este aspecto motivó a Miguel Otero Silva a escribir en 1975 su ensayo “Lope de Aguirre, Príncipe de la Libertad”.

“El Tirano” continúa su ruta sanguinaria y llega a mediados de octubre a Barquisimeto; avisadas desde Valencia las autoridades, entre las cuales se encontraba Diego García Paredes, organizan la defensa. “El Tirano” incendia las casas ubicadas en el valle del río Turbio; encontrándose casi solo por la deserción de sus seguidores, rodeado por las fuerzas españolas y a pesar de los pedimentos de Torralba, su mujer, opta por apuñalar a su joven hija Elvira de quince años de edad, diciéndole: “Encomiéndate a Dios, no quiero que, muerto yo, vengas a ser una mala mujer, ni que te llamen hija de un traidor”. “El Tirano” muere en diciembre de 1561, asesinado por sus “marañones” desertores, luego ahorcado. Su cuerpo descuartizado: la mano derecha colocada en Mérida, la otra en Valencia, la cabeza colocada en una jaula en El Tocuyo y el cuerpo se lo dieron a los perros; contaba cincuenta años de edad. Tal es la triste historia de esos monstruos que aparecen esporádicamente sobre la tierra, como una protesta contra el origen divino de la raza humana y recuerda el axioma de... “quien a hierro mata, no puede morir a sombrerazos”.
* General de Brigada (Ej)

lunes, 6 de septiembre de 2010

Antonio Maceo..." El titán de bronce"

Eumenes Fuguet Borregales (*)
Personaje desconocido para muchos, héroe en Cuba, viene a colación por tratarse del hijo de Marcos Maceo, un mulato coriano que nació cerca de La Vela de Coro, Municipio Colina del estado Falcón, a los cinco años fue llevado con sus padres y hermanos, primero a Santo Domingo y en 1827 a Cuba, donde se casó en el oriente de la isla en 1843 con Mariana Grajales quien había tenido en su primer matrimonio cuatro hijos, y con Marcos nueve, todos dieron sus vidas por la independencia cubana, ella se encargaba de atender con abnegación a los revolucionarios heridos, de allí su bien ganado cognomento de "La Madre Mayor de Cuba"; José Martí, diría de ella: "Qué epopeya y misterio hay en esa humilde mujer".

En una ocasión le trajeron heridos a Antonio y a su lado el cadáver de Julio de apenas de 16 años, Mariana llamó a otro de doce años y le dijo:"Y tú, empínate que ya es tiempo de que pelees por tu patria". Antonio el hijo mayor, nació el 14 de junio de 1845, en las estribaciones de la Sierra Maestra y se casó el 16 de febrero de 1855 con María Cabrales. El 10 de octubre de 1868, se dio en el ingenio "La Damajagua", al oriente de Cuba, el Grito de Yara, declarándole la guerra a España, movimiento liderizado por el abogado Carlos Manuel de Céspedes, denominado "El Padre de la Patria Cubana", quien libertó a sus esclavos; fue el inicio de la primera guerra por la independencia.

A los 23 años Antonio y sus hermanos José y Justo se incorporaron de inmediato al llamado que dio origen a las acciones conocidas como la guerra de los diez años; el patriotismo y liderazgo mostrados por Maceo, como ayudante del valeroso dominicano Máximo Gómez y como combatiente, le permitieron sus ascensos a sargento, capitán y al año siguiente a comandante; Antonio Maceo y el doctor Céspedes pertenecían a respetables logias masónicas que les imbuían los postulados de libertad, igualdad y fraternidad.

Marcos Maceo con el grado de sargento murió el 14 de mayo de 1869 en pleno combate peleando al lado de Antonio, éste fue ascendido a coronel el 8 de mayo de 1872 y a finales de ese año a general por disposición de Céspedes. Antonio, aguerrido soldado, descendiente de la corianidad, ocupó altas posiciones en el ejército revolucionario, dando el ejemplo al frente de su ejército de Mambises, constituido por negros y campesinos con machetes, quienes utilizaban troncos y cueros para construir rudimentarias piezas de artillería.

Maceo llegó a recibir casi treinta heridas en unas ochocientas acciones militares; parecía que la muerte se acobardaba ante su presencia. Debido a la presión de las fuerzas españolas en la isla, Maceo se exilió en Jamaica, donde emitió el 5 de septiembre de 1879 su conocida Proclama de Kingston; de allí pasó a Santo Domingo, donde organizó una expedición con 34 voluntarios, trasladándose a Cuba en junio de 1880. Sus objetivos no fueron logrados, teniendo que salir en agosto de 1884 hacia Nueva York, donde se reunió en octubre de ese año con el Apóstol Martí con quien mantenía correspondencia desde 1882. El 13 de julio de 1895, mostró su visión táctica, al vencer en Peralejo con 800 mambises a un ejército que lo duplicaba; junto a Máximo Gómez, lucharon desde el oriente al occidente de la isla. El 13 de septiembre de 1895, la asamblea de delegados reunida en Jemaguayú le ratificó su alta posición en el Ejército Libertador de Cuba. A finales de 1895, dirigió operaciones en Pinar del Río, Matanzas y Camagüey, expulsó el 1ro. de enero de 1896 de La Habana al gobernador español Martínez Campo.

El 7 de diciembre de 1896, murió combatiendo en Punta Brava, provincia de La Habana. Maceo es conocido como "El Titán de Bronce" y considerado el mejor táctico y estratega de la independencia cubana. Cerca de la capital se encuentra un mausoleo en su memoria que sirve para recordarle a las generaciones presente y futuras la sacrificada vida de este representante de la raza negra, hijo de Marcos Maceo, un humilde pero valeroso coriano, quien también dejó su vida por los ideales de la libertad, cuyo hijo Antonio pregonaba que: "la libertad no se pide, se conquista con el machete".

(*) General de brigada

Diario El Carabobeño
Historia y tradición

domingo, 5 de septiembre de 2010

18 de agosto de 1863, famoso "Decreto de Garantías"

Eumenes Fuguet Borregales (*)
Juan Crisóstomo Falcón.
" El Gran ciudadano"
"El Magnánimo"

A pesar de las objeciones por parte de algunos asesores y ministros del despacho, el general en jefe Juan Crisóstomo Falcón (1820-1870), Presidente de la República, emite el 18 de agosto de 1863 su famoso "Decreto de las Garantías"; materializado a raíz de un importante escrito presentado el 25 de marzo de 1863, por un distinguido grupo de valencianos integrantes de diferentes organizaciones políticas, económicas, sociales, culturales y filantrópicas, presididos por el doctor Francisco Esteban Caballero; todos ellos preocupados por la vigencia de la pena capital como una forma de suprimir los delitos en el país. El Decreto lo preparó Guillermo Tell Villegas ministro del Interior. Deseaba el presidente Falcón la extinción de los odios políticos y consolidar la ansiada paz. El Decreto fue sancionado en los siguientes términos:

Considerando. Que triunfante la revolución (federal) deben elevarse a canon los principios democráticos proclamados por ella y conquistados por la civilización a fin de que los venezolanos entren en el pleno goce de sus derechos políticos e individuales. Decreta:

Artículo 1ro. Se garantiza a los venezolanos:

1ro. La vida: queda en consecuencia abolida la pena de muerte y derogadas las leyes que la imponen.
2do. La propiedad, no podrá pues su dueño despojado de ella.
3ro. La inviolabilidad del hogar doméstico, sólo para evitar la perpetración de un delito.
4to. El secreto de los papeles y correspondencia.
5to. La libre expresión del pensamiento de la palabra y por escrito.
6to. La libertad de instrucción.
7mo. El derecho de sufragio.
8vo. El libre derecho de asociación pacifica y sin armas.
9no. El derecho de petición y de alcanzar resolución.
10mo. La libertad natural.
11. La libertad personal (libre transito).
12. La libertad de toda industria lícita.
13. La igualdad ante la ley.
14. La seguridad Individual, y en consecuencia:

1ro. Ninguno podrá ser juzgado sino por leyes preexistentes y nunca por comisiones especiales, sino por sus jueces territoriales o los del lugar donde se cometa el delito. 2do. Ni ser preso por deuda que no provenga de delito o fraude.
3ro. Ni preso o arrestado por autoridad competente en los lugares conocidos por cárceles, y sin la previa información escrita de haberse cometido un delito que merezca pena corporal y fundados indicios de ser autor.
4to. Ni privado de comunicación por ningún pretexto.
5to. No continuar por mas tiempo en la cárcel después de destruidos los cargos.
6to. No negarle las comodidades compatibles con su seguridad.
7mo. Ni sentenciado antes de haber sido citado, oído, y convencido.
8vo. Ni ser extrañado de su suelo natal, quedan por tanto abolidos la confinación y el destierro.

Artículo 2do.
Abolida para siempre la esclavitud en Venezuela; todo esclavo que pise el territorio será considerado como libre y la República lo acoge bajo su protección.

Artículo 3ro. Los lugares que se nombran Bajo Seco y la Rotunda, escogidos como tormento de los hombres libres, no podrán servir en lo sucesivo para lugares de prisión.

Artículo 4to.
Los funcionarios que no cumplan el presente Decreto, pierden su autoridad y será tratado como traidor a la Patria.

Artículo 5to.
El presente Decreto regirá hasta que la Asamblea Constituyente expida el pacto fundamental de los Estados.

Artículo 6to.
Los Secretarios del Despacho firmarán este Decreto, quedando encargados el de Interior, Justicia y Relaciones Exteriores en su ejecución y comunicación a quienes corresponda.

Firmado Gral. Juan Crisóstomo Falcón.

El presente Decreto convierte a Venezuela entre los primeros países del mundo en abolir oficialmente la pena de muerte. La Asamblea Constituyente le concede el 24 de diciembre de 1863 los títulos de "Gran Ciudadano" y de "Mariscal de los Ejércitos de Venezuela". El escritor francés Víctor Hugo (1802-1855) diría: "Felicito a Venezuela por tener en su historia a un ciudadano como Falcón".

El Mariscal Falcón, conocido como "el magnánimo" encontrándose en la población de Agua Clara ubicada en la sierra coriana, expresó el 11 de julio de 1861: "No soy jefe de esta revolución por ambición mía, ni por ser general, tampoco por la voluntad de esta o aquella fracción, menos aún por la complicidad de intereses personales; no es por ninguna causa del pasado, es por una causa que está mas bien en el porvenir, causa que todos tienen esculpida en la conciencia, y que nadie de buena fe se atreverá de poner en duda, y ya que los pueblos me han elevado a presidir la cruzada de su libertad, yo creo pagarles tanta confianza, abrigando la ambición del desprendimiento".

(*)Gral.de Bgda.
eumenes7@gmail.com

Diario El Carabobeño

Historia y Tradición

jueves, 2 de septiembre de 2010

Andrés Eloy Blanco, el poeta del pueblo

Eumenes Fuguet Borregales (*)

En la primogénita Cumaná ve la luz primera el 6 de agosto de 1897 Andrés Eloy Blanco Meaño, destacado hombre de letras, abogado, político, legislador, brillante poeta, escritor de fina pluma, humorista, orador con verbo encendido inconfundible, sin rencor ante los sufrimientos de las cárceles y destierro, de gran sensibilidad humana que lo estimulaban a describir las difíciles situaciones de la dictadura reinante en Venezuela, humorista y humanista, de amplia sensibilidad social, y ante todo apegado y defensor de las ideas y sentimientos del pueblo venezolano, por las cuales sufrió prisiones, torturas y confinamiento. Hijo del médico Luís Felipe Blanco y Doña Dolores Meaño. Realizados los estudios elementales en Cumaná y Margarita. En 1912 con apenas quince años el diario El Universal publica sus poesías En 1914 recibe su bautizo político al ser detenido por la policía al apoyar como estudiante a sus compañeros. En 1916 obtiene el premio de poesía en Ciudad Bolívar con su obra "Canto a la espiga y al arado". En Caracas se gradúa en 1918 de abogado. Publica en 1921 su primer libro: "Tierras que me oyeron". Es acreedor en 1923 al importante premio internacional otorgado por la Real Academia de la Lengua Española con su obra "Canto a España", donde conjuga al modernismo, con el nativismo, el romanticismo y el clasicismo. En 1928 participa activamente en apoyo a los estudiantes de la conocida "generación del 28"; la dictadura de Gómez lo encarcela desde 1928 hasta 1933 en La Rotunda y en el castillo San Felipe de Puerto Cabello, al enfermarse de tuberculosis y ante la presión de la comunidad internacional, fue enviado confinado en 1935 a Valera. A pesar de los grillos colocados, las torturas y penurias del encarcelamiento, su moral y dignidad se acrecentaba; Andrés Eloy aprovechaba cualquier oportunidad para escribir en la prisión en papeles de envolver, narrando los sufrimientos y penurias de los humildes paisanos. Los escritos eran sacados en forma discreta por sus hermanas cuando podían visitarlo, entre los cuales figuran "Poda", "Barco de Piedra", "Baedeker 2000", "Malvina Recobrada" y la "Juambimbada" "La Loca Luz Caraballo", "Píntame Angelitos Negros" y "El Palabreo de la Recluta". A la caída del régimen gomecista, ocupa diversos cargos en la administración pública, entre ellos Concejal por la parroquia San Juan de Caracas en 1937. Diputado en 1939 ante el Congreso Nacional incorporándose en 1941 en las filas del naciente partido Acción Democrática; sus escritos son publicados en los principales diarios del país; su chispa humorística se refleja en el semanario "el Morrocoy Azul"; Escribió una excelente biografía del Dr. José María Vargas. Andrés Eloy no aceptó cargos en el exterior al preferir estar en contacto permanente con su pueblo. En 1946 como Diputado por el Distrito Federal, es designado Presidente de la Asamblea Nacional Constituyente. En 1946 el Presidente Rómulo Gallegos lo designa ministro de Relaciones Exteriores, correspondiéndole realizar importantes reuniones y gestiones en beneficio del país. A la caída del gobierno de Gallegos el 24 de noviembre de 1948, Andrés Eloy que se encontraba en Francia. Sale al destierro, primero se dirige a Cuba y luego a México; en dicha ciudad escribe en 1955 "Giraluna". Fallece atropellado el 22 de mayo de 1955, donde se encuentra el monumento erigido en honor a los "Niños Héroes Mexicanos", inmolados defendiendo la Patria. Los restos del "Poeta del Pueblo", paradigma de dignidad y autoestima, ingresan el 2 de julio de 1981 al Panteón Nacional. Innumerables son los brillantes discursos históricos y políticos dados en Venezuela y fuera del país, todos con su especial dosis de venezolanidad. El primer discurso político lo pronunció en Puerto Cabello en febrero de 1936 durante la ceremonia de lanzar al mar los grillos utilizados en los presos políticos. En su elocuente discurso ofrecido el 24 de junio de 1939 en el Congreso Nacional, con motivo del aniversario de la Batalla de Carabobo diría: "Si se pudiera concebir un hombre que le escribiera una carta al Ejército venezolano, se vería en apuros el remitente, porque no sabría a donde dirigirla: lo mismo podría dirigirla a Ayacucho que a Junín, lo mismo a Boyacá, lo mismo a los helechos y a las piedras por donde se va al desaguadero. Pero estando Carabobo ubicado en Venezuela, y siendo la función carabobeña totalmente venezolana, es por eso que es la sabana de Carabobo, el domicilio histórico del Ejército venezolano".



(*) Gral. de Bgda.

eumenes7@gmail.comEumenes Fuguet Borregales (*)

Artículo publicado el: 04/08/10
Diario El Carabobeño

Historia y Tradición

sábado, 28 de agosto de 2010

DOCTOR ALBERTO ANGULO ORTEGA " El Maestro Angulo""

Dra. Claudia Antonieta Blandenier Bosson de Suárez*
INTRODUCCIÓN
Aunque su vida académica es vastísima, se destaca en el campo de la patología de las enfermedades broncopulmonares y micosis profundas. Podríamos calificarlo con varios apelativos que resumen su vida de trabajo y estudio: patólogo, investigador, neumopatólogo, micólogo, Académico, dotado de una personalidad muy definida, recta y sincera, pero por encima de toda ponderación, fue y es un excelente y brillante docente”

“Alberto Angulo Ortega , nació en Táriba, Estado Táchira, el 27 de diciembre de 1917. Cursó estudios médicos en la Universidad de los Andes (1936-1940), los cuales concluyó en la Universidad Central de Venezuela (1940-1942), obteniendo calificaciones sobresalientes y el Doctorado en Ciencias Médicas con la Tesis “Protidemia y tuberculosis”, con la calificación de veinte puntos.
Su carrera docente comenzó muy temprano, en pregrado, cuando impartió clases de mineralogía en el Liceo Simón Bolívar de San Cristóbal y luego, siendo estudiante de medicina, ocupó por concurso la preparaduría en la cátedra de histología normal (1937-1941). En 1944, ingresó en la cátedra de anatomía patológica del Hospital Vargas que dirigía el Dr. José Antonio O’Daly Serraille.
Es de hacer notar, que el Dr. Angulo fue el segundo de los jóvenes médicos del grupo de patólogos venezolanos, que constituirían la plataforma de la especialidad en Venezuela. En ese centro, se desempeñó como instructor de la cátedra de anatomía patológica y de la cátedra de tisiología (ad-honorem) de la Universidad Central.
En 1950, decidió realizar estudios de especialización en Alemania para lo cual, el Dr. O’Daly solicitó una beca para un curso de anatomía patológica de la tuberculosis en el Instituto Senckenbergisches Pathologisches Institut der Universitat de la Universidad de Frankfurt/Main, por tres años. Durante este período, el Dr. Angulo practicó 153 autopsias y participó activamente en todas las actividades docentes, asistenciales y de investigación de este instituto alemán. Con el Profesor Kahlau comenzó a expresar su inclinación por la patología pulmonar, realizando una investigación sobre “neumoconiosis experimental alumínica” y publicando artículos sobre los procesos de curación del muñón bronquial y desarrollo de las fístulas bronquiales postoperatorias en las resecciones pulmonares. Sus profesores alemanes refiriéndose a su personalidad, realzaron su colaboración amabilísima, su dominio del alemán y expresaron su pesar cuando su estancia finalizó.
El Director, Dr. Lauche, le deseó en su futuro y en su país, “todo lo bueno”. Está demás recalcar, que el Dr. Angulo superó las expectativas de su maestro. Inmediatamente, el Dr. Angulo prosiguió su estadía de especialización en el instituto de investigación para la tuberculosis en la sección de bacteriología y anatomía patológica (Schweizerischen Forschungainstituts fur Tuberkulose) en Davos, en los Alpes suizos. En ese centro, entre otros, realizó una extensa investigación sobre la: “composición de las proteínas sanguíneas en la tuberculosis experimental del cobayo”. Al finalizar su período de entrenamiento en esta institución, el director, Dr.W Berblinger, suscribió” la colaboración del Dr. Angulo fue para mi Instituto, una suerte”.
Es interesante conocer, que el Ministerio del Interior del Estado de Hessen, donde está ubicada la ciudad de Frankfurt, le concedió el título de médico alemán por ser un representante de la Universidad Central de Caracas. Este título le confería todas las pregorrativas de médico graduado en una universidad alemana durante su permanencia en ese país.
A su regreso a Venezuela, se desempeñó como el patólogo de los cursos de médicos tisiólogos en la cátedra de tisiología y del Instituto Nacional de Tuberculosis y sólo en 1955 fue reincorporado a la cátedra de anatomía patológica como profesor Asistente. Durante más de 25 años, ejerció la docencia en los postgrados de anatomía patológica, tisiología y anatomía patológica del Sanatorio Antituberculoso Simón Bolívar. Durante esa época, asumió la cuarta Presidencia de la Sociedad de Anatomía Patológica (1955-56). En 1956, forma parte del grupo de patólogos que junto a O’Daly, organizaron e iniciaron las actividades asistenciales del IAP-UCV, en la Ciudad Universitaria de Caracas. Cuando el Dr. O’Daly se jubiló en 1968, el Dr. Angulo que ya era profesor titular, ocupó la dirección del instituto hasta 1971. En el desempeño de destacó por haber iniciado la integración del instituto con la cátedra de anatomía patológica, la reorganización de las secciones del IAP, reiniciando las clases de patología general y de cardiopatías
congénitas del postgrado y mucho más. Dejó una institución ordenada y sobre todo, solvente.
Su producción científica es abundante. Se destaca en el estudio de las micosis. El Dr. Angulo fue el primero en publicar en el país, sus observaciones sobre: “los nódulos solitarios del pulmón causados por: el Histoplasma capsulatum (los histoplasmomas o formas circunscritas de histoplasmosis), Torula, y Aspergilus (torulomas y aspergilomas) y el diagnóstico de la histoplasmosis en las biopsias ganglionares. Destacan sus artículos publicados desde 1948, sobre las enfermedades micóticas especialmente las lesiones bronco-pulmonares producidas por: paraccidioiodosis, actinomicosis, nocardiosis (presentación de un nuevo caso), coccidiodosis (coccidiodosis pulmonar crónica cavitaria y focos fibrocaseosos pulmonares por coccidioides inmitis) e histoplasmosis; (formas cavitarias y los histoplasmomas). También publicó varios artículos científicos sobre tuberculosis y es, un experto en esta materia. Describió el tuberculoma intestinal o simulador de tumores, las lesiones pulmonares de la esclerodermia generalizada, los granulomas pulmonares y otras entidades patológicas como la “proteinosis alveolar pulmonar”.
Conjuntamente con su amigo y colega, Luis Manuel Carbonell Parra, describió la ultraestructura del Histoplasma capsulatum en los histoplasmomas.
Es autor de dos capítulos de libros de patología sobre micosis profundas con referencia especial a las formas pulmonares. Es de gran interés su capítulo sobre “enfermedades producidas por hongos” en el texto de patología editado por la Sociedad Latinoamericana de Patología en 1970.

El Dr. Angulo fue miembro fundador de la Comisión Coordinadora del estudio nacional de las micosis, fundada en 1957. Esta comisión dirigida por el Dr. José Ignacio Baldó Soulés, jugó un papel fundamental en el estudio de las micosis en nuestro país, en un programa de desarrollo nacional ya que se desplegó en todo el territorio nacional el despistaje de las enfermedades micóticas especialmente de las micosis profundas. Un grupo de epidemiólogos e investigadores en esta materia, entre los cuales se encontraba el Dr. Angulo, publicaron la cartilla micológica, la cual resumía la situación y características epidemiológicas y anatomoclínicas de las micosis en nuestro medio. Uno de los logros más importantes del Dr. Angulo, de gran utilidad para sus colegas, es haber introducido en la práctica rutinaria, la coloración de Grocott para detectar hongos en los tejidos necróticos y calcificados como en los histoplasmomas.

El Dr. Angulo tiene el mérito de haber sido el fundador del museo de enfermedades pulmonares del Instituto Nacional de Tuberculosis, siendo el único museo activo y constantemente renovado que existió en Caracas.
Dictó varios cursos en Venezuela y en el extranjero como en la Universidad del Valle, en Colombia. (III Congreso Latino Americano de Anatomía Patológica) y en Viena, junto con su entrañable amigo, el eminente microbiólogo húngaro, Ladislao Pollak, presentó un trabajo sobre el diagnóstico patológico y micológico de las blastomicosis suramericana en el VI Congreso Internacional de Enfermedades del Tórax. Con Pollak, investigador incansable, durante años, trabajó en el estudio de las enfermedades pulmonares especialmente las tuberculosas y micóticas.
Publicaron numerosos artículos científicos y presentaron sus experiencias en congresos nacionales e internacionales.
En 1973, el Dr. Angulo, solicitó su jubilación a los 28 años de haber ingresado como instructor.
Una vez jubilado, su actividad científica continuó, dictando cursos y conferencias en Venezuela y varios países de América Latina. Desde hace más de una década (1982), el Dr. Angulo fue elegido como miembro Correspondiente Nacional de la Academia Nacional de Medicina y fue electo Individuo de Número, Sillón XXVII, en 1990.
Ha desempeñado diversos cargos en la Academia. El Dr. Angulo es también miembro correspondiente de la Sociedad de Historia de la Medicina.
Su labor como trabajador incansable se vio recompensada con varias condecoraciones entre ellas la Orden Francisco de Miranda, la Orden Andrés Bello, Mérito al trabajo, etc.
Además del ejemplo que nos da como investigador acucioso, quién publicó siempre sus más importantes experiencias en el campo de la patología, el Dr. Angulo representa, un ejemplo de conducta ponderada, honestísima, prudente, sencilla, enemiga de lo ostentoso e imponente. De esta manera lo recordamos sus alumnos de las primeras promociones de anatomopatólogos graduados en Venezuela, se lo agradecemos y expresamos personalmente en estas Jornadas.

Fue Jefe del Departamento de Obstetricia y Ginecología del Hospital Universitario de Caracas, 1956-1957. Médico Partero de la Caja de Previsión Social de las Fuerzas Armadas y Médico Maternólogo en el Servicio de Control Obstétrico de la Unidad Sanitaria de Caracas. Médico del Dispensario del Ministerio de Obras Públicas, 1936- 1943; Secretario General de la Cruz Roja Venezolana, 1938-1939; Secretario General del Instituto de la Ciudad Universitaria, 1944-1946; en el Colegio de Médicos de Caracas fue Tesorero, 1951-1952 y Primer Vicepresidente de la Federación Médica, 1952-1953; Secretario de la Sociedad Venezolana de Obstetricia y Ginecología, 1950- 1951 y Presidente en 1954; Correspondiente de varias Sociedades Internacionales de Obstetricia y Ginecología (Brasil, México, Cuba y Perú). Fue Presidente del I Congreso Venezolano de Obstetricia y Ginecología. Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de Medicina Puesto # 4 en 1955,en el Índice Global de la Gaceta Médica figura con dos publicaciones. Tiene otras publicaciones notables, entre ellas una sobre “Recopilación Bibliográfica Nacional sobre Obstetricia y Ginecología”. Orden “27 de Junio”.

* Instituto Anatomopatológico “Dr. José Antonio O’Daly”, Universidad Central de Venezuela
“VARIOS( Gac. Méd. Caracas 2004;112(4):342-344)”

BIBLIOGRAFÍA
Archivos de la Academia Nacional de Medicina, Puesto # 4, 2004.”.

Nota : Todavía, en el 2010, a los 92 años, el Dr Alberto Angulo Ortega sigue trabajando.

El doctor Angulo en su labor docente y asistencial fue en el mayor sentido de la palabra, un "Gran Maestro", y es bien recordado por todos los que tuvimos el placer de conocerlo y compartir-disfrutar- con él sus conocimientos y su "Don" de gente, que todavía conserva.
Gerónimo Alberto Yerena Cabrera

viernes, 27 de agosto de 2010

GOTTFRIEL KNOCHE "el momificador"

EUMENES FUGUET BORREGALES*

PICACHO EL PALMAR
HOSPITAL SAN JUAN DE DIOS DE LA GUAIRA
TOMAS LANDER
FRANCISCO LINARES ALCANTAR
HACIENDA BELLA VISTA o CARICARI


Famoso científico alemán, quien logró desarrollar técnicas de embalsamiento en los cadáveres no reclamados en los hospitales de La Guaira. El sombrío médico Gottfried Knoche (se pronuncia canoje) utilizaba a una vieja mula para transportar los cadáveres sin dolientes hasta su laboratorio, donde experimentaba fórmulas para embalsamar. La técnica de Knoche hasta hoy se desconoce, pero se caracterizaba por no extraer del cuerpo ningún órgano o víscera, a diferencia de la tradicional técnica egipcia para embalsamar. El hábil cirujano nació en la población de Halbertstadt, Selva Negra, el año de 1813, logrando graduarse en la universidad de Friburgo en 1840. Atraído por sus lecturas y el llamado de algunos paisanos radicados en Venezuela, le interesó ejercer en nuestro país, y llega a La Guaira en 1840 en compañía de su esposa y dos enfermeras. Obtuvo reválida de la Universidad Central de Venezuela en 1845 para ejercer legalmente la profesión. En el caluroso puerto atendía a los alemanes allí radicados y a los pacientes pobres, sin cobrar por sus servicios. Le correspondió fundar en 1854, con otros colegas, el conocido Hospital San Juan de Dios de La Guaira, ubicado al lado de la Catedral, durante el gobierno federal del Mariscal Juan Crisóstomo Falcón, hospital hoy desaparecido.

Knoche igualmente fue director del Hospital de La Guaira donde combatió eficientemente la epidemia de cólera desatada en buena parte del país. Atraído por el clima montañoso del Ávila, que le recordaba su país de origen, emprendía largas caminatas y paseos en mula. A fines del siglo XIX construyó una mansión rodeada de flores y árboles frutales, conocida como Hacienda Bella Vista o Caricari, ubicada al norte del picacho El Palmar, próximo al sector El Palmar; adonde se llega subiendo por Macuto o San José de Cotiza, en Caracas. Uno de sus dos hijos se graduó de médico para ejercer en Puerto Cabello; su hija Anna se casó con un médico. Volviendo al proceso de embalsamiento, el doctor Knoche no suministró a nadie su inédita fórmula de preservación de cadáveres, la cual lograba que por largo tiempo el cuerpo se mantuviera sin descomponerse. En su completo laboratorio, instalado en su casa de habitación, preparaba sueros antiofídicos. Numerosas curiosidades se rememoran de este excéntrico médico, recordándose al famoso soldado de la Guerra Federal, José Pérez, quien permaneció sesenta años momificado, uniformado y con un viejo fusil aparentando ser un guardián de la casa del científico; de la misma forma utilizaba perros, gatos y burros disecados, que dispersos en los patios, parecían vigilar, amarrados con cadenas para ahuyentar a los curiosos. A cien metros de su vivienda, construyó un mausoleo con cinco fosas o criptas de mármol cubiertas de vidrio, donde permanecieron su esposa, su hija, su yerno y dos enfermeras en perfecto estado de conservación. El famoso pintor Bellerman pasó temporadas de descanso en la acogedora residencia, allí podía contemplar el paisaje de Macuto y el mar Caribe.

Por su fama de embalsamiento le llamaban el "Momificador del Ávila" y también el "Frankestein venezolano". Sus servicios post mórtem fueron solicitados para aplicar su técnica al eminente doctor Tomás Lander, fallecido el 6 de diciembre de 1845, quien luego de recibir el líquido milagroso, permaneció momificado por 39 años, vestido y maquillado sentado en la sala de su casa, ubicada en la esquina de La Pedrera en Caracas, hasta el 5 de abril de 1884, cuando fue trasladado al Panteón Nacional; igual actividad realizó al presidente en ejercicio Francisco Linares Alcántara, fallecido repentinamente de afección bronquial en La Guaira en noviembre de 1878, antes de su traslado al Panteón Nacional el 4 de diciembre de ese año. El doctor Knoche falleció en su residencia avileña el 2 de enero de 1901, llevándose a la tumba su bien guardado secreto, no sin antes dejar preparado suficiente líquido para preservar su propio cadáver. Su residencia, laboratorio y el mausoleo fueron saqueados y luego abandonados; los restos humanos momificados fueron enterrados cerca del sitio. Al doctor Knoche, conocido como el "Momificador" de la fórmula secreta; le sobrevivió su leal y eficiente enfermera alemana Amalie Weissmam, que fallecería en 1926 a los ochenta y ocho años de edad, para quien, por cierto, su fallecido patrón dejó preparado el misterioso y eficiente líquido, que luego de veinticinco años aún conservaba su capacidad para momificar. A más de un siglo de su muerte, aún se comentan en nuestro principal puerto, algunas referencias sobre las momias del Ávila y la leyenda del Frankestein venezolano, Gottfried Knoche.

(*) General de brigada (Ej.)

Historia y Tradición

miércoles, 25 de agosto de 2010

A MANERA DE PREÁMBULO:JUAN ANTONIO PÉREZ BONALDE, DOMINGO DEL MONTE, JOSÉ MARTÍ

MARIANA PÉREZ PÉREZ*



Prestigiosas voces de la intelectualidad venezolana han afirmado que la literatura de ese país se sustenta más de la narrativa que de la poesía. Gustavo Pereira[1] –en su libro El peor de los oficios– indica que la gran poesía se inicia con Pérez Bonalde, a la vez que hace referencia a Jesús Semprum, quien en 1911 decía a sus discípulos en la universidad que solo se podían citar con orgullo tres o cuatro nombres que honraban las bellas letras de Venezuela.



Sin discrepar de tan autorizados criterios, y con la certeza de que no es posible –ni tal vez sea necesario– hallar juntas, en cada época de la evolución poética, varias figuras sobresalientes o movimientos de altos valores, nos hemos atrevido a realizar, a grandes saltos, este recorrido donde se muestran los poetas venezolanos, desde la colonia hasta la actualidad. No solamente nos motiva la razón circunstancial de ser Venezuela el país invitado de honor a la XV Feria Internacional del Libro en Cuba, sino también –y más que todo– el reconocimiento de las arterias que transfunden sus sangres en la cultura de ambos países.



Muchos escritores venezolanos han vivido en Cuba por períodos más o menos extensos, así como tantísimos cubanos han puesto sus plantas y su amor en aquella tierra. Un nombre, sin embargo, se eleva por sobre todos y es el del “viajero [que] llegó un día a Caracas al anochecer, y sin sacudirse el polvo del camino, no preguntó dónde se comía ni se dormía, sino cómo se iba a donde estaba la estatua de Bolívar”[2]. José Martí viajó en 1881 a Venezuela, donde realizó una “corta e intensa vida americana”[3]; allí fundó la Revista Venezolana, que ha sido calificada en ese país como un orgullo nacional, y en la que publicara hermosísimas páginas, entre las que resaltan las dedicadas al intelectual Cecilio Acosta con motivo de su muerte. La presencia martiana ejerció una poderosa influencia en los creadores jóvenes y en la renovación modernista que –en realidad– llegó con cierto atraso a Venezuela.



Más tarde, en 1882 –desde Nueva York– publicó Martí el brillante prólogo al Poema del Niágara, de Juan Antonio Pérez Bonalde. Y he aquí hermosa coincidencia, que dos grandes de las letras cubanas y venezolanas, Heredia y Pérez Bonalde, hayan cantado, cada uno en su tiempo, las emociones que les inspirara la magnificencia de la naturaleza desbordada; o tal vez no sea solo coincidencia temática, porque José María Heredia vivió durante su infancia en la patria del otro, y en ella “Oyó decir de Bolívar, que se echó a llorar cuando entraba triunfante en Caracas”[4]. Acerca del texto de Pérez Bonalde dijo el Apóstol: “El torrente prestó su voz al poeta; el poeta su gemido de dolor a la maravilla rugidora”, y del herediano: “el Niágara portentoso le reveló, sumiso, su misterio, y el poeta adolescente de un pueblo desdeñado halló, de un vuelo, el sentido de la naturaleza que en siglos de contemplación no habían sabido entender con tanta majestad sus propios habitantes.”



A Cuba vino Domingo del Monte (1804-1853)[5], figura que, a través de sus concurridas tertulias, impulsó el movimiento literario habanero y aportó los fondos necesarios para comprar la libertad del poeta esclavo Juan Francisco Manzano. También vendrán a la Isla: José Antonio Maitín (1812-1824), Miguel Sánchez Pesquera, y muchos otros.



Las razones antes expresadas resultan más que suficientes para el intento de reunir en esta compilación –bajo el signo de tecnologías que aquellos no podían siguiera soñar– un conjunto de textos y de referencias bibliográficas que allanarán el camino de todos cuantos quieran conocer a Venezuela desde la voz y la metáfora de sus poetas. Sabemos que no se trata de un trabajo totalizador, es apenas una muestra de cuánto han aportado esos hombres y mujeres a la cultura de la América bolivariana y martiana; mucho material pudiera ser incluido, pero creemos que esta selección debe, en principio, despertar avidez en los lectores cubanos por conocer más acerca de una literatura que, hasta ahora, nos resulta casi desconocida. Esperamos que cada verso –así sea de los llamados “poetas menores”, a quienes también se les debe justicia– despierte en cada cual sentimientos de amor por esa tierra –a la que tanta poesía, y belleza le debemos– integrante ejemplar de esta región cantada por Andrés Bello:



Salve, fecunda zona,

que al sol enamorado circunscribes

el vago curso, y cuanto ser se anima

en cada vario clima,

acariciada de su luz, concibes!







* Mariana Pérez Pérez (Compiladora)
** Artículo enviado por Argimiro Torres. " El médico Poeta"

BIBLIOGRAFÍA
[1] Pereira, Gustavo. “Las libreas de la razón”. – p. 191. – En su: El peor de los oficios. – La Habana : Ed. Arte y Literatura, 2004.

[2] Martí, José. “Tres héroes”. – p. 230-234. – En: Morales, Salvador. Martí en Venezuela, Bolívar en Martí. – La Habana : Editora Política, 1985.

[3] Morales, Salvador. Martí en Venezuela, Bolívar en Martí. – La Habana : Editora Política, 1985.

[4] Martí, José. “Heredia”. Discurso pronunciado en Hardman Hall, Nueva York, 30 de noviembre de 1889.

[5] Escritor. Nace en Venezuela el 4 de agosto de 1904. Llega a Cuba en 1810. Amigo de Heredia. Funda junto a Jesús Villariño La Moda o Recreo semanal del bello sexo. Publica junto a Saco la Revista Bimestre de la Isla de Cuba. Su casa se convierte en el centro de la vida intelectual del país. Por ella pasan personalidades como Ramón de Palma, José María Cárdenas y Rodríguez, José Jacinto Milanés, Cirilo Villaverde, Felipe Poey, Plácido, Ramón Zambrana y otros. Colabora en El Eco de Madrid, el Aguinaldo Habanero, El Album, El Plantel. Es acusado en la conspiración de la Escalera. Abandona Cuba y muere en Madrid el 4 de noviembre de 1853. Su correspondencia es recogida por la Academia de Historia de Cuba en 7 tomos bajo el nombre de Centón epistolario de Domingo del Monte.

viernes, 20 de agosto de 2010

Josefa Joaquina Sánchez, "la bordadora"

Eumenes Fuguet B. (*)

José María España
Manuel Gual
Agustín Blanco
Casa de la Misericordia


Nos referimos a la digna esposa de José María España, nacida en La
Guaira el 18 de agosto de 1765, hija de Don Joaquín Sánchez y Doña Ana
María Bastidas; sus padres y Domingo su hermano mayor, comprometidos
con el movimiento conspirativo de José Maria España y Manuel Gual,
mejor conocido como de Gual y España, permitieron que Josefa conociera
a José María con quien se casaría el 27 de junio de 1783, procrearían
ocho hijos. Manuel Gual (1759-1800), con su visión redentora tuvo el
honor de diseñar la bandera del movimiento emancipador, el más
completo de los organizados en Venezuela, con mas de noventa personas
comprometidas.

Esta paisana y heroína, Josefa Joaquina es reconocida por la historia
y tradición como "La Bordadora", al realizar con sus finas manos la
enseña cuatricolor representando en los colores amarillo, azul, rojo y
blanco, a Caracas, Maracaibo, Cumaná y Guayana, provincias a liberar;
cuatro estrellas simbolizando a los blancos, negros, indios y pardos,
como también los cuatro derechos del hombre: libertad, igualdad,
propiedad y seguridad. La ejecución del movimiento estaba prevista
para el mes de enero de 1798, pero una delación de un mulato barbero
cuando escuchó al comerciante Manuel Montesinos decir "ya somos todos
libres", informó el 13 de julio de 1797 a las autoridades realistas de
La Guaira; José María y Gual son alertados por Doña Isabel Gómez madre
de Manuel Piar; trasladándose rápidamente hacia Curazao para seguir a
Trinidad; por sus cabezas ofrecían las autoridades españolas seis mil
pesos. Josefa Joaquina a través de personas de confianza le envía al
esposo cartas donde le informaba sobre la situación política en
Caracas y La Guaira.

Al regresar clandestinamente a Venezuela por Barcelona, José María
España es detenido la noche del 29 de abril en una casa vecina de La
Guaira, cercana a la Compañía Guipuzcoana por una delación de Rafael
España un esclavo de su servidumbre, a quien Josefa le había dado
instrucciones de sublevar sus esclavos de la hacienda de cacao en
Naiquatá. El Precursor José María España al siguiente día es enviado
encadenado a Caracas, acusado de conspirador, sedicioso y traidor.
Josefa al no delatar la ubicación de su esposo, es remitida a la Casa
de la Misericordia- hoy Parque Carabobo, donde sufrirá ocho años y
diez meses de prisión sin ver a sus hijos y sus bienes confiscados; la
penuria de la prisión la hizo abortar el 15 de agosto de 1799. José
María España sería arrastrado por las calles empedradas atado a la
cola de un caballo desde el Cuartel San Carlos hasta la Plaza Mayor
donde sería ahorcado y descuartizado a las once de la mañana del 8 de
mayo de 1799 por el verdugo Agustín Blanco; su cabeza y miembros
serían colocados en La Guaira a manera de escarmiento a futuras
conspiraciones, no sin antes exclamar sus proféticas palabras:"no
pasará mucho tiempo, sin que mis cenizas sean honradas". Estando
confinada se entera de la ejecución de su esposo por la causa
emancipadora.

Josefa al cumplir la pena en junio de 1808 se moviliza a Cumaná con su
prole, con la prohibición de volver ni a Caracas, ni a La Guaira. A
raíz de los sucesos del 19 de abril de 1810; la heroína regresa a
Caracas, donde las nuevas autoridades le asignan en agosto de 1811 una
módica pensión en gratitud a la participación de su esposo en la
emancipación. La Junta Patriótica colocó un retrato de José María
España en su sede el 19 de abril de 1811, al cumplirse el primer año
del glorioso movimiento. El 14 de julio de 1811 sus hijos, los cadetes
José María y Prudencio reciben de manos del general Francisco Miranda,
la bandera tricolor por él diseñada y aprobada por el soberano
Congreso el 7 de julio, para izarla en la parte noroeste de la Plaza
Mayor de Caracas, precisamente en el mismo sitio donde doce años antes
fuera ejecutado José María España, cumpliéndose las palabras
visionarias dichas antes de su ejecución.

Doña Josefa pasa los últimos años de su vida en La Guaira y Caracas al
cuido de sus hijos, fallece en ésta última ciudad en 1811. La bandera
por ella finamente bordada es la actual enseña del estado Vargas.
Muchas mujeres tuvieron activa participación en los movimientos
emancipadores, verbigracia Luisa Cáceres de Arismendi, Juana Ramírez
"la avanzadora", Ana María Campos y Josefa Camejo por nombrar algunas
de estas valerosas y abnegadas mujeres. Tenemos la deuda histórica de
conmemorar el DÍA NACIONAL DE LA MUJER VENEZOLANA, en recuerdo y
agradecimiento a ellas. Colombia conmemora con cívico fervor el 14 de
noviembre, el Día de la Mujer Colombiana en homenaje a Policarpa "la
Pola" Salavarrieta (1795-1817), joven heroína de veintidós años,
encargada de recopilar información y logística para las fuerzas
libertadoras, fusilada por Morillo en la Plaza Mayor de Bogotá el 14
de noviembre 1817.

(*) Gral. de Bgda

eumenes7@gmail.com________________________________

sábado, 14 de agosto de 2010

Ramón Díaz Sánchez, orgullo porteño
Eumenes Fuguet Borregales (*)

Puerto Cabello cuna de grandes personalidades, se siente orgulloso al ver nacer en la histórica región el 14 de agosto de 1903, al brillante escritor Ramón Díaz Sánchez, gloria nacional de las letras, enaltecedor de la prosa del país con sus didácticas y prolíficas obras, escritas de una manera muy propia con estilo sencillo. Ramón Díaz relaciona armónicamente en sus obras al personaje con el ambiente; ubicado con razón entre los más importantes representantes de la narrativa; refleja con hondo contenido social la dolorosa vivencia de nuestros paisanos en la época gomecista; en una Venezuela sumida en la miseria, atraso y persecución política. Hijo de Ramón Díaz y Doña Rosario Sánchez, hogar humilde que no pudo darle la preparación requerida. A pesar de la difícil situación familiar, aunada a la muerte de su padre, sin concluir los estudios primarios, pudo ilustrarse leyendo algunas obras disponibles en los pocos tiempos libres que le permitían los diferentes oficios y empleos realizados para colaborar con el sustento familiar.

El joven Ramón realizó en Puerto Cabello diferentes oficios tales como: dependiente de negocios, pintor de letreros, y ayudante de tipografía entre otros. Inspirado en las lecturas y en su voluntad de exteriorizar sus ideas. A los diecisiete años son publicados sus primeros escritos en "El Boletín de Noticias" y en "El Estandarte". En busca de nuevos derroteros se traslada a Maracaibo en 1924; al ponerse en contacto con representantes de las letras y cultura marabina, recibe el estímulo y apoyo para publicar diferentes artículos muchos de tinte político en apoyo a los estudiantes de la conocida generación del 28 contra el régimen gomecista, escritos que le permiten recibir las mejores críticas, como también encarcelamiento en 1929 por un año en el castillo de San Carlos. La prisión le acrecentó su vocación democrática y deseos de seguir escribiendo con la prodigiosa pluma. Al salir en libertad se dirige al puerto natal por poco tiempo, para dirigirse ya casado a Cabimas. Ocupa el cargo de Juez Municipal durante el período 1930-1935; Su vivencia en la costa oriental del lago durante el inicio de la actividad petrolera en gran escala, con masiva presencia de corianos y margariteños con sus angustias y afanes, en busca de mejores oportunidades, esperanzas y futuro, lo inspiran a escribir en 1935 "Mene", voz indígena que significa betún negro o petróleo; obra galardonada ese año por el Ateneo de Caracas, ciudad donde se residencia en 1937. Este letrado porteño, ocupó diferentes cargos públicos tales como: Jefe de Publicaciones del Ministerio de Agricultura y Cría; Director de Gabinete del Ministerio de Educación en 1940, y en 1942 Director de Prensa del despacho.

Su capacidad intelectual, rectitud y capacidad de trabajo lo lleva al Congreso en 1943 como Diputado por el estado Carabobo durante dos años. Sin descuidar sus funciones legislativas escribe en El Universal, El Nacional, El Heraldo, en el semanario "Fantoches" y en la revistas "Elite" y "Billiken". Escribe en 1948 otra de sus grandes obras, "Cumboto" donde evoca al paradisíaco paisaje cercano a las costas de Puerto Cabello con sus cocoteros y manglares; Ramón Díaz Sánchez recibe esta vez el codiciado premio Arístides Rojas. Nuestro biografiado es designado en 1951 Director de Cultura y Bellas Artes, dependencia adscrita al Ministerio de Educación.

El ejecutivo nacional lo envía en misión diplomática como Consejero Cultural en las embajadas ubicadas en: Francia, Italia, España y Alemania; tiempo aprovechado para establecer contacto con los literatos de la época. En 1950 recibe el Premio Nacional de Literatura con su excelsa obra "Guzmán, elipse de una Ambición de Poder", basada en su ácida crítica al general Antonio Guzmán Blanco y la historia política a finales del siglo XIX. La Academia Venezolana de la Lengua lo recibe en 1952 como Individuo de Número; igual distinción recibe en 1958 por parte de la Academia Nacional de la Historia incorporándolo como numerario al asignarle el Sillón letra "S".

Su incansable pluma nos dejó entre tantas e interesantes escritos: "Casandra", "Rostros de Venezuela", "Cecilio Acosta", "Teresa de la Parra", "Líbano una historia de hombres y de pueblos", la "Independencia de Venezuela y sus perspectivas" entre tantos escritos de su cosecha. Ramón Díaz Sánchez orgullo de Puerto Cabello, fallece en Caracas el 8 de noviembre de 1968, dejó a las generaciones presente y futuras una estela de paradigma de las letras y de buen ciudadano.

(*) Gral. de Bgda.
eumenes7@gmail.com

jueves, 12 de agosto de 2010

Jose Antonio Ramos Sucre (1890-1930) Sobrino bisnieto del Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre.

Recopilador: Argimiro Torres*
Es el indiscutido maestro vanguardista del poema en prosa -en Venezuela-
Tres son sus libros poéticos: La Torres de Timón (1925), El cielo de esmalte (1929) y Las formas del fuego (1929)

PRELUDIO
Yo quisiera estar entre vacías tinieblas, porque el mundo lastima cruelmente mis sentidos y la vida me aflige, impertinente amada que me cuenta amarguras.
Entonces me habrán abandonado los recuerdos: ahora huyen y vuelven con el ritmo de infatigables olas y son lobos aullantes en la noche que cubre el desierto de nieve.
El movimiento, signo molesto de la realidad, respeta mi fantástico asilo; mas yo lo habré escalado del brazo con la muerte. Ella es una blanca Beatriz, y, de pies sobre el creciente de la luna, visitará la mar de mis dolores. Bajo su hechizo reposaré eternamente y no lamentaré más la ofendida belleza ni el imposible amor.

EL FUGITIVO
Huía ansiosamente, con pies doloridos, por el descampado. La nevisca mojaba el suelo negro.
Esperaba salvarme en el bosque de los abedules, incursados por la borrasca.
Pude esconderme en el antro causado por el desarraigo de un árbol. Compuse las raíces manifiestas para defenderme del oso pardo, y despedí los murciélagos a palmadas.
Estaba atolondrado por el golpe recibido en la cabeza. Padecía alucinaciones y pesadillas en el escondite. Entendí escaparlas corriendo más lejos.
Atravesé el lodazal cubierto de juncos largos, amplectivos, y salí a un segundo desierto. Me abstenía de encender fogata por miedo a ser alcanzado.
Me acostaba a la intemperie, entumecido por el frío. Entreveía los mandaderos de mis verdugos metódicos. Me seguían a caballo, socorridos de perros negros, de ojos de fuego y ladrido feroz. Los jinetes ostentaban, de penacho, el hopo de una ardita.
Divisé, al pisar la frontera, la lumbre del asilo, y corrí a agazaparme a los pies de mi dios. Su imagen sedente escucha con los ojos bajos y sonríe con dulzura.

"La torre de Timón"


El poema comienza desde su título a señalar su sentido trascendental, pues se trata de un hombre que se pone en condición de fugitivo, lo que da a entender un escape desesperado de un ambiente opresor que no es otro que el mundo materialista y desenfrenado.
El fugitivo va con los pies adoloridos y por un terreno descampado, es decir, cansado de recorrer por las diferentes vías y medios que suponen la trascendencia y a merced de los errores que puedan tener, que es lo que viene a significar el terreno descampado y la “nevisca que mojaba el suelo negro”. Luego prosigue con una decepción producida, obviamente, por la escasez de respuestas espirituales que (en nuestro caso) se encuentran en la religión tradicional simbolizada por el “bosque de abedules” que se ven “incursados por la borrasca”, o sea, las discrepancias, oprobios y calamidades que recaen sobre ésta. Finalmente el fugitivo resuelve ocultarse en “un antro causado por el desarraigo de un árbol” que no es otro que el antro de su propia interioridad donde el árbol representa “la vida del cosmos”17 o su “naturaleza humana”18 donde, haciendo uso de la templanza manifiesta por la conciencia, se defiende de los impulsos instintivos que son el “aspecto peligroso del inconsciente” representados por el simbolismo del oso, “atributo de hombre cruel y primitivo”19 y espanta las dubitaciones que es lo que corresponde al murciélago.
El siguiente párrafo manifiesta la confusión y aturdimiento que produce acercarse a la “verdad reveladora”, es decir, a la convicción interna de la supremacía de la “voz de la conciencia” que deslumbra las verdades del Ser, las cuales, debido a su profundidad, pueden ocasionar “alucinaciones y pesadillas” que no tienen otra connotación que las luchas internas entre el Ser superior e inferior y la forma de superar tales tiranteces, no es otra que ser firmes en el camino de la superación y “escaparse más lejos”.
“Atravesar el lodazal” representa la superación del ego y todas las cosas que a él van vinculadas como las bajas pasiones, la gula, la envidia, la pedantería, la vanidad, la cólera, la soberbia, la avaricia; en fin, todos los vicios humanos. Después de la superación del ego, el iniciado se enfrenta “a un segundo desierto”,20 el cual representa el terreno de la espiritualidad y todo lo que implica mantenerse en ese estado de beatitud, que se confirma con las líneas siguientes: “Me abstenía de encender fogata por miedo a ser alcanzado” y “Me acostaba a la intemperie, entumecido por el frío”; el primero se refiere a la actitud modesta que debe adoptar quien ha arribado a ese punto cuidándose de no “ser alcanzado” por los hostigamientos del ego; en cuanto al segundo párrafo el sentido es claro: las diversas pruebas y trabajos que debe soportar el iniciado para mantener la templanza y su condición de santidad. “Los verdugos metódicos” vienen a simbolizar todas aquellas personas de malas influencias que, con diferentes ardides, arrastran al camino del vicio y la corrupción, los cuales están alentados por un espíritu maligno simbolizado por los “perros negros” y “sus ojos de fuego y ladrido feroz” representan, por un lado, la destrucción de la espiritualidad cognado con el simbolismo del ojo y el fuego y, por otro lado, el peligro y la asechanza, los instintos y los placeres mundanos.21
“Los jinetes” aluden a los “mandaderos de los verdugos metódicos” que ya mencionamos; pero se menciona un particular bastante interesante: la contraposición de dos símbolos encontrados, “el penacho”, que en correspondencia con el símbolo de la corona, la cual según Cirlot toma su sentido esencial de la cabeza vista como emblema y conlleva la idea de la superación puesto que ésta está más arriba de la cabeza, en el “plano celeste”, y en un sentido más amplio el logro de una empresa;22 y “el hopo de una ardita” que Ramos Sucre le imprime un toque de ironía al coronarlos con un gorro hecho de un material tan burdo y que alude, como símbolo, “a conceptos infantiles subconscientes relacionados con el cumplimiento del deber desde una perspectiva de inseguridad”23 lo que equivale a la insensatez, a la negligencia y por ende el fracaso en la senda espiritual, quedando así por completo eliminada la marca positiva que entraña el símbolo anterior.
Luego, finalmente, se sigue el campo semántico de la coronación, es decir, el triunfo pero esta vez del penitente que ya superando todos los obstáculos puede percibir su puerto seguro hacia el refugio de la interioridad desarrollada por el espíritu; es decir, surge ese dios interior de la iluminación de la conciencia, el esplendor del Yo: “Divisé, al pisar la frontera, la lumbre del asilo”, “corrí a agazaparme a los pies de mi dios”; hasta llegar al estado supremo o trascendencia total hacia lo superior, que te coloca en un plano análogo a la divinidad, lo que en las culturas orientales representa el nirvana o evanescencia de los sentidos en el corazón del mundo: “Su imagen sedente escucha con los ojos bajos y sonríe con dulzura”. Que se traduce en la subordinación del ego, el “Yo inferior” a la conciencia superior y la correspondencia o complacencia con la divinidad.
Así, pues, de esta interpretación se desprenden factores que dan a entender una susceptibilidad de parte del protagonista, que no es otro que el eco de la psiquis profunda del autor, una búsqueda hacia la elevación y por tanto hacia un refugio del Ser de las amenazas y peligros que lo circundan, así viene a confirmar la segunda tesis que proponíamos, es decir, Ramos Sucre como hombre que trata de hallar su propio Yo, un hombre que huye de las tinieblas del espíritu hacia la elevación de la conciencia; siendo de este modo, vemos al personaje alcanzar su objetivo y complacerse en ello; vemos, pues, el triunfo de la luz sobre las tinieblas.
Sin embargo, con miras a conseguir las trazas de la primera tesis, es decir, determinar en qué medida Ramos Sucre se acerca al “desesperado que no quiere ser él mismo” observemos otro poema donde el desenlace es inverso al anterior.

LA CUITA
La adolescente viste de seda blanca. Reproduce el atavío y la suavidad del alba. Observa, al caminar, la reminiscencia de una armonía intuitiva. Se expresa con voz jovial, timbrada para el canto de una fiesta de primavera.
Yo escucho las violas y flautas de los juglares en la sala antigua. Los sones de la música vuelan a zozobrar en la noche encantada, sobre el golfo argentado.
El aventurero de la cota roja y de las trusas pardas arma asechanzas y redes contra la doncella, acerbando mis dolores de proscrito.
La niña asiente a una señal maligna del seductor. Personas de rostro desconocido invaden la sala y estorban mi interés. Los juglares celebran, con una música vehemente, la fuga de los enamorados.


"La torre de Timón"


Comencemos por destacar que los títulos de la poesía de Ramos Sucre funcionan efectivamente como texto macro de los poemas que contienen; es decir, funcionan como primeros comentarios del discurso que comienza con la voz de la persona poética. En este caso el título alude dentro de su campo semántico al dolor del poeta que yace entre líneas, transparentado en el poema y que canta su congoja por medio de su narración, y esta vez se vale del simbolismo de la virgen o la doncella, que viene a significar la “representación del alma y del ideal”24 encarnada en “la adolescente” que “viste de seda blanca”, la indumentaria no en vano se trata de un material tan terso y suave como la seda que alude a la sensualidad, a la vanidad característica de esa etapa de la vida, asimismo el color, que representa la pureza y la luz y en este contexto termina significando el estado de la inocencia; así, pues, la adolescente entraña esa condición de fragilidad, de la posibilidad de ser corrompida por el vicio.
Más adelante se sigue describiendo el avance de la senda de la espiritualidad transitado por el alma en estado inmaculado, la cual se proyecta como imagen prístina de aquella edad de oro que comentábamos más arriba sobre la ruptura del tiempo y el mundo transhistórico de Eliade, esto se presenta en el párrafo: “Observa, al caminar, la reminiscencia de una armonía intuitiva”; luego señala que tal reminiscencia es ciertamente la clave para el desarrollo del alma; es, pues, la guía, la voz de la conciencia que indica el camino recto hacia la felicidad espiritual; “se expresa con voz jovial, timbrada para el canto de una fiesta de primavera”.
A este punto se salta del personaje lírico al personaje que entraña la psiquis del autor, es decir, el Yo que aquí se infiltra como un personaje-narrador: “Yo escucho las violas y las flautas de los juglares en la sala antigua”, donde los instrumentos musicales equivalen a un sesgo a la conciencia, una interrupción a su serenidad, es decir, comprenden simplemente una distracción que luego se reafirma con “los sones de la música vuelan a zozobrar en la noche encantada, sobre el golfo argentado”. Ahora bien, el simbolismo de los juglares adquiere una importancia crucial, pues, como representación de la actividad originaria en el hombre a su poder creativo, y por ende alude a su capacidad de procreación, viene dado como el elemento que promueve la exaltación de la psiquis, y como a los cambios internos se corresponden los externos, también simboliza el llamado de la sensualidad y el despertar de los instintos que son en realidad nuestros primeros indicios biológicos de la vida o actividad primaria; “la sala antigua” es así otro símbolo de la estancia espiritual y de la pureza en su estado original e incorrupto.
El siguiente párrafo inserta otro personaje, “el aventurero de la cota roja y de las trusas pardas”; en primera instancia se refiere a la personificación de los juglares, aparece ceñido de una cota roja, es decir de una armadura embadurnada del rojo de los impulsos pasionales, símbolo similar entraña la otra prenda; luego se puntualiza: “arma asechanzas contra la doncella”, lo que confirma el sentido que le hemos venido connotando de elemento desestabilizador, luego se asoma de nuevo el Yo psíquico del poeta reafirmándolo: “acerbando mis dolores de proscrito”, y el cual se define como condenado por la debilidad de ceder ante la tentación que se le presenta, o sea, los bajos instintos; por esto mismo dirá luego: “la niña asiente a una señal maligna del seductor”. Entonces comienzan los elementos perturbadores de la pureza, el Yo se ve invadido por las asechanzas de la vida mundana que lo apartan del objetivo que se ha trazado, la meta de la superación: “personas de rostro desconocido invaden la sala y estorban mi interés”.
El párrafo que culmina el poema señala el triunfo de los sentidos sobre la templanza. “Los juglares celebran, con una música vehemente, la fuga de los enamorados”.
Así vemos que, a juzgar por estos dos análisis, la balanza entre los dos tipos de angustia descrita por Kierkegaard se mantiene en equilibrio, ya que se comprende una angustia precipitada hacia el existir, ya sea que triunfe la templanza o el vicio; lo que se marca incisivamente es la búsqueda de la liberación plena de la conciencia humana, pues su angustia se refiere a la condición esencialmente humana, es decir, al pleno existir, y es por esto que el Yo psíquico o poético, así como lo llama Ilis M. Alfonzo, tiene una condición universal que toca la fibra del hombre como Ser ontológico:

“(...) el Yo poético de Ramos Sucre es un signo móvil que sólo puede ser aprehendido en la instancia del discurso creativo que lo contiene, visto éste como parte integrante de un universo más amplio. Es decir, ese Yo constituye una categoría psíquica que trasciende la individualidad del poeta y se convierte en espejo de una conciencia humana de carácter colectivo, asumida por el emisor a través de su discurso y desde la perspectiva de su espacio interior”.25

Así, pues, el acto poético pasa a ser una vía de liberación transitoria o un subterfugio para huir de la aparatosa “ciudad enemiga” del alma, también es el trampolín hacia el mundo del ensueño, de la fantasía; en fin, es el refugio espiritual de un alma compungida por las embestiduras de la vida en cuanto a su faceta externa, pero además también en cuanto a la carga de las cadenas del mero existir, a la prisión del Ser y su consecuente angustia de estar aprisionado en una cárcel de carne y hueso, que por la debilidad de la condición humana en relación con los diversos factores contaminantes a los que está expuesto el Yo, no le permite escalar hacia la cumbre, hacia la elevación de sí mismo; por esto es frecuente en la obra de nuestro autor la llamada incesante al valor de la voluntad ante la impericia, el vicio y los instintos pasionales; de allí que en sus poemas aparezca siempre ese ascetismo pronunciado en sus personajes que encarna el Yo de la humanidad del poeta, el cual se ramifica en una multiplicidad de caracteres y símbolos, pues la característica de estos últimos es precisamente su pluralidad, la apertura del universo sincretizado en el mundo literario de la poética de Ramos Sucre.
Pasemos ahora a revisar de manera sucinta otros rasgos presentes que no dejan de ser importantes a la hora de considerar su contenido.
La melancolía viene a ser una constante en la obra de este insigne poeta, y es que la melancolía encierra en sí misma un estado de frustración y a la vez de nostalgia; la nostalgia, en este caso, de la reminiscencia de aquella época dorada en alianza con la divinidad; claro está, este fenómeno se produce siempre en el marco de la interioridad y de los sentidos de manera inconsciente, o aflora por lo menos de manera fortuita a la conciencia, o en palabras del mismo poeta como “reminiscencia de una armonía intuitiva”, o quizá la melancolía está más bien asociada a la subordinación del ánimo del hombre, único animal consciente de su extinción, quizá sea más bien ese fervor humano por sobrepasar los límites de su propia humanidad, de conseguir la liberación de la tumba de los sentidos como ya lo anunciaba el pensamiento platónico: “σωμα σεμα εστι”,26 y del que también se nutrieron los estoicos. Es en este sentido que Eloy Valero concibe la estética de Ramos Sucre dentro de lo saturneano:

“Saturno ha descendido hasta nosotros como una idea a la manera platónica: una entidad que posee cierta plasticidad y función (...). Tan antigua como la civilización misma, es esta idea de la melancolía. Idea que nos identifica un temperamento y revela una paradoja: reflexionamos sobre nuestra existencia precisamente porque la sabemos finita, sólo podemos apreciarla contra el horizonte de la muerte. Nos inclinamos meditativos sobre un misterio que por una parte nos supera y por la otra nos niega: de la presencia plena del ser a la ausencia muda de la muerte. Quizás sea por esta razón, entre otras, que se le atribuya a Saturno el ser mensajero de una edad arcádica y feliz previa a la hecatombe primigenia de la que surgió el mundo”.27

Pero antes de la muerte se encuentra la agonía, el dolor que se traduce como la lucha interna entre el mundo espiritual y el mundo de los sentidos; es, pues, la agonía de un hombre que se debate entre las dos lanzas en ristre de los lados opuestos de su Yo, así como la dualidad del mundo que no deja de sumir el espíritu al duro juicio del libre albedrío, a la cuerda floja del existir que no es otra que la duda, la hesitación del camino a seguir; es, pues, la agonía de batirse en cierto tipo de infierno maniqueísta de donde sólo se logra escapar por medio del afianzamiento de la voluntad hacia la templanza del ánimo en ese trabajo de anacoreta que se resigna a su padecer con tal de arribar a su objetivo. Buena parte de este sentido lo encontramos en poemas como: “Entonces”, “Cansancio”, “La tribulación del novicio”, “La cuita”, “El solterón” y, entre otros tantos, “Elogio a la soledad”, que a propósito trae a colación el sentido de ésta en el acervo poético de Ramos Sucre que no es otro que el del asilo, la guarnición del espíritu, el desierto propicio para la revelación divina, donde los “santos que renegaron del mundo (...) tuvieron escala de perfección y puerto de ventura”.
Así, pues, si la soledad es el asilo mágico para aquellos espíritus sensibles al suburbio, “al signo molesto de la realidad” y al desenfrenado materialismo, alegando que “siempre será necesario que los cultores de la belleza y del bien, los consagrados por la desdicha se acojan al mudo asilo de la soledad, único refugio acaso de los que parecen de otra época, desconcertados con el progreso”. Entonces la muerte pasa a ser el alivio de todos los sufrimientos padecidos en el ejercicio ascético y en la soledad, pues la muerte en la poética de Ramos Sucre va asimilada a la liberación del espíritu más que a la fatalidad que pueda comportar el hecho de la muerte; así lo corrobora Ilis Alfonzo con lo siguiente:

“Sólo enfocada desde una perspectiva simbólica se podrá comprender la vivencia de la muerte confrontada por el sujeto lírico del poema, pues únicamente entendida la muerte como rito de tránsito de un estado del ser puede el Yo contar dicha experiencia; es decir, rememorar una metamorfosis de orden espiritual. Toda transformación implica el fin de algo existente y para alcanzar un nuevo estado de vida es preciso morir (...)”.28

Tal es pues el sentido de la muerte, y en general todos los rasgos que hemos señalado acaban convergiendo en un solo punto: la trascendencia. Y ésta se ve abordada desde la perspectiva de los símbolos que subraya el carácter psicológico del poeta en su comprensión de la vida como un tramo existencial donde se deben afrontar las penas y dolores que provoca dicha existencia para así resurgir a una nueva conciencia; asimila, por tanto, las viejas concepciones religiosas de la antigüedad en cuanto a la trascendencia de un nuevo mundo, una vez conquistadas las pruebas que impone éste; así, pues, se entiende el camino misterioso que se vislumbra en ese Yo poético de su obra, que no es más que el Yo herido y sublimado por la balanza del bien y del mal, camino que sólo se comprende como la guía que lleva hacia ese estado de la sublimación y la muerte es precisamente la liberadora, “la blanca Beatriz” que lo llevará de la mano hacia ese mundo del esplendor espiritual, es la muerte el constante símbolo que subyace en su poesía bajo diferentes aspectos y personalidades que lo ayudará a encontrarse con su Ser verdadero, al igual que todos los personajes forman parte de ese universo trascendental que, magistralmente, Ramos Sucre ha sabido inmortalizar en su obra.
Hasta este punto hemos tratado el contenido de la obra, pero todos estos elementos que acabamos de perfilar se ven enmarcados en una forma, que como ya lo habíamos comentado, el poeta se esforzaba de tal manera en bruñir su obra que muy difícilmente se le pueda encontrar un punto de fisura en su escritura. Sin embargo, queda siempre un tipo de duda y más que duda se podría decir que se trata de una verdadera perplejidad entre sus críticos, y es el hecho ¡innovador!, por lo menos en las letras hispanoamericanas, de la composición de la obra de nuestro poeta, es decir, el hecho de que se presente un texto aparentemente prosado con todas las características del más cincelado de los sonetos y con la sensibilidad de la más apasionada lira. Es un hecho innegable, no obstante, que se trata de legítima poesía, pues tiene características y cuenta con recursos poéticos precisos que así lo confirman, pero también es una prosa, en todo caso exquisita, que lleva un lineamiento sintáctico y prosódico que lo acerca a las estructuras de los clásicos grecolatinos, cuestión que en el caso de este insigne cumanés es totalmente comprensible gracias a su abnegación al cultivo de las letras clásicas y a su vasta erudición; se presenta, pues, si se quiere, como un híbrido a los ojos de sus contemporáneos, que lo colocan como un caso excepcional en la poesía latinoamericana y que lo coloca como figura vanguardista de punta de lanza.
Sin embargo, este tipo de escritura ya venía aflorando en el seno del romanticismo y modernismo francés en figuras como Baudelaire que tenía como ejercicio literario el apunte prosado de sus “cohetes” o “destellos”, como él les denominaba, de sus poemas; una especie, pues, de esbozo literario que fundamentaron muchas de sus poesías, las cuales Baudelaire luego publicó bajo el nombre de Pequeños poemas en prosa, pero la diferencia entre éstos y La torre de Timón, El cielo de esmalte o Las formas del fuego es que fueron escritos deliberadamente en ese estilo tan particular que lo caracteriza, quizás se pueda creer, haciendo una ingenua inferencia, que Ramos Sucre condensó aquellos estilos remozados por el romanticismo y las estructuras poéticas y estructuras del simbolismo de Baudelaire o de Nerval, y las fusionó con su particularísima voz poética que le imprime ese tono tan único que es, sin duda alguna, el Yo existencial de nuestro poeta. Observemos otra opinión al respecto para que sirva de colofón a esta idea.

“En todo caso es evidente que Ramos Sucre no eligió la forma aparencialmente prosística porque careciera ‘del dominio de la rima’, como se ha pretendido, sino porque optó a conciencia por una forma que ya tenía historia (desde Baudelaire al menos) y que ni puede definirse como ‘poema en prosa’ ni como ‘cuento’, pues maneja recursos de ambos. Cuando los instrumentos lingüísticos y estilísticos que pone en funcionamiento Ramos Sucre se adecúan mejor al narrar, nos encontramos claramente en la órbita de un ‘cuento’, pero cuando voluntariamente los dificulta, rompe o escamotea, nos aproximamos al ‘poema en prosa’, sin abandonar por eso una cierta ilación narrativa que no es específica del cuento, sino, diríamos, del relato (del récit) en lo que a éste tiene de expresión indistinta de múltiples géneros, pues está en la poesía, aun en aquella más lírica y concentrada, en la novela, en el teatro, en las series de imágenes que componen un filme, en cualquier manifestación secuencial donde los distintos elementos componentes funcionan como eslabones que se articulan lógicamente entre sí para formar una cadena, ya sea de causa a efecto, ya sea meramente de antecedente a consecuente”.29

Toda esa concatenación de elementos se sucede y desarrolla en ese movimiento casi fílmico que Ángel Rama tan puntualmente ha señalado, a través de recursos literarios que lo hacen posible.
Para entrañar estas consideraciones literarias y la estructura poética de Ramos Sucre hay que discurrir en la prosodia que comprenden sus escritos, la cual no se ve como una mera acentuación rítmica lograda por estribillos, hemistiquios o cualquier otro recurso poético tradicional de trabamiento de rimas asonantes o consonantes, pues su prosodia no se encuentra en estos elementos sino en el ritmo que marca su escritura apodíctica, llena de aposiciones y calificativos exactos, todos estos recursos enmarcados en una secuencia de oraciones y párrafos cuasisimétricos delimitados con una puntuación determinante, estos elementos intensifican el ritmo de la prosa de manera que se acerca por su forma cuantitativa del tratamiento de las sílabas a la poesía rimada, y por otro lado, el uso de las aposiciones le confiere al texto ese tono reflexivo constante que tan acorde se presenta con el contenido. Además existe una relación sintáctica entre las oraciones dadas por repeticiones de formas verbales personales, igualmente guiadas por una secuencia, si no matemática, sí numérica; con escasas formas perifrásticas, recursos que le confieren al escrito ese sincretismo y condensación.
Otro de sus tratamientos es el uso de la primera y tercera persona, casi siempre del singular, que otorgan ese sentido de la introspección y de la expectación que son, esencialmente, las posturas del contemplativo y del hombre reflexivo de talante filosófico. Por otro lado, está el uso preferente de los tiempos en pretérito y con mayor frecuencia el pretérito imperfecto, el cual por su propio aspecto de prolongación del pasado, le da esa facultad al escrito de traer a la memoria un pasado eternizado en el presente, consiguiendo de esta forma la concepción que sustenta el pasado translingüístico o la reminiscencia, estos mismos efectos los consigue con el uso del presente histórico pero a diferencia de traer a colación el tiempo pretérito al presente, con éste el Yo poético se traslada hacia aquel pretérito u otrora, que equivale a la búsqueda de “paraíso perdido” del mismo, es decir, a la era mítica de la edad de la inocencia; asimismo, estos recursos encajan con el mundo onírico y fantástico expresado en su obra.
Así, pues, vemos a un escritor que escribe con la premura, con el aplomo, con la fuerza, con el desconcierto, con la serenidad de estar convencido de que él es el único testigo de una realidad que le es profundamente extraña y que él comprende atroz. La comprende atroz como sólo puede hacerlo quien se ve prisionero en las ergástulas del cuerpo; “σωμα σεμα εστι”, había dicho Platón, y Ramos Sucre quería abandonar esa tumba, morir y renacer a una nueva conciencia, y todo dictado por la Voz de esa alma misteriosa y profunda del Yo que alcanza a ver intuitivamente, borrosamente, como un sueño, o lúcida e incandescentemente, aquel pretérito que se asoma al presente como por un presagio y con el cual practica un rito que ignora, que nadie le transmitió pero que pertenece a épocas ancestrales. Su invención literaria es radical. Se empecina en subvertir las claves puestas en sus textos; sin embargo, todo posee significado, cada frase parece conducir a la realización de la fábula, a un maravilloso universo que surge desde las más abismales profundidades de su Ser, al mundo de un ensueño lírico proveniente de un único anhelo: la trascendencia; pero que tiene siempre su referente en el mundo real, en el mundo de la injusta acrimonia en contra de los débiles, un mundo aborrecible para el poeta abismado en su Yo, que se presenta sañudo y con mirada adusta, alejado de la muchedumbre, que se declara amante del “dolor, la belleza y la crueldad, sobre todo esta última, que sirve para destruir al mundo abandonado al mal”. Sin embargo, como un hombre que interiormente abriga la esperanza de la superación del Ser a través del esplendor de la conciencia y por ende da un voto de confianza a la humanidad, pues reconoce la hermandad que conviene con el prójimo, comprende la humildad como penitente que es; se ve, pues, como un hombre sencillo que tiene la capacidad de decir: “tomo el periódico, no como el rentista para tener noticias de su fortuna, sino para tener noticias de mi familia, que es toda la humanidad”; un hombre, pues, que escuchó el llamado de su corazón y sintió la amalgama del universo en su Ser, y que como deber de sagrado profeta debía comunicar a su familia el arcano de ese tesoro olvidado, compartido con todos pero imperceptible para los insensatos, así que se valía de su magia poética para comunicar, con pericia de alquimista, la enseñanza de los ancestros que viven en la conciencia del mundo.


Bibliografía

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* Ricoeur, Paul. Le conflit des interprétations. Essais d’herméneutique. Ed. Seuil, París, 1969.
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* Valero, Mario. El legado de Saturno en la obra de José Antonio Ramos Sucre, Dirección de Publicaciones del Rectorado de la Universidad de Carabobo, 1997.



Notas

1. Estos datos biográficos y sus diferentes ediciones fueron tomados a modo de suplemento informativo de la Fundación José Antonio Ramos Sucre.
2. I. M. Alfonzo en La búsqueda secreta de José Antonio Ramos Sucre, Venezuela, 1988, p. 17.
3. Le Rêve est une seconde vie. Je n’ai pu percer sans frémir ces portes d’ivoire ou de corne qui nous séparent du monde invisible. Les premiers instants du sommeil sont l’image de la mort;un engourdissement nébuleux saisit notre pensé, et nous ne pouvons déterminer l’instant précis où le moi, sous une autre forme, continue l’œuvre de l’existence. G. Nerval. Aurélia, París, 1963, Cap. I. p. 3 (traducción propia).
4. Pero no hay que dejar de tomar en consideración el título que R.S. le coloca al citado poema.
5. “El sueño es hermano de la muerte”.
6. O. Beigdeber. La simbología. Barcelona, 1971, p. 5.
7. R. Guillón. “Simbolismo y Modernismo”, en I. M. Alfonzo, 1988. p. 56.
8. Ídem.
9. M. Eliade. Imágenes y símbolos, Madrid, 1979, p. 12.
10. Á. Rama. El universo simbólico de José Antonio Ramos Sucre, Cumaná, 1967, p. 35.
11. Op. Cit., p. 8.
12. P. Ricoeur. Le conflit des interprétations. Essais d’herméneutique. París, 1969, pp. 283-284.
13. E. Cassirer. Antropología filosófica, México, D.F., pp. 47-49.
14. M. Gibson. El simbolismo. Alemania, 1997, p. 19.
15. “No hay otra verdad más cierta, más independiente ni que necesite menos pruebas que la de que todo lo que puede ser conocido, es decir, el universo entero, no es objeto más que para un sujeto, percepción del que percibe; en una palabra: representación”. A. SHOPENHAUER: El mundo como voluntad y representación, México, D.F., 1998 p. 19.
16. S. Kierkegaard. Tratado de la desesperación, Madrid, 1994, pp. 23-24.
17. Juan Eduardo Cirlot. Diccionario de símbolos. Ed. Siruela. 1997.
18. Para mayor comprensión del símbolo me voy a permitir citar a Cirlot al respecto: “El árbol representa, en el sentido más amplio, la vida del cosmos, su densidad, crecimiento, proliferación, generación y regeneración. Como vida inagotable equivale a la inmortalidad”. Según Eliade, como ese concepto de ‘vida sin muerte’ se traduce antológicamente por ‘realidad absoluta’, el árbol deviene dicha realidad (centro del mundo). El simbolismo derivado de su forma vertical transforma ese centro en eje. Tratándose de una imagen verticalizante (...), se comprende su asimilación a la escalera y a la montaña, como símbolos de la relación más generalizada entre los ‘tres mundos’ (inferior, ctónico o infernal; central, terrestre o de la manifestación; superior, celeste). (...) Según Rabano Mauro, en Allegoriae in Sacram Scripturam, también simboliza la naturaleza humana (lo que, de otra parte, es obvio por la ecuación: macrocosmos-microcosmos)”. Idem cita 8, pág. 89.
19. Idem cita 8, pág. 351.
20. “Dice Berthelot que los profetas bíblicos (...) no cesaban de presentar su religión como la más pura de Israel. Esto confirma el valor específico del desierto como lugar propicio a la revelación divina (...). Ello es causa que, en cuanto paisaje en cierto modo negativo, el desierto es el ‘dominio de la abstracción’, que se halla fuera del campo vital y existencial, abierto sólo a la trascendencia”. Bis cita 8, pág. 170.
21. Según Armando Carranza los ladridos simbolizan tres formas de inquietudes; sin embargo, a efectos de este contexto sólo citaré las dos primeras: “La primera es alarma sobre peligros que acechan en lo personal a quien sueña o al terreno en que se desenvuelve. La segunda es manifestación de la parte animal (...), la sexualidad, el interés por las cosas de la vida material más placentera, ámbito de influencia del nahual. A. Carranza. “Comprender y usar los sueños”. Barcelona, 2002, p. 361.
22. Op. cit. 9, p. 150.
23. Op. cit. 13, p. 193.
24. Op. cit. 20, p. 285.
25. Op. cit. 2, p. 75.
26. “El cuerpo es una tumba”.

*Argimiro Torres.El Médico Poeta. Recopilador y analista

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