Eumenes Fuguet Borregales (*)
Brillante presbítero, de clara inteligencia, carácter y de gran imaginación, tercer Arzobispo de Venezuela; digno servidor a la Patria y a Dios. Nacido en Barinas el 31 de mayo de 1775, hijo de Don Diego Méndez y Doña Gertrudis de la Barta y Fernández. Luego de recibir las primeras enseñanzas en el lar nativo, es enviado a Caracas en 1790 al Seminario Santa Rosa de Lima, para realizar los estudios superiores, pudiendo obtener luego de larga preparación y perseverancia, el titulo de bachiller, la licenciatura y maestro en filosofía, Derecho Canónico y Civil. Recibe en Mérida las primeras órdenes sagradas; por parte del Obispo de Caracas obtiene el presbiterato en 1797; su primer cargo lo ejerce en Barinas como Teniente Vicario. Gracias a su iniciativa y vocación observada por sus superiores, permiten su traslado a la Catedral Mérida hasta 1803, cuando el Obispo lo asciende a Provisor y Vicario General, cargo aprobado por el capitán general de Venezuela Manuel de Guevara Vasconcelos (1740-1807). El sacerdote Ramón Ignacio Méndez cumplió en Mérida una excelente labor docente en el Real Colegio de San Buenaventura; siendo recompensado en 1803 con el nombramiento de Rector de dicho centro de estudios; con esa actividad realizada hasta 1809, logra conferir grados mayores y menores en Filosofía, Teología y Cánones. En 1810 regresa a Mérida, año del memorable 19 de abril; la Junta Superior de Gobierno surgida en apoyo al movimiento caraqueño, lo designa Diputado por Guasdualito al Congreso que se reunió el 2 de marzo de 1811. El presbítero Ramón Ignacio Méndez con tal representación, el 5 de julio, aprueba la propuesta de independencia y uno de los firmantes del Acta respectiva firmó el Acta de Independencia. Llegó a ejercer la vicepresidencia del Congreso cargo que se turnaba entre los diputados. En 1812 luego de la pérdida de República es detenido en Barinas y llevado a los calabozos de Puerto Cabello, logrando su liberación a los pocos meses ante el avance exitoso del futuro Libertador en la el desarrollo de la Campaña Admirable. El sacerdote se interna en la selva de Casanare en 1814, incorporándose mas adelante al ejército llanero comandado por el "Centauro" Páez en la campaña realizadas en 1815 y 1816. Estará en Guayana en 1817 a las órdenes del sacerdote José Félix Blanco, prestando servicios en las Misiones del Caroní, integrada por veintidós comarcas indígenas con una población de veinte mil habitantes, proporcionando alimentos, caballos y animales de carga en apoyo a las operaciones militares en Guayana. Asistente como Diputado por Barinas al segundo Congreso reunido en Angostura el 15 de febrero de 1819. Este ilustre prelado fue designado de nuevo representante ante el Congreso a reunirse en Cúcuta en 1821. Nombrado en 1824 Arcediano de la Catedral de Caracas, al año siguiente es enviado a la Catedral de Bogotá con la designación de Maestrescuela. Monseñor Méndez era un acérrimo opositor a la Ley de Patronato Eclesiástico, postura que le traería futuros inconvenientes. El Libertador lo propone al Congreso para la Arquidiócesis de Caracas en reemplazo del Arzobispo Narciso Coll y Prat, solicitud aprobada y ratificada por el Papa León XII. En Mérida es consagrado el 18 de febrero de 1828 por el Obispo panameño Rafael Lasso de la Vega titular de la ciudad emeritense y amigo de Bolívar; el prelado Méndez ocupa el cargo en Caracas el 11 de mayo de 1828. Al mantener su inconformidad con la Ley de Patronato Eclesiástico de la Constituyente de Valencia, es expulsado del país hacia Curazao en 1830. A comienzos de 1831 le escribe a Páez: "En Venezuela la religión no conservaba su pureza, sus libertades y su jurisdicción, porque se acababa de profanar el Santuario, porque el gobierno se había erigido en maestro y director del culto, rehusado a oír los clamores del clero y del pueblo". Se le permite regresar en 1832; le correspondió consagrar en la iglesia de San Francisco de Caracas el 27 de noviembre de 1835 a Monseñor José Vicente de Unda como Obispo de Mérida. Las continuas oposiciones de monseñor Méndez, motivan a la Corte Suprema de Justicia en 1836 la nueva expulsión hacia Curazao. Se traslada a Bogotá, complicándose la salud a causa de fiebre al atravesar la sierra, allá escribe una emotiva Carta Pastoral dirigida a la feligresía, despidiéndose de su grey que lo admira y respeta: ".En fin hermanos e hijos nuestros muy amados, estad siempre firmes en la fe, vivid de la caridad; alimentad vuestra esperanza con la buenas obras, y recibid nuestra pastoral bendición como la prenda mas segura del cristiano amor que os profesamos". Fallece el 6 de agosto de 1839 en Villeta cerca de Bogotá, recibió por parte de las autoridades civiles y eclesiásticas emotivos honores fúnebres. Su cuerpo permaneció enterrado en Bogotá hasta el 16 de diciembre de 1942, fecha de su ingreso al Panteón Nacional; augusto lugar donde se encuentran los venerados restos de los sacerdotes José Félix Blanco, José Vicente de Unda y Francisco Ibarra.
(*) Gral. de Bgda
eumenes7@gmail.com
Artículo publicado el: 19/05/10
Diario El Carabobeño
Historia y Tradición
domingo, 23 de mayo de 2010
miércoles, 19 de mayo de 2010
James Towers English White, irlandés emancipador
Eumenes Fuguet Borregales (*)
En el transcurso de la segunda quincena del mes de marzo del presente año, la Casa Bonhams en Londres, subastó: un poema manuscrito, una carta firmada y un mechón de pelo del Libertador, adquirida por un comprador anónimo por la cantidad de treinta mil libras esterlinas, equivalentes a treinta y tres mil euros o cuarenta y cinco mil dólares; histórica herencia dejada por la señora Mary English, viuda del prócer James Towers English, nacido en Dublín, capital de Irlanda el 22 de febrero de 1782. Con la derrota de Napoleón Bonaparte, surge el 9 de junio de 1815 el Tratado de Viena, quedando miles de oficiales y soldados desempleados, oportunidad de oro que aprovecha el Libertador para designar el 5 de enero de 1817 al doctor caraqueño Luís López Méndez (1758-1841), comisionado en Inglaterra con máximas responsabilidades otorgadas por el Supremo Gobierno de las Provincias Unidas de Venezuela para seleccionar personal militar, necesario para la formación de cuerpos de apoyo a participar en la lucha emancipadora. El 4 de mayo López Méndez inicia su arriesgada misión. La valiosa como importante tarea se materializa con la salida a finales de 1817 de los primeros contingentes hacia Chile, Buenos Aires y Venezuela; los que venían a esta tierra desembarcaban en Angostura -hoy Ciudad Bolívar o en Margarita. A English lo convence el oficial inglés Gustavo Hippisley (1766-1831) asignándole el grado de capitán, considerando que el último grado adquirido en combate era el de teniente; una vez que zarpa el navío "Esmeralda" que lo traslada a Venezuela en diciembre de 1817, durante la travesía, English es ascendido a mayor; este grupo de treinta oficiales y ciento sesenta experimentados soldados, convertidos en el Primer Escuadrón de Húsares, a las órdenes de Hippisley, desembarca en Angostura el 9 de febrero de 1818; primer contingente de esperanza y de lucha, que han aceptado abandonar los viejos países para venir a incorporarse al ejército libertador, los esperarían tiempos difíciles de penurias y de gloria. English será ascendido a teniente coronel incorporándose a la caballería que actuaría en Apure con Páez y en la Campaña del Centro con Bolívar en 1818; sus méritos le permiten lograr el ascenso de coronel en marzo de ese año. El Libertador lo envía a Londres el 6 de junio en comisión del servicio, para lograr otros contingentes de oficiales y soldados, entre los cuales se encontraba Juan Uslar. Antes de embarcarse English arengó al grupo de voluntarios, insuflándoles el ánimo por luchar en otras tierras sedientas de libertad. Una vez conseguidos casi dos mil voluntarios, English regresa a Venezuela acompañado de su esposa; arribarán a Juan Griego, esperados por el general Rafael Urdaneta. Esta actividad le mereció a English el ascenso a general de brigada el 25 de mayo de 1819; al lado del "siempre leal", inician operaciones a mediados de julio sobre Barcelona y Cumaná. Por cierto el jefe realista Pablo Morillo en comunicación al Ministerio de Guerra Español el 28 de febrero de 1819 dice: "hemos visto por primera vez a las tropas rebeldes, vestidos a la inglesa completamente y a los llaneros de Apure con morriones y monturas de caballería británica...Si no recibo a tiempo los auxilios que aguardo de la península, la situación empeorará". Las condiciones del trópico mermaron la salud de este bravo combatiente, por tal motivo se traslada a Margarita, donde será atendido por Mary su esposa y varios médicos ingleses. Fallece de fiebre amarilla en Juan Griego el 25 de septiembre de 1819. La viuda viaja a Bogotá donde casa con William Greenup. Ella guardaba con celo una carta enviada por el Libertador de profundo contenido humano, manifestándole el pesar por la muerte de su esposo. El coronel Belfort Wilson (1804-1858), de los pocos leales que acompañaron a Bolívar en sus últimos momentos, le había entregado a la señora English, un mechón de pelo cortado por él, una vez fallecido el Padre de la Patria en Santa Marta el 17 de diciembre de 1830. La señora Mary cuidaba muchos documentos de alto valor histórico, algunos de ellos subastados por disposición de sus familiares directos. En el cementerio de Juan Griego una sencilla tumba recuerda la presencia de los restos de este gallardo soldado.
(*) Gral. de Bgda
eumenes7@gmail.com
Diario El Carabobeño
Historia y Tradición
En el transcurso de la segunda quincena del mes de marzo del presente año, la Casa Bonhams en Londres, subastó: un poema manuscrito, una carta firmada y un mechón de pelo del Libertador, adquirida por un comprador anónimo por la cantidad de treinta mil libras esterlinas, equivalentes a treinta y tres mil euros o cuarenta y cinco mil dólares; histórica herencia dejada por la señora Mary English, viuda del prócer James Towers English, nacido en Dublín, capital de Irlanda el 22 de febrero de 1782. Con la derrota de Napoleón Bonaparte, surge el 9 de junio de 1815 el Tratado de Viena, quedando miles de oficiales y soldados desempleados, oportunidad de oro que aprovecha el Libertador para designar el 5 de enero de 1817 al doctor caraqueño Luís López Méndez (1758-1841), comisionado en Inglaterra con máximas responsabilidades otorgadas por el Supremo Gobierno de las Provincias Unidas de Venezuela para seleccionar personal militar, necesario para la formación de cuerpos de apoyo a participar en la lucha emancipadora. El 4 de mayo López Méndez inicia su arriesgada misión. La valiosa como importante tarea se materializa con la salida a finales de 1817 de los primeros contingentes hacia Chile, Buenos Aires y Venezuela; los que venían a esta tierra desembarcaban en Angostura -hoy Ciudad Bolívar o en Margarita. A English lo convence el oficial inglés Gustavo Hippisley (1766-1831) asignándole el grado de capitán, considerando que el último grado adquirido en combate era el de teniente; una vez que zarpa el navío "Esmeralda" que lo traslada a Venezuela en diciembre de 1817, durante la travesía, English es ascendido a mayor; este grupo de treinta oficiales y ciento sesenta experimentados soldados, convertidos en el Primer Escuadrón de Húsares, a las órdenes de Hippisley, desembarca en Angostura el 9 de febrero de 1818; primer contingente de esperanza y de lucha, que han aceptado abandonar los viejos países para venir a incorporarse al ejército libertador, los esperarían tiempos difíciles de penurias y de gloria. English será ascendido a teniente coronel incorporándose a la caballería que actuaría en Apure con Páez y en la Campaña del Centro con Bolívar en 1818; sus méritos le permiten lograr el ascenso de coronel en marzo de ese año. El Libertador lo envía a Londres el 6 de junio en comisión del servicio, para lograr otros contingentes de oficiales y soldados, entre los cuales se encontraba Juan Uslar. Antes de embarcarse English arengó al grupo de voluntarios, insuflándoles el ánimo por luchar en otras tierras sedientas de libertad. Una vez conseguidos casi dos mil voluntarios, English regresa a Venezuela acompañado de su esposa; arribarán a Juan Griego, esperados por el general Rafael Urdaneta. Esta actividad le mereció a English el ascenso a general de brigada el 25 de mayo de 1819; al lado del "siempre leal", inician operaciones a mediados de julio sobre Barcelona y Cumaná. Por cierto el jefe realista Pablo Morillo en comunicación al Ministerio de Guerra Español el 28 de febrero de 1819 dice: "hemos visto por primera vez a las tropas rebeldes, vestidos a la inglesa completamente y a los llaneros de Apure con morriones y monturas de caballería británica...Si no recibo a tiempo los auxilios que aguardo de la península, la situación empeorará". Las condiciones del trópico mermaron la salud de este bravo combatiente, por tal motivo se traslada a Margarita, donde será atendido por Mary su esposa y varios médicos ingleses. Fallece de fiebre amarilla en Juan Griego el 25 de septiembre de 1819. La viuda viaja a Bogotá donde casa con William Greenup. Ella guardaba con celo una carta enviada por el Libertador de profundo contenido humano, manifestándole el pesar por la muerte de su esposo. El coronel Belfort Wilson (1804-1858), de los pocos leales que acompañaron a Bolívar en sus últimos momentos, le había entregado a la señora English, un mechón de pelo cortado por él, una vez fallecido el Padre de la Patria en Santa Marta el 17 de diciembre de 1830. La señora Mary cuidaba muchos documentos de alto valor histórico, algunos de ellos subastados por disposición de sus familiares directos. En el cementerio de Juan Griego una sencilla tumba recuerda la presencia de los restos de este gallardo soldado.
(*) Gral. de Bgda
eumenes7@gmail.com
Diario El Carabobeño
Historia y Tradición
miércoles, 12 de mayo de 2010
12 de mayo, Día Internacional de la Enfermera (o)
Eumenes Fuguet Borregales (*)
Por feliz iniciativa del Consejo Internacional de Enfermeras, se instituyó en la década de los setenta, el "Día Internacional de la Enfermera (o), recordando la fecha natal de Florencia Nightingale, abnegada mujer fundadora de la primera escuela de enfermería en el mundo y dignificadora de esta noble profesión; nacida el 12 de mayo de 1820 en la Villa Colombia en Florencia, ducado de Toscana-Italia, cuando sus padres William Nightingale y Frances Smith, ambos londinenses, por motivos de viaje hicieron un alto en esa artística población, dándole a su hija ese nombre. La joven recibió una esmerada educación. Interesada mas en los estudios matemáticos que realizar las labores normales de la época, tales como costura y cuadrilla (danzas). La profesión de enfermería ejercida por mujeres, no era bien vista a mediados del siglo XIX; se consideraba un bajo oficio. Contra la voluntad de sus padres inicia en 1850, sus estudios en el Instituto San Vicente de Paúl perteneciente a la iglesia católica, ubicada en Alejandría. En julio de ese año continúa su preparación en Alemania, concluyéndolos en el hospital Saint Germain de Paris. Al regresar a Londres en 1853, le asignan el cargo de Superintendente hospitalaria. A causa de la guerra de Crimea (1854-1856), donde participaron: Gran Bretaña, Francia y Turquía contra Rusia; esta sacrificada mujer demostrando vocación de servicio, estará en el frente de batalla, recorriendo las trincheras facilitando el apoyo sanitario y dando ánimo a los cientos de soldados heridos. Experiencia que le facilito escribir mas de doscientos libros y folletos relacionados con el ingreso y funciones de las enfermeras en futuros conflictos bélicos; valioso material de lectura obligada traducido en varios idiomas. Florencia organizó en noviembre de 1854, un equipo de enfermeras conformado por treinta y ocho voluntarias para trabajar en Constantinopla hoy Estambul. Su experiencia y conocimientos de matemáticas y estadísticas, le facilitan organizar un registro muy detallado de enfermedades y su debido tratamiento; primera base de datos que le hacen merecedora a ser la primera mujer en ingresar en 1858 como honoraria a la Royal Statistical Society de Londres. Es muy conocido su famoso "Diagrama de Área Polar", representación gráfica de los asuntos sanitarios recopilados durante la Guerra de Crimea. En Londres recibió todo el apoyo requerido para organizar los hospitales militares de manera de hacerlos mas eficientes, logrando bajar la mortalidad exitosamente de un 40% a un 2%. Gracias a su perseverancia e iniciativa, con dinero recibido en calidad de donación por la reina Victoria, activa en 1860 una fundación, con la cual crea y financia en el hospital de Saint Thomas de dicha ciudad, la Primera Escuela de Enfermería y Hogar para enfermos, primera de su tipo en el mundo. Florencia promovió con su ejemplo y actividad, el respeto y la dignidad que merecen las mujeres que escogieron esta sacrificada, honrosa, benefactora y digna profesión. Varios países imitaron la magnifica iniciativa e instalaron institutos similares formadores de las insignes generadoras de salud. Durante el desarrollo de la guerra contrajo brucelosis, enfermedad que la mantuvo mucho tiempo sin poder ejercer a tiempo completo. Para preservar la salubridad de los ambientes hospitalarios, recomendaba: buena alimentación, aire puro, agua pura, desagües eficaces, limpieza y luz. La reina Victoria le otorgó en 1883 la Cruz Real y el rey Eduardo VII la Orden al Mérito, primera mujer en recibir tal distinción. Fallece en Londres el 13 de agosto de 1910 a la edad de noventa años, enterrada en la iglesia de Santa Margaret. No llegó a casarse, pues consideraba su profesión como un apostolado a tiempo completo. El Consejo Internacional de Enfermeros en Suiza, abarca ciento catorce asociaciones en todo el mundo con millones de miembros. Este servidor tuvo la suerte y honra de apadrinar la Primera y Segunda Promoción de Sub Oficiales Profesionales de Carrera, egresados de la Escuela de Enfermería de la Fuerza Armada Nacional, algunos de ellos ostentando en sus hombros las presillas de coronel. En esta celebración tan especial de carácter mundial, reciban los facilitadores de salud, el reconocimiento, estímulo permanente y agradecimiento de lahumanidad.enhorabuena.
(*) Gral. de Bgda.
Diario El Carabobeño
Historia y Tradición
Por feliz iniciativa del Consejo Internacional de Enfermeras, se instituyó en la década de los setenta, el "Día Internacional de la Enfermera (o), recordando la fecha natal de Florencia Nightingale, abnegada mujer fundadora de la primera escuela de enfermería en el mundo y dignificadora de esta noble profesión; nacida el 12 de mayo de 1820 en la Villa Colombia en Florencia, ducado de Toscana-Italia, cuando sus padres William Nightingale y Frances Smith, ambos londinenses, por motivos de viaje hicieron un alto en esa artística población, dándole a su hija ese nombre. La joven recibió una esmerada educación. Interesada mas en los estudios matemáticos que realizar las labores normales de la época, tales como costura y cuadrilla (danzas). La profesión de enfermería ejercida por mujeres, no era bien vista a mediados del siglo XIX; se consideraba un bajo oficio. Contra la voluntad de sus padres inicia en 1850, sus estudios en el Instituto San Vicente de Paúl perteneciente a la iglesia católica, ubicada en Alejandría. En julio de ese año continúa su preparación en Alemania, concluyéndolos en el hospital Saint Germain de Paris. Al regresar a Londres en 1853, le asignan el cargo de Superintendente hospitalaria. A causa de la guerra de Crimea (1854-1856), donde participaron: Gran Bretaña, Francia y Turquía contra Rusia; esta sacrificada mujer demostrando vocación de servicio, estará en el frente de batalla, recorriendo las trincheras facilitando el apoyo sanitario y dando ánimo a los cientos de soldados heridos. Experiencia que le facilito escribir mas de doscientos libros y folletos relacionados con el ingreso y funciones de las enfermeras en futuros conflictos bélicos; valioso material de lectura obligada traducido en varios idiomas. Florencia organizó en noviembre de 1854, un equipo de enfermeras conformado por treinta y ocho voluntarias para trabajar en Constantinopla hoy Estambul. Su experiencia y conocimientos de matemáticas y estadísticas, le facilitan organizar un registro muy detallado de enfermedades y su debido tratamiento; primera base de datos que le hacen merecedora a ser la primera mujer en ingresar en 1858 como honoraria a la Royal Statistical Society de Londres. Es muy conocido su famoso "Diagrama de Área Polar", representación gráfica de los asuntos sanitarios recopilados durante la Guerra de Crimea. En Londres recibió todo el apoyo requerido para organizar los hospitales militares de manera de hacerlos mas eficientes, logrando bajar la mortalidad exitosamente de un 40% a un 2%. Gracias a su perseverancia e iniciativa, con dinero recibido en calidad de donación por la reina Victoria, activa en 1860 una fundación, con la cual crea y financia en el hospital de Saint Thomas de dicha ciudad, la Primera Escuela de Enfermería y Hogar para enfermos, primera de su tipo en el mundo. Florencia promovió con su ejemplo y actividad, el respeto y la dignidad que merecen las mujeres que escogieron esta sacrificada, honrosa, benefactora y digna profesión. Varios países imitaron la magnifica iniciativa e instalaron institutos similares formadores de las insignes generadoras de salud. Durante el desarrollo de la guerra contrajo brucelosis, enfermedad que la mantuvo mucho tiempo sin poder ejercer a tiempo completo. Para preservar la salubridad de los ambientes hospitalarios, recomendaba: buena alimentación, aire puro, agua pura, desagües eficaces, limpieza y luz. La reina Victoria le otorgó en 1883 la Cruz Real y el rey Eduardo VII la Orden al Mérito, primera mujer en recibir tal distinción. Fallece en Londres el 13 de agosto de 1910 a la edad de noventa años, enterrada en la iglesia de Santa Margaret. No llegó a casarse, pues consideraba su profesión como un apostolado a tiempo completo. El Consejo Internacional de Enfermeros en Suiza, abarca ciento catorce asociaciones en todo el mundo con millones de miembros. Este servidor tuvo la suerte y honra de apadrinar la Primera y Segunda Promoción de Sub Oficiales Profesionales de Carrera, egresados de la Escuela de Enfermería de la Fuerza Armada Nacional, algunos de ellos ostentando en sus hombros las presillas de coronel. En esta celebración tan especial de carácter mundial, reciban los facilitadores de salud, el reconocimiento, estímulo permanente y agradecimiento de lahumanidad.enhorabuena.
(*) Gral. de Bgda.
Diario El Carabobeño
Historia y Tradición
lunes, 10 de mayo de 2010
Romance de los Whiskys
Miguel Otero Silva
(A Juvenal Herrera)
Llegó de etiqueta negra,
montado en caballo blanco,
con un ratón de tres filos
y de chivas ataviado.
Abrió su inmenso buchanan
de Presidente tumbado
y así le grito a los monjes:
tomen Old Parr que yo pago,
y con antiquary estilo
pagó con un chequers raro..
Que hombre tan rarity es este!,
me dijo con grant cuidado,
le encuentro something special
de ambassador diplomático,
de Rodolfo Ballantine
o de estrella del Bells canto.
Mas le descubrí el ancestor
de King Ramson africano
al verle el color perfection
de black and white trinitario.
!Era Juvenal Herrera!
de la haig del Guarataro,
cuarto vat 69
y scotish cream de El Callao.
(A Juvenal Herrera)
Llegó de etiqueta negra,
montado en caballo blanco,
con un ratón de tres filos
y de chivas ataviado.
Abrió su inmenso buchanan
de Presidente tumbado
y así le grito a los monjes:
tomen Old Parr que yo pago,
y con antiquary estilo
pagó con un chequers raro..
Que hombre tan rarity es este!,
me dijo con grant cuidado,
le encuentro something special
de ambassador diplomático,
de Rodolfo Ballantine
o de estrella del Bells canto.
Mas le descubrí el ancestor
de King Ramson africano
al verle el color perfection
de black and white trinitario.
!Era Juvenal Herrera!
de la haig del Guarataro,
cuarto vat 69
y scotish cream de El Callao.
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Humor criollo,
Poesía venezolana
miércoles, 5 de mayo de 2010
¿Murio Rico Jose Antonio Paez?
Rafael Arteaga Romero*
Se conmemoran este 6 de Mayo, 137 años del fallecimiento del General en Jefe José Antonio Páez, preclaro prócer de nuestra independencia y fundador de la Republica de Venezuela, hoy injustamente olvidado y sometido repetidas veces al escarnio público en boca de nuestro actual Presidente, acusándosele inmerecidamente de haber “muerto rico en la ciudad de Nva.York” donde se encontraba exilado.
Su muerte se produjo en 1873 cuando contaba 83 años en una modesta casa de la calle 20, como consecuencia de una bronconeumonía cuadro clínico común en ancianos.
Aquel Ciudadano Esclarecido, que al decir del ex contralor José Ramón Medina había manejado los dineros del estado con la mayor probidad moría casi en la miseria, con su vieja ropa remendada y botas gastadas y su cadáver sería sepultado en una parcela municipal del Marble Cementery por no contar con dinero suficiente para adquirir una privada. Alli permaneció durante 15 años y estuvo a punto de ser colocado en una fosa común por cuanto no había dejado bienes de fortuna a sus familiares para que estos cubriesen los gastos de un sepulcro digno y privado.
Transcurrido ese tiempo el Presidente de Venezuela Hermógenes López , ordena el traslado de tan ilustres restos al país y los actos oficiales que entonces se organizaron para su descanso definitivo en el Panteón Nacional se denominaron “La Apoteosis del
Del General Páez
Son innumerables los historiadores que confirman lo aquí escrito ya es hora de enarbolar la bandera de la verdadera historia venezolana sin esguinces acomodaticios que calumnien a heroes nacionales de la talla de J.A.Páez.
Reproduzco las palabras de Manuel Alfredo Rodríguez ante el Consejo Municipal del Distrito Federal con ocasión del centenario de la muerte del Prócer (1973): los Padres de la Patria ya dejaron de ser escudo de banderias para revertir a sus cualidades esenciales de patrimonio, inspiración, salvaguarda y honor de todos los venezolanos. Venezuela fue la pasión dominante de sus vidas y Venezuela debe corresponderles con la exaltación de sus méritos y virtudes”
*Rafael Arteaga Romero, médico pediatra, biznieto del "Ciudadano Esclarecido"
Email:radar25@gmail.com
Se conmemoran este 6 de Mayo, 137 años del fallecimiento del General en Jefe José Antonio Páez, preclaro prócer de nuestra independencia y fundador de la Republica de Venezuela, hoy injustamente olvidado y sometido repetidas veces al escarnio público en boca de nuestro actual Presidente, acusándosele inmerecidamente de haber “muerto rico en la ciudad de Nva.York” donde se encontraba exilado.
Su muerte se produjo en 1873 cuando contaba 83 años en una modesta casa de la calle 20, como consecuencia de una bronconeumonía cuadro clínico común en ancianos.
Aquel Ciudadano Esclarecido, que al decir del ex contralor José Ramón Medina había manejado los dineros del estado con la mayor probidad moría casi en la miseria, con su vieja ropa remendada y botas gastadas y su cadáver sería sepultado en una parcela municipal del Marble Cementery por no contar con dinero suficiente para adquirir una privada. Alli permaneció durante 15 años y estuvo a punto de ser colocado en una fosa común por cuanto no había dejado bienes de fortuna a sus familiares para que estos cubriesen los gastos de un sepulcro digno y privado.
Transcurrido ese tiempo el Presidente de Venezuela Hermógenes López , ordena el traslado de tan ilustres restos al país y los actos oficiales que entonces se organizaron para su descanso definitivo en el Panteón Nacional se denominaron “La Apoteosis del
Del General Páez
Son innumerables los historiadores que confirman lo aquí escrito ya es hora de enarbolar la bandera de la verdadera historia venezolana sin esguinces acomodaticios que calumnien a heroes nacionales de la talla de J.A.Páez.
Reproduzco las palabras de Manuel Alfredo Rodríguez ante el Consejo Municipal del Distrito Federal con ocasión del centenario de la muerte del Prócer (1973): los Padres de la Patria ya dejaron de ser escudo de banderias para revertir a sus cualidades esenciales de patrimonio, inspiración, salvaguarda y honor de todos los venezolanos. Venezuela fue la pasión dominante de sus vidas y Venezuela debe corresponderles con la exaltación de sus méritos y virtudes”
*Rafael Arteaga Romero, médico pediatra, biznieto del "Ciudadano Esclarecido"
Email:radar25@gmail.com
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Páez,
Panteón Nacional: Personalidades,
Presidentes
lunes, 3 de mayo de 2010
Arzobispo Narciso Coll y Prat.
Eumenes Fuguet Borregales (*)
Prelado español nacido en la población de Cornella del Terri- Gerona en 1754; se conoce de su preparación en los doctorados canónicos y de leyes en la universidad de Cataluña, destacándose igualmente como docente de esas especialidades. En la ciudad de Barcelona le es reconocida su capacidad intelectual al ingresar en la Academia de Buenas Letras. En las iglesias de Barcelona y Gerona ejerció su apostolado y en forma colateral la docencia en historia y leyes. Sus superiores eclesiásticos lo proponen ante el Papa Pío VII para cumplir funciones en la provincia de Venezuela; Su Santidad emite las bulas en enero de 1808, recibiendo el visto bueno por parte del rey Fernando VII. Para el momento España estaba siendo invadida por las fuerzas de Napoleón Bonaparte, correspondiéndole al presbítero Coll participar en la Junta de Defensa activada para atender la contingencia bélica. Embarca en el puerto de Cádiz a finales de mayo de 1810; luego de realizar escala en las islas Canarias arriba a La Guaira en junio de ese año; desconocía al momento de su llegada los memorables acontecimientos del 19 de abril en Caracas y de la provincia venezolana.
Monseñor Coll es el segundo Arzobispo de Venezuela, sucesor del guacareño monseñor Francisco Ibarra (1726-1806). El 2 de marzo de 1811 en la casa del Conde de San Javier-hoy esquina del Conde, realiza la Santa Misa con motivo de la instalación del Primer Congreso venezolano, el cual declararía el 5 de julio de 1811 la independencia de hecho y de derecho. Monseñor Permaneció en la capitanía general de Venezuela seis años, sorteando en Caracas situaciones difíciles e incómodas, por cuanto en ocasiones la ciudad estaba en poder de los republicanos y en otras en manos realistas. Cada grupo antagónico le reprochaba al sacerdote cierta parcialidad, cuando en realidad estaba cumpliendo su apostolado en beneficio de todos los feligreses por igual, sin tomar en cuenta la posición política del momento histórico de transición que se vivía. Con el objeto de realizar una visita pastoral a San Juan de los Morros, a su paso por Valencia, consigue a la población preparando la defensa contra la inminente arremetida de unos tres mil soldados de las fuerzas de José Tomás Boves y José Ceballos, quienes sitian la ciudad desde el 29 de marzo al 4 de abril; ciudadela tenazmente defendida durante seis días por doscientos ochenta soldados al mando del general Rafael Urdaneta. Monseñor Coll con varios sacerdotes decidieron quedarse ayudando a la población proporcionando auxilios espirituales y limitado apoyo logístico disponible para el momento; varios prelados fallecieron en la heroica defensa. El Libertador a través de su secretario Rafael Mérida le había enviado a monseñor Coll el 23 de marzo desde el cuartel general de San Mateo la siguiente comunicación:
"El estado actual de la guerra y las asechanzas que sobre Valencia promueven los facciosos, hacen temer a Su Excelencia sufra algún asedio y le sería sobremanera sensible que Su Ilustrísima se viese envuelto en él.Los cuidados de Su Excelencia el Libertador, no calmarán mientras no sepa que vuestra Ilustrísima, ha abrazado uno de estos medios y puestose en marcha; ni el clamor de los habitantes de Caracas por su presencia, que tanto anhelan, cesará hasta que no lo vea en su seno. Lo comunico a Usted Ilustrísima, de orden de Su Excelencia el Libertador; y espero se sirva avisarme su resolución para participársela"
Dios guarde a Usted Ilustrísima muchos años.
En 1816 el general Morillo reporta a su comando en ultramar la actitud del ilustre prelado, siendo remitido a España en diciembre de 1816 acompañado de su secretario el caraqueño Tomás de Jesús Quintero, donde le correspondió rendir a las autoridades civiles y eclesiásticas en Sevilla un informe detallado de su actuación, que luego de ser estudiado recibió la aprobación y confianza, ordenándole trasladarse a Madrid con la autorización de regresar a Venezuela; traslado que presentó contratiempos, entre ellos el triunfo de los republicanos en Carabobo el 24 de junio de 1821. La salud de monseñor Coll se complica, falleciendo en Madrid el 28 de diciembre de 1822. A petición del arzobispo su secretario solicito a las autoridades eclesiásticas, el noble corazón para que los familiares lo trasladaran a Venezuela y ser enterrado en el Presbiterio de la Catedral de Caracas. Para el cargo de la arquidiócesis de Caracas a propuesta del Libertador fue designado el barinés monseñor Ramón Ignacio Méndez (1775-1839), máximo cargo eclesiástico que recibe el 11 de mayo de 1828.
(*) Gral. de Bgda
eumenes7@gmail.com
Diario El Carabobeño
Historia y Tradición
Prelado español nacido en la población de Cornella del Terri- Gerona en 1754; se conoce de su preparación en los doctorados canónicos y de leyes en la universidad de Cataluña, destacándose igualmente como docente de esas especialidades. En la ciudad de Barcelona le es reconocida su capacidad intelectual al ingresar en la Academia de Buenas Letras. En las iglesias de Barcelona y Gerona ejerció su apostolado y en forma colateral la docencia en historia y leyes. Sus superiores eclesiásticos lo proponen ante el Papa Pío VII para cumplir funciones en la provincia de Venezuela; Su Santidad emite las bulas en enero de 1808, recibiendo el visto bueno por parte del rey Fernando VII. Para el momento España estaba siendo invadida por las fuerzas de Napoleón Bonaparte, correspondiéndole al presbítero Coll participar en la Junta de Defensa activada para atender la contingencia bélica. Embarca en el puerto de Cádiz a finales de mayo de 1810; luego de realizar escala en las islas Canarias arriba a La Guaira en junio de ese año; desconocía al momento de su llegada los memorables acontecimientos del 19 de abril en Caracas y de la provincia venezolana.
Monseñor Coll es el segundo Arzobispo de Venezuela, sucesor del guacareño monseñor Francisco Ibarra (1726-1806). El 2 de marzo de 1811 en la casa del Conde de San Javier-hoy esquina del Conde, realiza la Santa Misa con motivo de la instalación del Primer Congreso venezolano, el cual declararía el 5 de julio de 1811 la independencia de hecho y de derecho. Monseñor Permaneció en la capitanía general de Venezuela seis años, sorteando en Caracas situaciones difíciles e incómodas, por cuanto en ocasiones la ciudad estaba en poder de los republicanos y en otras en manos realistas. Cada grupo antagónico le reprochaba al sacerdote cierta parcialidad, cuando en realidad estaba cumpliendo su apostolado en beneficio de todos los feligreses por igual, sin tomar en cuenta la posición política del momento histórico de transición que se vivía. Con el objeto de realizar una visita pastoral a San Juan de los Morros, a su paso por Valencia, consigue a la población preparando la defensa contra la inminente arremetida de unos tres mil soldados de las fuerzas de José Tomás Boves y José Ceballos, quienes sitian la ciudad desde el 29 de marzo al 4 de abril; ciudadela tenazmente defendida durante seis días por doscientos ochenta soldados al mando del general Rafael Urdaneta. Monseñor Coll con varios sacerdotes decidieron quedarse ayudando a la población proporcionando auxilios espirituales y limitado apoyo logístico disponible para el momento; varios prelados fallecieron en la heroica defensa. El Libertador a través de su secretario Rafael Mérida le había enviado a monseñor Coll el 23 de marzo desde el cuartel general de San Mateo la siguiente comunicación:
"El estado actual de la guerra y las asechanzas que sobre Valencia promueven los facciosos, hacen temer a Su Excelencia sufra algún asedio y le sería sobremanera sensible que Su Ilustrísima se viese envuelto en él.Los cuidados de Su Excelencia el Libertador, no calmarán mientras no sepa que vuestra Ilustrísima, ha abrazado uno de estos medios y puestose en marcha; ni el clamor de los habitantes de Caracas por su presencia, que tanto anhelan, cesará hasta que no lo vea en su seno. Lo comunico a Usted Ilustrísima, de orden de Su Excelencia el Libertador; y espero se sirva avisarme su resolución para participársela"
Dios guarde a Usted Ilustrísima muchos años.
En 1816 el general Morillo reporta a su comando en ultramar la actitud del ilustre prelado, siendo remitido a España en diciembre de 1816 acompañado de su secretario el caraqueño Tomás de Jesús Quintero, donde le correspondió rendir a las autoridades civiles y eclesiásticas en Sevilla un informe detallado de su actuación, que luego de ser estudiado recibió la aprobación y confianza, ordenándole trasladarse a Madrid con la autorización de regresar a Venezuela; traslado que presentó contratiempos, entre ellos el triunfo de los republicanos en Carabobo el 24 de junio de 1821. La salud de monseñor Coll se complica, falleciendo en Madrid el 28 de diciembre de 1822. A petición del arzobispo su secretario solicito a las autoridades eclesiásticas, el noble corazón para que los familiares lo trasladaran a Venezuela y ser enterrado en el Presbiterio de la Catedral de Caracas. Para el cargo de la arquidiócesis de Caracas a propuesta del Libertador fue designado el barinés monseñor Ramón Ignacio Méndez (1775-1839), máximo cargo eclesiástico que recibe el 11 de mayo de 1828.
(*) Gral. de Bgda
eumenes7@gmail.com
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Historia y Tradición
sábado, 1 de mayo de 2010
El diente roto de Pedro Emilio Coll / Ensayo
Esperanza Del Valle*
Pedro Emilio Coll, pasó su infancia en una imprenta, pues nació en Caracas en la "Imprenta Bolívar" , sitio donde vivían sus padres : Pedro Coll Otero y Emilia Núñez de Coll, situada en el ángulo Sur-oeste de la esquina de Jesuitas , al respecto el propio Pedro Emilio escribió "Mi madre me enseñó que se puede habitar como en un palacio, bajo un humilde techo, como era el que nos cubría, por muchos años, en los cuartos encalados que nos albergaban en la misma imprenta y desde donde oíamos , en las horas de trabajo nocturno , el golpe rítmico de la máquina, cual si fuera el corazón de la casona " (1)
Nacer y vivir parte de su vida en una imprenta, fue determinante en la vida del joven Pedro Emilio, quién años más tarde escribiría: "Me parece que mi aficción a las letras despertó oyendo las conversaciones de los doctos varones que se reunían en el taller tipográfico de mi padre" (2)
En esta primera entrega sobre Pedro Emilio Coll, les traigo un cuento que siempre me impresionó en mi infancia: "El diente roto”, en esa época yo no entendía, como lo entiendo ahora, cómo algunas personas en la administración pública y en otras instituciones; llegan a ocupar cargos tan importantes sin la debida preparación. Este cuento de Don Pedro Emilio Coll, es universal, y caracteriza a algunos personajes que pertenecen a nuestro terruño y más allá de nuestras fronteras.
A Juan Peña, el personaje principal de "El diente roto", le acompañaba un profundo silencio, pero no el silencio que distingue a los eruditos en sus sabias reflexiones, sino el que acompaña a los que están alejados del ingenio y del saber.
Juan tuvo un golpe de suerte cuando en una riña callejera un granuja le propinó un puñetazo en plena humanidad, partiéndole el diente se lo dejó cual sierra de escualo y nada mejor para Juan que acariciar horas y horas su diente roto, de niño intranquilo tornóse entonces pensativo , callado y taciturno . Un galeno de entonces, como nos dice Pedro Emilio, realizó el "diagnóstico de filósofo precoz, un genio tal vez", y continúa más adelante "pasaron los años y Juan Peña llegó a ser diputado, académico, ministro" , a no ser por una apoplejía sin duda hubiera llegado a ocupar el alto cargo de Presidente.
El cuento de "El diente roto " fue escrito por Pedro Emilio Coll probablemente para evidenciar la incompetencia de algún Académico que presidía una Universidad sin llegar a ser docto , o de algún Ministro que no tenía idea del cargo o cartera del Ministerio que presidía, o de un diputadillo que ocupaba un escaño sin tener conocimientos ni credenciales… seguramente Juan Peña integró muchas comisiones de esas que abundan en los Congresos , pero eso no fue un problema para él , con levantar su mano y permanecer en el más absoluto silencio , su ignorancia nunca fue puesta en entredicho.
Probablemente a su paso algunas personas exclamaban ¡Allí va el diputado! ¡Allí va el Ministro! Allí va el Académico! Sin embargo Juan en su fuero interno sabía que no dominaba las leyes, que no dominaba la ciencia, ni tampoco la gerencia. Sin embargo eso no le quitaba el sueño, en vez de contar ovejitas, él se entregaba a Morfeo tocándose su diente roto.
Y al despuntar el alba, Juan, tal vez, decía: - Que se esperen los científicos con sus investigaciones, que se engaveten las leyes en los anaqueles, que no se tomen decisiones en los Ministerios, primero necesito pensar y pensar- , y decía para sus adentros, - en lo que voy a hacer con mi diente roto.
Lo que no se imaginaba Pedro Emilio Coll era que en tiempos modernos, en pleno siglo XXI su amada Venezuela estaría gobernada por ¡unos cuantos dientes rotos!
1) Nota publicada por Pedro Emilio Coll en Madrid en Enero de 1920, tomada de: Biografía de Don Pedro Emilio Coll " la huella de pedro emilio" de Tomás Polanco Alcántara, Caracas/1988, Colección centenario de la Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia.
2) El paso errante ,edición de 1948,pag 20, tomada de : : Biografía de Don Pedro Emilio Coll " la huella de pedro emilio" de Tomás Polanco Alcántara, Caracas/1988, Colección centenario de la Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia.
El diente roto
Por: Pedro Emilio Coll
A los doce años, combatiendo Juan Peña con unos granujas recibió un guijarro sobre un diente; la sangre corrió lavándole el sucio de la cara, y el diente se partió en forma de sierra. Desde ese día principia la edad de oro de Juan Peña.
Con la punta de la lengua, Juan tentaba sin cesar el diente roto; el cuerpo inmóvil, vaga la mirada sin pensar. Así, de alborotador y pendenciero, tornóse en callado y tranquilo.
Los padres de Juan, hartos de escuchar quejas de los vecinos y transeúntes víctimas de las perversidades del chico, y que habían agotado toda clase de reprimendas y castigos, estaban ahora estupefactos y angustiados con la súbita transformación de Juan.
Juan no chistaba y permanecía horas enteras en actitud hierática, como en éxtasis; mientras, allá adentro, en la oscuridad de la boca cerrada, la lengua acariciaba el diente roto sin pensar.
—El niño no está bien, Pablo —decía la madre al marido—, hay que llamar al médico.
Llegó el doctor y procedió al diagnóstico: buen pulso, mofletes sanguíneos, excelente apetito, ningún síntoma de enfermedad.
—Señora —terminó por decir el sabio después de un largo examen— la santidad de mi profesión me impone el deber de declarar a usted...
—¿Qué, señor doctor de mi alma? —interrumpió la angustiada madre.
—Que su hijo está mejor que una manzana. Lo que sí es indiscutible —continuó con voz misteriosa— es que estamos en presencia de un caso fenomenal: su hijo de usted, mi estimable señora, sufre de lo que hoy llamamos el mal de pensar; en una palabra, su hijo es un filósofo precoz, un genio tal vez.
En la oscuridad de la boca, Juan acariciaba su diente roto sin pensar.
Parientes y amigos se hicieron eco de la opinión del doctor, acogida con júbilo indecible por los padres de Juan. Pronto en el pueblo todo se citó el caso admirable del "niño prodigio", y su fama se aumentó como una bomba de papel hinchada de humo. Hasta el maestro de la escuela, que lo había tenido por la más lerda cabeza del orbe, se sometió a la opinión general, por aquello de que voz del pueblo es voz del cielo. Quien más quien menos, cada cual traía a colación un ejemplo: Demóstenes comía arena, Shakespeare era un pilluelo desarrapado, Edison... etcétera.
Creció Juan Peña en medio de libros abiertos ante sus ojos, pero que no leía, distraído con su lengua ocupada en tocar la pequeña sierra del diente roto, sin pensar.
Y con su cuerpo crecía su reputación de hombre juicioso, sabio y "profundo", y nadie se cansaba de alabar el talento maravilloso de Juan. En plena juventud, las más hermosas mujeres trataban de seducir y conquistar aquel espíritu superior, entregado a hondas meditaciones, para los demás, pero que en la oscuridad de su boca tentaba el diente roto, sin pensar.
Pasaron los años, y Juan Peña fue diputado, académico, ministro y estaba a punto de ser coronado Presidente de la República, cuando la apoplejía lo sorprendió acariciándose su diente roto con la punta de la lengua.
Y doblaron las campanas y fue decretado un riguroso duelo nacional; un orador lloró en una fúnebre oración a nombre de la patria, y cayeron rosas y lágrimas sobre la tumba del grande hombre que no había tenido tiempo de pensar.
*Poetisa médica venezolana
Pedro Emilio Coll, pasó su infancia en una imprenta, pues nació en Caracas en la "Imprenta Bolívar" , sitio donde vivían sus padres : Pedro Coll Otero y Emilia Núñez de Coll, situada en el ángulo Sur-oeste de la esquina de Jesuitas , al respecto el propio Pedro Emilio escribió "Mi madre me enseñó que se puede habitar como en un palacio, bajo un humilde techo, como era el que nos cubría, por muchos años, en los cuartos encalados que nos albergaban en la misma imprenta y desde donde oíamos , en las horas de trabajo nocturno , el golpe rítmico de la máquina, cual si fuera el corazón de la casona " (1)
Nacer y vivir parte de su vida en una imprenta, fue determinante en la vida del joven Pedro Emilio, quién años más tarde escribiría: "Me parece que mi aficción a las letras despertó oyendo las conversaciones de los doctos varones que se reunían en el taller tipográfico de mi padre" (2)
En esta primera entrega sobre Pedro Emilio Coll, les traigo un cuento que siempre me impresionó en mi infancia: "El diente roto”, en esa época yo no entendía, como lo entiendo ahora, cómo algunas personas en la administración pública y en otras instituciones; llegan a ocupar cargos tan importantes sin la debida preparación. Este cuento de Don Pedro Emilio Coll, es universal, y caracteriza a algunos personajes que pertenecen a nuestro terruño y más allá de nuestras fronteras.
A Juan Peña, el personaje principal de "El diente roto", le acompañaba un profundo silencio, pero no el silencio que distingue a los eruditos en sus sabias reflexiones, sino el que acompaña a los que están alejados del ingenio y del saber.
Juan tuvo un golpe de suerte cuando en una riña callejera un granuja le propinó un puñetazo en plena humanidad, partiéndole el diente se lo dejó cual sierra de escualo y nada mejor para Juan que acariciar horas y horas su diente roto, de niño intranquilo tornóse entonces pensativo , callado y taciturno . Un galeno de entonces, como nos dice Pedro Emilio, realizó el "diagnóstico de filósofo precoz, un genio tal vez", y continúa más adelante "pasaron los años y Juan Peña llegó a ser diputado, académico, ministro" , a no ser por una apoplejía sin duda hubiera llegado a ocupar el alto cargo de Presidente.
El cuento de "El diente roto " fue escrito por Pedro Emilio Coll probablemente para evidenciar la incompetencia de algún Académico que presidía una Universidad sin llegar a ser docto , o de algún Ministro que no tenía idea del cargo o cartera del Ministerio que presidía, o de un diputadillo que ocupaba un escaño sin tener conocimientos ni credenciales… seguramente Juan Peña integró muchas comisiones de esas que abundan en los Congresos , pero eso no fue un problema para él , con levantar su mano y permanecer en el más absoluto silencio , su ignorancia nunca fue puesta en entredicho.
Probablemente a su paso algunas personas exclamaban ¡Allí va el diputado! ¡Allí va el Ministro! Allí va el Académico! Sin embargo Juan en su fuero interno sabía que no dominaba las leyes, que no dominaba la ciencia, ni tampoco la gerencia. Sin embargo eso no le quitaba el sueño, en vez de contar ovejitas, él se entregaba a Morfeo tocándose su diente roto.
Y al despuntar el alba, Juan, tal vez, decía: - Que se esperen los científicos con sus investigaciones, que se engaveten las leyes en los anaqueles, que no se tomen decisiones en los Ministerios, primero necesito pensar y pensar- , y decía para sus adentros, - en lo que voy a hacer con mi diente roto.
Lo que no se imaginaba Pedro Emilio Coll era que en tiempos modernos, en pleno siglo XXI su amada Venezuela estaría gobernada por ¡unos cuantos dientes rotos!
1) Nota publicada por Pedro Emilio Coll en Madrid en Enero de 1920, tomada de: Biografía de Don Pedro Emilio Coll " la huella de pedro emilio" de Tomás Polanco Alcántara, Caracas/1988, Colección centenario de la Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia.
2) El paso errante ,edición de 1948,pag 20, tomada de : : Biografía de Don Pedro Emilio Coll " la huella de pedro emilio" de Tomás Polanco Alcántara, Caracas/1988, Colección centenario de la Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia.
El diente roto
Por: Pedro Emilio Coll
A los doce años, combatiendo Juan Peña con unos granujas recibió un guijarro sobre un diente; la sangre corrió lavándole el sucio de la cara, y el diente se partió en forma de sierra. Desde ese día principia la edad de oro de Juan Peña.
Con la punta de la lengua, Juan tentaba sin cesar el diente roto; el cuerpo inmóvil, vaga la mirada sin pensar. Así, de alborotador y pendenciero, tornóse en callado y tranquilo.
Los padres de Juan, hartos de escuchar quejas de los vecinos y transeúntes víctimas de las perversidades del chico, y que habían agotado toda clase de reprimendas y castigos, estaban ahora estupefactos y angustiados con la súbita transformación de Juan.
Juan no chistaba y permanecía horas enteras en actitud hierática, como en éxtasis; mientras, allá adentro, en la oscuridad de la boca cerrada, la lengua acariciaba el diente roto sin pensar.
—El niño no está bien, Pablo —decía la madre al marido—, hay que llamar al médico.
Llegó el doctor y procedió al diagnóstico: buen pulso, mofletes sanguíneos, excelente apetito, ningún síntoma de enfermedad.
—Señora —terminó por decir el sabio después de un largo examen— la santidad de mi profesión me impone el deber de declarar a usted...
—¿Qué, señor doctor de mi alma? —interrumpió la angustiada madre.
—Que su hijo está mejor que una manzana. Lo que sí es indiscutible —continuó con voz misteriosa— es que estamos en presencia de un caso fenomenal: su hijo de usted, mi estimable señora, sufre de lo que hoy llamamos el mal de pensar; en una palabra, su hijo es un filósofo precoz, un genio tal vez.
En la oscuridad de la boca, Juan acariciaba su diente roto sin pensar.
Parientes y amigos se hicieron eco de la opinión del doctor, acogida con júbilo indecible por los padres de Juan. Pronto en el pueblo todo se citó el caso admirable del "niño prodigio", y su fama se aumentó como una bomba de papel hinchada de humo. Hasta el maestro de la escuela, que lo había tenido por la más lerda cabeza del orbe, se sometió a la opinión general, por aquello de que voz del pueblo es voz del cielo. Quien más quien menos, cada cual traía a colación un ejemplo: Demóstenes comía arena, Shakespeare era un pilluelo desarrapado, Edison... etcétera.
Creció Juan Peña en medio de libros abiertos ante sus ojos, pero que no leía, distraído con su lengua ocupada en tocar la pequeña sierra del diente roto, sin pensar.
Y con su cuerpo crecía su reputación de hombre juicioso, sabio y "profundo", y nadie se cansaba de alabar el talento maravilloso de Juan. En plena juventud, las más hermosas mujeres trataban de seducir y conquistar aquel espíritu superior, entregado a hondas meditaciones, para los demás, pero que en la oscuridad de su boca tentaba el diente roto, sin pensar.
Pasaron los años, y Juan Peña fue diputado, académico, ministro y estaba a punto de ser coronado Presidente de la República, cuando la apoplejía lo sorprendió acariciándose su diente roto con la punta de la lengua.
Y doblaron las campanas y fue decretado un riguroso duelo nacional; un orador lloró en una fúnebre oración a nombre de la patria, y cayeron rosas y lágrimas sobre la tumba del grande hombre que no había tenido tiempo de pensar.
*Poetisa médica venezolana
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Poesía venezolana
Unidad
Esperanza Del Valle*
Uníos es el clamor en una voz
Con unidad a todos presentad
Del pueblo es su esperanza
No nos digan esperad esperad
Iluminad de nuevo el día
Que la noche ya amenaza
Traed consenso y armonía
Hombre universal y de paz
Cansaos de la afrenta y del dolor
Rescatad el decus in labore
No más resignación ni sumisión
Devolved a la patria sus albores
*Poetisa venezolana.
Uníos es el clamor en una voz
Con unidad a todos presentad
Del pueblo es su esperanza
No nos digan esperad esperad
Iluminad de nuevo el día
Que la noche ya amenaza
Traed consenso y armonía
Hombre universal y de paz
Cansaos de la afrenta y del dolor
Rescatad el decus in labore
No más resignación ni sumisión
Devolved a la patria sus albores
*Poetisa venezolana.
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miércoles, 28 de abril de 2010
Silva a la Agricultura de la Zona Tórrida
Andrés Bello (1871-1865)
Recopilado por Argimiro Torres
¡Salve, fecunda zona,
que al sol enamorado circunscribes
el vago curso, y cuanto ser se anima
en cada vario clima,
acariciada de su luz, concibes!
Tú tejes al verano su guirnalda
de granadas espigas; tú la uva
das a la hirviente cuba;
no de purpúrea fruta, o roja, o gualda,
a tus florestas bellas
falta matiz alguno; y bebe en ellas
aromas mil el viento;
y greyes van sin cuento
paciendo tu verdura, desde el llano
que tiene por lindero el horizonte,
hasta el erguido monte,
de inaccesible nieve siempre cano.
Tú das la caña hermosa,
de do la miel se acendra,
por quien desdeña el mundo los panales;
tú en urnas de coral cuajas la almendra
que en la espumante jícara rebosa;
bulle carmín viviente en tus nopales,
que afrenta fuera al múrice de Tiro;
y de tu añil la tinta generosa
émula es de la lumbre del zafiro.
El vino es tuyo, que la herida agave
para los hijos vierte
del Anahuac feliz; y la hoja es tuya,
que, cuando de süave
humo en espiras vagorosas huya,
solazará el fastidio al ocio inerte.
Tú vistes de jazmines
el arbusto sabeo ,
y el perfume le das, que en los festines
la fiebre insana templará a Lico.
Para tus hijos la procera palma
su vario feudo cría,
y el ananás sazona su ambrosía;
su blanco pan la yuca ;
sus rubias pomas la patata educa;
y el algodón despliega al aura leve
las rosas de oro y el vellón de nieve.
Tendida para ti la fresca parcha
en enramadas de verdor lozano,
cuelga de sus sarmientos trepadores
nectáreos globos y franjadas flores;
y para ti el maíz, jefe altanero
de la espigada tribu, hincha su grano;
y para ti el banano
desmaya al peso de su dulce carga;
el banano, primero
de cuantos concedió bellos presentes
Providencia a las gentes
del ecuador feliz con mano larga.
No ya de humanas artes obligado
el premio rinde opimo;
no es a la podadera, no al arado
deudor de su racimo;
escasa industria bástale, cual puede
hurtar a sus fatigas mano esclava;
crece veloz, y cuando exhausto acaba,
adulta prole en torno le sucede.
Mas ¡oh! ¡si cual no cede
el tuyo, fértil zona, a suelo alguno,
y como de natura esmero ha sido,
de tu indolente habitador lo fuera!
¡Oh! ¡si al falaz rüido,
la dicha al fin supiese verdadera
anteponer, que del umbral le llama
del labrador sencillo,
lejos del necio y vano
fasto, el mentido brillo,
el ocio pestilente ciudadano!
¿Por qué ilusión funesta
aquellos que fortuna hizo señores
de tan dichosa tierra y pingüe y varia,
el cuidado abandonan
y a la fe mercenaria
las patrias heredades,
y en el ciego tumulto se aprisionan
de míseras ciudades,
do la ambición proterva
sopla la llama de civiles bandos,
o al patriotismo la desidia enerva;
do el lujo las costumbres atosiga,
y combaten los vicios
la incauta edad en poderosa liga?
No allí con varoniles ejercicios
se endurece el mancebo a la fatiga;
mas la salud estraga en el abrazo
de pérfida hermosura,
que pone en almoneda los favores;
mas pasatiempo estima
prender aleve en casto seno el fuego
de ilícitos amores;
o embebecido le hallará la aurora
en mesa infame de ruinoso juego.
En tanto a la lisonja seductora
del asiduo amador fácil oído
da la consorte; crece
en la materna escuela
de la disipación y el galanteo
la tierna virgen, y al delito espuela
es antes el ejemplo que el deseo.
¿Y será que se formen de ese modo
los ánimos heroicos denodados
que fundan y sustentan los estados?
¿De la algazara del festín beodo,
o de los coros de liviana danza,
la dura juventud saldrá, modesta,
orgullo de la patria, y esperanza?
¿Sabrá con firme pulso
de la severa ley regir el freno;
brillar en torno aceros homicidas
en la dudosa lid verá sereno;
o animoso hará frente al genio altivo
del engreído mando en la tribuna,
aquel que ya en la cuna
durmió al arrullo del cantar lascivo,
que riza el pelo, y se unge, y se atavía
con femenil esmero,
y en indolente ociosidad el día,
o en criminal lujuria pasa entero?
No así trató la triunfadora Roma
las artes de la paz y de la guerra;
antes fió las riendas del estado
a la mano robusta
que tostó el sol y encalleció el arado;
y bajo el techo humoso campesino
los hijos educó, que el conjurado
mundo allanaron al valor latino.
¡Oh! ¡los que afortunados poseedores
habéis nacido de la tierra hermosa,
en que reseña hacer de sus favores,
como para ganaros y atraeros,
quiso Naturaleza bondadosa!
romped el duro encanto
que os tiene entre murallas prisioneros.
El vulgo de las artes laborioso,
el mercader que necesario al lujo
al lujo necesita,
los que anhelando van tras el señuelo
del alto cargo y del honor ruidoso,
la grey de aduladores parasita,
gustosos pueblen ese infecto caos;
el campo es vuestra herencia; en él gozaos.
¿Amáis la libertad? El campo habita,
o allá donde el magnate
entre armados satélites se mueve,
y de la moda, universal señora,
va la razón al triunfal carro atada,
y a la fortuna la insensata plebe,
y el noble al aura popular adora.
¿O la virtud amáis? ¡Ah, que el retiro,
la solitaria calma
en que, juez de sí misma, pasa el alma
a las acciones muestra,
es de la vida la mejor maestra!
¿Buscáis durables goces,
felicidad, cuanta es al hombre dada
y a su terreno asiento, en que vecina
está la risa al llanto, y siempre, ¡ah! siempre
donde halaga la flor, punza la espina?
Id a gozar la suerte campesina;
la regalada paz, que ni rencores
al labrador, ni envidias acibaran;
la cama que mullida le preparan
el contento, el trabajo, el aire puro;
y el sabor de los fáciles manjares,
que dispendiosa gula no le aceda;
y el asilo seguro
de sus patrios hogares
que a la salud y al regocijo hospeda.
El aura respirad de la montaña,
que vuelve al cuerpo laso
el perdido vigor, que a la enojosa
vejez retarda el paso,
y el rostro a la beldad tiñe de rosa.
¿Es allí menos blanda por ventura
de amor la llama, que templó el recato?
¿O menos aficiona la hermosura
que de extranjero ornato
y afeites impostores no se cura?
¿O el corazón escucha indiferente
el lenguaje inocente
que los afectos sin disfraz expresa,
y a la intención ajusta la promesa?
No del espejo al importuno ensayo
la risa se compone, el paso, el gesto;
ni falta allí carmín al rostro honesto
que la modestia y la salud colora,
ni la mirada que lanzó al soslayo
tímido amor, la senda al alma ignora.
¿Esperaréis que forme
más venturosos lazos himeneo,
do el interés barata,
tirano del deseo,
ajena mano y fe por nombre o plata,
que do conforme gusto, edad conforme,
y elección libre, y mutuo ardor los ata?
Allí también deberes
hay que llenar: cerrad, cerrad las hondas
heridas de la guerra; el fértil suelo,
áspero ahora y bravo,
al desacostumbrado yugo torne
del arte humana, y le tribute esclavo.
Del obstrüido estanque y del molino
recuerden ya las aguas el camino;
el intrincado bosque el hacha rompa,
consuma el fuego; abrid en luengas calles
la oscuridad de su infructuosa pompa.
Abrigo den los valles
a la sedienta caña;
la manzana y la pera
en la fresca montaña
el cielo olviden de su madre España;
adorne la ladera
el cafetal; ampare
a la tierna teobroma en la ribera
la sombra maternal de su bucare ;
aquí el vergel, allá la huerta ría...
¿Es ciego error de ilusa fantasía?
Ya dócil a tu voz, agricultura,
nodriza de las gentes, la caterva
servil armada va de corvas hoces.
Mírola ya que invade la espesura
de la floresta opaca; oigo las voces,
siento el rumor confuso; el hierro suena,
los golpes el lejano
eco redobla; gime el ceibo anciano,
que a numerosa tropa
largo tiempo fatiga;
batido de cien hachas, se estremece,
estalla al fin, y rinde el ancha copa.
Huyó la fiera; deja el caro nido,
deja la prole implume
el ave, y otro bosque no sabido
de los humanos va a buscar doliente...
¿Qué miro? Alto torrente
de sonorosa llama
corre, y sobre las áridas rüinas
de la postrada selva se derrama.
El raudo incendio a gran distancia brama,
y el humo en negro remolino sube,
aglomerando nube sobre nube.
Ya de lo que antes era
verdor hermoso y fresca lozanía,
sólo difuntos troncos,
sólo cenizas quedan; monumento
de la lucha mortal, burla del viento.
Mas al vulgo bravío
de las tupidas plantas montaraces,
sucede ya el fructífero plantío
en muestra ufana de ordenadas haces.
Ya ramo a ramo alcanza,
y a los rollizos tallos hurta el día;
ya la primera flor desvuelve el seno,
bello a la vista, alegre a la esperanza;
a la esperanza, que riendo enjuga.
del fatigado agricultor la frente,
y allá a lo lejos el opimo fruto,
y la cosecha apañadora pinta,
que lleva de los campos el tributo,
colmado el cesto, y con la falda en cinta,
y bajo el peso de los largos bienes
con que al colono acude,
hace crujir los vastos almacenes.
¡Buen Dios! no en vano sude,
mas a merced y a compasión te mueva
la gente agricultora
del ecuador, que del desmayo triste
con renovado aliento vuelve ahora,
y tras tanta zozobra, ansia, tumulto,
tantos años de fiera
devastación y militar insulto,
aún más que tu clemencia antigua implora.
Su rústica piedad, pero sincera,
halle a tus ojos gracia; no el risueño
porvenir que las penas le aligera,
cual de dorado sueño
visión falaz, desvanecido llore;
intempestiva lluvia no maltrate
el delicado embrión; el diente impío
de insecto roedor no lo devore;
sañudo vendaval no lo arrebate,
ni agote al árbol el materno jugo
la calorosa sed de largo estío.
Y pues al fin te plugo,
árbitro de la suerte soberano,
que, suelto el cuello de extranjero yugo,
erguiese al cielo el hombre americano,
bendecida de ti se arraigue y medre
su libertad; en el más hondo encierra
de los abismos la malvada guerra,
y el miedo de la espada asoladora
al suspicaz cultivador no arredre
del arte bienhechora,
que las familias nutre y los estados;
la azorada inquietud deje las almas,
deje la triste herrumbre los arados.
Asaz de nuestros padres malhadados
expiamos la bárbara conquista.
¿Cuántas doquier la vista
no asombran erizadas soledades,
do cultos campos fueron, do ciudades?
De muertes, proscripciones,
suplicios, orfandades,
¿quién contará la pavorosa suma?
Saciadas duermen ya de sangre ibera
las sombras de Atahualpa y Moctezuma.
¡Ah! desde el alto asiento,
en que escabel te son alados coros
que velan en pasmado acatamiento
la faz ante la lumbre de tu frente,
(si merece por dicha una mirada
tuya la sin ventura humana gente),
el ángel nos envía,
el ángel de la paz, que al crudo ibero
haga olvidar la antigua tiranía,
y acatar reverente el que a los hombres
sagrado diste, imprescriptible fuero;
que alargar le haga al injuriado hermano,
(¡ensangrentó la asaz!) la diestra inerme;
y si la innata mansedumbre duerme,
la despierte en el pecho americano.
El corazón lozano
que una feliz oscuridad desdeña,
que en el azar sangriento del combate
alborozado late,
y codicioso de poder o fama,
nobles peligros ama;
baldón estime sólo y vituperio
el prez que de la patria no reciba,
la libertad más dulce que el imperio,
y más hermosa que el laurel la oliva.
Ciudadano el soldado,
deponga de la guerra la librea;
el ramo de victoria
colgado al ara de la patria sea,
y sola adorne al mérito la gloria.
De su trïunfo entonces, Patria mía,
verá la paz el suspirado día;
la paz, a cuya vista el mundo llena
alma, serenidad y regocijo;
vuelve alentado el hombre a la faena,
alza el ancla la nave, a las amigas
auras encomendándose animosa,
enjámbrase el taller, hierve el cortijo,
y no basta la hoz a las espigas.
¡Oh jóvenes naciones, que ceñida
alzáis sobre el atónito occidente
de tempranos laureles la cabeza!
honrad el campo, honrad la simple vida
del labrador, y su frugal llaneza.
Así tendrán en vos perpetuamente
la libertad morada,
y freno la ambición, y la ley templo.
Las gentes a la senda
de la inmortalidad, ardua y fragosa,
se animarán, citando vuestro ejemplo.
Lo emulará celosa
vuestra posteridad; y nuevos nombres
añadiendo la fama
a los que ahora aclama,
«hijos son éstos, hijos,
(pregonará a los hombres)
de los que vencedores superaron
de los Andes la cima;
de los que en Boyacá, los que en la arena
de Maipo, y en Junín, y en la campaña
gloriosa de Apurima,
postrar supieron al león de España».
Andrés Bello nació en Caracas, Venezuela, el 29 de noviembre de 1781 y falleció en Santiago de Chile el 15 de octubre de 1865.
Andrés Bello fue uno de los más grandes humanistas de América Latina, dedicándose a la literatura, la educación, la filología, la filosofía, el derecho. Ejerció la docencia particular en Venezuela y tuvo el honor de ser profesor de Simón Bolívar. Acompañó en sus exploraciones, al barón Alejandro von Humboldt en sus exploraciones científicas en las Colonias.
Su trayectoria puede dividirse en tres etapas diferenciadas: 1781-1810: su vida en Venezuela; 1810-1829: su viaje a Inglaterra y su misión diplomática; 1829-1865: su estada en Chile.
Su vasta obra permite contarlo entre los exponentes importantes de la literatura americana, con poemas como la "Silva a la agricultura de la zona tórrida", escrita en Londres, y la "Alocución a la Poesía" en 1823; la "Oración por todos" en 1843, ya con caracteres románticos.
También en Derecho, Andrés Bello compuso en 1832 el tratado "Principios de Derecho Internacional" y el "Derecho Civil" para Chile, en 1955.
En Gramática descolló con su obra, la "Gramática de la Lengua Castellana" escrita en 1847, con una visión actual y renovadora de los conceptos lingüísticos (en lo referente a vocabulario, a los verboides, etc).
Fue Miembro de la Real Academia Española en 1851.
Fue Rector de la Universidad en Chile, de la cual se retiró ya anciano, y prosiguió sus investigaciones hasta su fallecimiento en 1865.
La Silva a la agricultura en la zona tórrida de este gran poeta figura entre "Las cien mejores poesías líricas de la lengua castellana", escogidas por Menéndez Pelayo, entre lo mejor de la literatura de los países de habla hispana. Bello podría ocupar con idéntico derecho un puesto de excepción en los capítulos dedicados a la prosa o a la crítica. Porque en él concurren parejos méritos seis u ocho cualidades que le convierten en verdadero polígrafo: el poeta, el filólogo, el crítico, el educador, el filósofo y hasta el jurista. En todas estas actitudes destacó y en todas ellas dejó obra meritísimas.
Francisco Arias Solís
Recopilado por Argimiro Torres
¡Salve, fecunda zona,
que al sol enamorado circunscribes
el vago curso, y cuanto ser se anima
en cada vario clima,
acariciada de su luz, concibes!
Tú tejes al verano su guirnalda
de granadas espigas; tú la uva
das a la hirviente cuba;
no de purpúrea fruta, o roja, o gualda,
a tus florestas bellas
falta matiz alguno; y bebe en ellas
aromas mil el viento;
y greyes van sin cuento
paciendo tu verdura, desde el llano
que tiene por lindero el horizonte,
hasta el erguido monte,
de inaccesible nieve siempre cano.
Tú das la caña hermosa,
de do la miel se acendra,
por quien desdeña el mundo los panales;
tú en urnas de coral cuajas la almendra
que en la espumante jícara rebosa;
bulle carmín viviente en tus nopales,
que afrenta fuera al múrice de Tiro;
y de tu añil la tinta generosa
émula es de la lumbre del zafiro.
El vino es tuyo, que la herida agave
para los hijos vierte
del Anahuac feliz; y la hoja es tuya,
que, cuando de süave
humo en espiras vagorosas huya,
solazará el fastidio al ocio inerte.
Tú vistes de jazmines
el arbusto sabeo ,
y el perfume le das, que en los festines
la fiebre insana templará a Lico.
Para tus hijos la procera palma
su vario feudo cría,
y el ananás sazona su ambrosía;
su blanco pan la yuca ;
sus rubias pomas la patata educa;
y el algodón despliega al aura leve
las rosas de oro y el vellón de nieve.
Tendida para ti la fresca parcha
en enramadas de verdor lozano,
cuelga de sus sarmientos trepadores
nectáreos globos y franjadas flores;
y para ti el maíz, jefe altanero
de la espigada tribu, hincha su grano;
y para ti el banano
desmaya al peso de su dulce carga;
el banano, primero
de cuantos concedió bellos presentes
Providencia a las gentes
del ecuador feliz con mano larga.
No ya de humanas artes obligado
el premio rinde opimo;
no es a la podadera, no al arado
deudor de su racimo;
escasa industria bástale, cual puede
hurtar a sus fatigas mano esclava;
crece veloz, y cuando exhausto acaba,
adulta prole en torno le sucede.
Mas ¡oh! ¡si cual no cede
el tuyo, fértil zona, a suelo alguno,
y como de natura esmero ha sido,
de tu indolente habitador lo fuera!
¡Oh! ¡si al falaz rüido,
la dicha al fin supiese verdadera
anteponer, que del umbral le llama
del labrador sencillo,
lejos del necio y vano
fasto, el mentido brillo,
el ocio pestilente ciudadano!
¿Por qué ilusión funesta
aquellos que fortuna hizo señores
de tan dichosa tierra y pingüe y varia,
el cuidado abandonan
y a la fe mercenaria
las patrias heredades,
y en el ciego tumulto se aprisionan
de míseras ciudades,
do la ambición proterva
sopla la llama de civiles bandos,
o al patriotismo la desidia enerva;
do el lujo las costumbres atosiga,
y combaten los vicios
la incauta edad en poderosa liga?
No allí con varoniles ejercicios
se endurece el mancebo a la fatiga;
mas la salud estraga en el abrazo
de pérfida hermosura,
que pone en almoneda los favores;
mas pasatiempo estima
prender aleve en casto seno el fuego
de ilícitos amores;
o embebecido le hallará la aurora
en mesa infame de ruinoso juego.
En tanto a la lisonja seductora
del asiduo amador fácil oído
da la consorte; crece
en la materna escuela
de la disipación y el galanteo
la tierna virgen, y al delito espuela
es antes el ejemplo que el deseo.
¿Y será que se formen de ese modo
los ánimos heroicos denodados
que fundan y sustentan los estados?
¿De la algazara del festín beodo,
o de los coros de liviana danza,
la dura juventud saldrá, modesta,
orgullo de la patria, y esperanza?
¿Sabrá con firme pulso
de la severa ley regir el freno;
brillar en torno aceros homicidas
en la dudosa lid verá sereno;
o animoso hará frente al genio altivo
del engreído mando en la tribuna,
aquel que ya en la cuna
durmió al arrullo del cantar lascivo,
que riza el pelo, y se unge, y se atavía
con femenil esmero,
y en indolente ociosidad el día,
o en criminal lujuria pasa entero?
No así trató la triunfadora Roma
las artes de la paz y de la guerra;
antes fió las riendas del estado
a la mano robusta
que tostó el sol y encalleció el arado;
y bajo el techo humoso campesino
los hijos educó, que el conjurado
mundo allanaron al valor latino.
¡Oh! ¡los que afortunados poseedores
habéis nacido de la tierra hermosa,
en que reseña hacer de sus favores,
como para ganaros y atraeros,
quiso Naturaleza bondadosa!
romped el duro encanto
que os tiene entre murallas prisioneros.
El vulgo de las artes laborioso,
el mercader que necesario al lujo
al lujo necesita,
los que anhelando van tras el señuelo
del alto cargo y del honor ruidoso,
la grey de aduladores parasita,
gustosos pueblen ese infecto caos;
el campo es vuestra herencia; en él gozaos.
¿Amáis la libertad? El campo habita,
o allá donde el magnate
entre armados satélites se mueve,
y de la moda, universal señora,
va la razón al triunfal carro atada,
y a la fortuna la insensata plebe,
y el noble al aura popular adora.
¿O la virtud amáis? ¡Ah, que el retiro,
la solitaria calma
en que, juez de sí misma, pasa el alma
a las acciones muestra,
es de la vida la mejor maestra!
¿Buscáis durables goces,
felicidad, cuanta es al hombre dada
y a su terreno asiento, en que vecina
está la risa al llanto, y siempre, ¡ah! siempre
donde halaga la flor, punza la espina?
Id a gozar la suerte campesina;
la regalada paz, que ni rencores
al labrador, ni envidias acibaran;
la cama que mullida le preparan
el contento, el trabajo, el aire puro;
y el sabor de los fáciles manjares,
que dispendiosa gula no le aceda;
y el asilo seguro
de sus patrios hogares
que a la salud y al regocijo hospeda.
El aura respirad de la montaña,
que vuelve al cuerpo laso
el perdido vigor, que a la enojosa
vejez retarda el paso,
y el rostro a la beldad tiñe de rosa.
¿Es allí menos blanda por ventura
de amor la llama, que templó el recato?
¿O menos aficiona la hermosura
que de extranjero ornato
y afeites impostores no se cura?
¿O el corazón escucha indiferente
el lenguaje inocente
que los afectos sin disfraz expresa,
y a la intención ajusta la promesa?
No del espejo al importuno ensayo
la risa se compone, el paso, el gesto;
ni falta allí carmín al rostro honesto
que la modestia y la salud colora,
ni la mirada que lanzó al soslayo
tímido amor, la senda al alma ignora.
¿Esperaréis que forme
más venturosos lazos himeneo,
do el interés barata,
tirano del deseo,
ajena mano y fe por nombre o plata,
que do conforme gusto, edad conforme,
y elección libre, y mutuo ardor los ata?
Allí también deberes
hay que llenar: cerrad, cerrad las hondas
heridas de la guerra; el fértil suelo,
áspero ahora y bravo,
al desacostumbrado yugo torne
del arte humana, y le tribute esclavo.
Del obstrüido estanque y del molino
recuerden ya las aguas el camino;
el intrincado bosque el hacha rompa,
consuma el fuego; abrid en luengas calles
la oscuridad de su infructuosa pompa.
Abrigo den los valles
a la sedienta caña;
la manzana y la pera
en la fresca montaña
el cielo olviden de su madre España;
adorne la ladera
el cafetal; ampare
a la tierna teobroma en la ribera
la sombra maternal de su bucare ;
aquí el vergel, allá la huerta ría...
¿Es ciego error de ilusa fantasía?
Ya dócil a tu voz, agricultura,
nodriza de las gentes, la caterva
servil armada va de corvas hoces.
Mírola ya que invade la espesura
de la floresta opaca; oigo las voces,
siento el rumor confuso; el hierro suena,
los golpes el lejano
eco redobla; gime el ceibo anciano,
que a numerosa tropa
largo tiempo fatiga;
batido de cien hachas, se estremece,
estalla al fin, y rinde el ancha copa.
Huyó la fiera; deja el caro nido,
deja la prole implume
el ave, y otro bosque no sabido
de los humanos va a buscar doliente...
¿Qué miro? Alto torrente
de sonorosa llama
corre, y sobre las áridas rüinas
de la postrada selva se derrama.
El raudo incendio a gran distancia brama,
y el humo en negro remolino sube,
aglomerando nube sobre nube.
Ya de lo que antes era
verdor hermoso y fresca lozanía,
sólo difuntos troncos,
sólo cenizas quedan; monumento
de la lucha mortal, burla del viento.
Mas al vulgo bravío
de las tupidas plantas montaraces,
sucede ya el fructífero plantío
en muestra ufana de ordenadas haces.
Ya ramo a ramo alcanza,
y a los rollizos tallos hurta el día;
ya la primera flor desvuelve el seno,
bello a la vista, alegre a la esperanza;
a la esperanza, que riendo enjuga.
del fatigado agricultor la frente,
y allá a lo lejos el opimo fruto,
y la cosecha apañadora pinta,
que lleva de los campos el tributo,
colmado el cesto, y con la falda en cinta,
y bajo el peso de los largos bienes
con que al colono acude,
hace crujir los vastos almacenes.
¡Buen Dios! no en vano sude,
mas a merced y a compasión te mueva
la gente agricultora
del ecuador, que del desmayo triste
con renovado aliento vuelve ahora,
y tras tanta zozobra, ansia, tumulto,
tantos años de fiera
devastación y militar insulto,
aún más que tu clemencia antigua implora.
Su rústica piedad, pero sincera,
halle a tus ojos gracia; no el risueño
porvenir que las penas le aligera,
cual de dorado sueño
visión falaz, desvanecido llore;
intempestiva lluvia no maltrate
el delicado embrión; el diente impío
de insecto roedor no lo devore;
sañudo vendaval no lo arrebate,
ni agote al árbol el materno jugo
la calorosa sed de largo estío.
Y pues al fin te plugo,
árbitro de la suerte soberano,
que, suelto el cuello de extranjero yugo,
erguiese al cielo el hombre americano,
bendecida de ti se arraigue y medre
su libertad; en el más hondo encierra
de los abismos la malvada guerra,
y el miedo de la espada asoladora
al suspicaz cultivador no arredre
del arte bienhechora,
que las familias nutre y los estados;
la azorada inquietud deje las almas,
deje la triste herrumbre los arados.
Asaz de nuestros padres malhadados
expiamos la bárbara conquista.
¿Cuántas doquier la vista
no asombran erizadas soledades,
do cultos campos fueron, do ciudades?
De muertes, proscripciones,
suplicios, orfandades,
¿quién contará la pavorosa suma?
Saciadas duermen ya de sangre ibera
las sombras de Atahualpa y Moctezuma.
¡Ah! desde el alto asiento,
en que escabel te son alados coros
que velan en pasmado acatamiento
la faz ante la lumbre de tu frente,
(si merece por dicha una mirada
tuya la sin ventura humana gente),
el ángel nos envía,
el ángel de la paz, que al crudo ibero
haga olvidar la antigua tiranía,
y acatar reverente el que a los hombres
sagrado diste, imprescriptible fuero;
que alargar le haga al injuriado hermano,
(¡ensangrentó la asaz!) la diestra inerme;
y si la innata mansedumbre duerme,
la despierte en el pecho americano.
El corazón lozano
que una feliz oscuridad desdeña,
que en el azar sangriento del combate
alborozado late,
y codicioso de poder o fama,
nobles peligros ama;
baldón estime sólo y vituperio
el prez que de la patria no reciba,
la libertad más dulce que el imperio,
y más hermosa que el laurel la oliva.
Ciudadano el soldado,
deponga de la guerra la librea;
el ramo de victoria
colgado al ara de la patria sea,
y sola adorne al mérito la gloria.
De su trïunfo entonces, Patria mía,
verá la paz el suspirado día;
la paz, a cuya vista el mundo llena
alma, serenidad y regocijo;
vuelve alentado el hombre a la faena,
alza el ancla la nave, a las amigas
auras encomendándose animosa,
enjámbrase el taller, hierve el cortijo,
y no basta la hoz a las espigas.
¡Oh jóvenes naciones, que ceñida
alzáis sobre el atónito occidente
de tempranos laureles la cabeza!
honrad el campo, honrad la simple vida
del labrador, y su frugal llaneza.
Así tendrán en vos perpetuamente
la libertad morada,
y freno la ambición, y la ley templo.
Las gentes a la senda
de la inmortalidad, ardua y fragosa,
se animarán, citando vuestro ejemplo.
Lo emulará celosa
vuestra posteridad; y nuevos nombres
añadiendo la fama
a los que ahora aclama,
«hijos son éstos, hijos,
(pregonará a los hombres)
de los que vencedores superaron
de los Andes la cima;
de los que en Boyacá, los que en la arena
de Maipo, y en Junín, y en la campaña
gloriosa de Apurima,
postrar supieron al león de España».
Andrés Bello nació en Caracas, Venezuela, el 29 de noviembre de 1781 y falleció en Santiago de Chile el 15 de octubre de 1865.
Andrés Bello fue uno de los más grandes humanistas de América Latina, dedicándose a la literatura, la educación, la filología, la filosofía, el derecho. Ejerció la docencia particular en Venezuela y tuvo el honor de ser profesor de Simón Bolívar. Acompañó en sus exploraciones, al barón Alejandro von Humboldt en sus exploraciones científicas en las Colonias.
Su trayectoria puede dividirse en tres etapas diferenciadas: 1781-1810: su vida en Venezuela; 1810-1829: su viaje a Inglaterra y su misión diplomática; 1829-1865: su estada en Chile.
Su vasta obra permite contarlo entre los exponentes importantes de la literatura americana, con poemas como la "Silva a la agricultura de la zona tórrida", escrita en Londres, y la "Alocución a la Poesía" en 1823; la "Oración por todos" en 1843, ya con caracteres románticos.
También en Derecho, Andrés Bello compuso en 1832 el tratado "Principios de Derecho Internacional" y el "Derecho Civil" para Chile, en 1955.
En Gramática descolló con su obra, la "Gramática de la Lengua Castellana" escrita en 1847, con una visión actual y renovadora de los conceptos lingüísticos (en lo referente a vocabulario, a los verboides, etc).
Fue Miembro de la Real Academia Española en 1851.
Fue Rector de la Universidad en Chile, de la cual se retiró ya anciano, y prosiguió sus investigaciones hasta su fallecimiento en 1865.
La Silva a la agricultura en la zona tórrida de este gran poeta figura entre "Las cien mejores poesías líricas de la lengua castellana", escogidas por Menéndez Pelayo, entre lo mejor de la literatura de los países de habla hispana. Bello podría ocupar con idéntico derecho un puesto de excepción en los capítulos dedicados a la prosa o a la crítica. Porque en él concurren parejos méritos seis u ocho cualidades que le convierten en verdadero polígrafo: el poeta, el filólogo, el crítico, el educador, el filósofo y hasta el jurista. En todas estas actitudes destacó y en todas ellas dejó obra meritísimas.
Francisco Arias Solís
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Argimiro Torres,
Poesía venezolana
domingo, 25 de abril de 2010
Roscio, el ideólogo de la emancipación
Eumenes Fuguet Borregales (*)
"El movimiento del 19 de abril, será el principio para consolidar la independencia y la libertad de la América española"; palabras expresadas por este ilustre paisano nacido en San José de Tiznados- Guárico, el 27 de mayo de 1763, hijo del milanés José Roscio y Doña Paula Nieves natural de La Victoria; egresado del Seminario Tridentino de Caracas como doctor en Cánones y Leyes en 1794 y en Derecho Romano en 1795. Sus conocimientos y formación le permitieron ejercer la docencia hasta enero de 1797, cuando fue destacado por la capitanía general a Puerto Cabello. En agosto ejerce como abogado defensor de María Isabel Páez, a quien se le negaba el derecho de usar alfombra para arrodillarse en la iglesia por ser mestiza, privilegio exclusivo de las mantuanas. En 1798 solicita su ingreso al Colegio de Abogados de Caracas; ingreso impedido por su condición de mestizo; después de litigar logra incorporarse en diciembre de 1800; al poco tiempo es admitido en la Real Academia de Derecho Público. En 1808 se desempeñó como Fiscal de la Real Audiencia de Caracas. Participó activamente en los sucesos del 19 de abril de 1810; al regresar al Cabildo Emparan, luego de ser conminado en la Catedral por Francisco Salías; Roscio y José Félix Sosa se autonombran "diputados del Pueblo". Roscio es designado secretario provisional del Ayuntamiento, al notar que Emparan deseaba ser presidente de la nueva Junta de Gobierno, que habría de formarse en apoyo al depuesto rey español Fernando VII, ordena al joven sacerdote José Félix Blanco la urgente búsqueda del prelado chileno José Cortés de Madariaga, quien se presenta auto designándose "diputado por el clero", exigiendo la anulación del acta y la designación de un gobierno de los americanos. Con la renuncia de Emparan y la formación del primer gobierno de los blancos criollos con la denominación de Junta Suprema Conservadora de los derechos de Fernando VII, cerraba la época colonial para iniciar una nueva etapa de la formación republicana de Venezuela. Juan Germán Roscio redacta el Acta de esa memorable efeméride, y designado el 27 de abril de 1810 ministro de Relaciones Exteriores, sería nuestro Primer Canciller, propuso el envío de comisiones a: Norteamérica, Londres, Nueva Granada y Curazao con el objeto de informar sobre la situación política y buscar apoyo para el nuevo gobierno. El 10 de junio presidió la comisión encargada de realizar las primeras elecciones en las siete provincias, convirtiéndose en el pionero del sistema electoral venezolano; de los 44 diputados electos instalados el 2 de marzo de 1811, Roscio fue elegido por Calabozo. La historia registra su elocuente discurso pronunciado el 3 de julio; allí resaltó: "Los reyes no tienen derechos ni privilegios divinos, el arbitro de los pueblos puede removerlos y arrojarlos cuando les convenga". El 5 de julio de 1811 durante la sesión del Congreso, al tomar el derecho de palabra expresó: "Dos juramentos habíamos prestado al rey Fernando VII, uno el 15 de julio de 1808, cuando se supo la noticia de su destierro a Francia por orden de Napoleón; otro el 19 de abril de 1810, al primero lo arrancó la fuerza y al segundo la ignorancia y la necesidad de no alarmar a los pueblos.". Este distinguido letrado es corredactor y firmante del Acta de Independencia. Los pobladores de Nirgua el 20 de julio de 1811, en rebeldía por la negativa de Valencia de aceptar la declaración de independencia del 5 de julio, queman un retrato de Fernando VII. Roscio exalta esta acción el 18 de septiembre en su ensayo "El patriotismo de Nirgua y abuso de los reyes". Igualmente participó en la redacción de la Primera Constitución de Venezuela y de Hispanoamérica promulgada el 21 de diciembre de 1811. La Capitulación de Miranda produce el encarcelamiento de muchos afectos a la República, entre ellos Roscio, enviado a la prisión de Cádiz en agosto de 1812. Monteverde envía una comunicación a las autoridades españolas la que textualmente decía: "Presento a Vuestra Majestad a esos ocho monstruos, origen y raíz primitiva de todos los males de América.que reciban el castigo que merecen sus crímenes". Roscio y sus compañeros de prisión logran escapar; al ser apresados de nuevo y devueltos a la cárcel; son liberados gracias a las gestiones de Thomas Richardson. En Filadelfia escribe en 1817 su famosa obra "Libertad contra todo despotismo", libro de cabecera de Benito Juárez. En 1818 escribe para el "Correo del Orinoco"; designado ese año para elaborar el reglamento del segundo proceso eleccionario del Congreso a reunirse el 15 de febrero del siguiente año. Este prócer civil fallece en Cúcuta el 10 de marzo de 1821. Bolívar expresó: "Es un Catón prematuro en una República donde no hay ni leyes ni costumbres".
(*) Gral. de Bgda
eumenes7@gmail.com
Diario El Carabobeño
Historia y Tradición
"El movimiento del 19 de abril, será el principio para consolidar la independencia y la libertad de la América española"; palabras expresadas por este ilustre paisano nacido en San José de Tiznados- Guárico, el 27 de mayo de 1763, hijo del milanés José Roscio y Doña Paula Nieves natural de La Victoria; egresado del Seminario Tridentino de Caracas como doctor en Cánones y Leyes en 1794 y en Derecho Romano en 1795. Sus conocimientos y formación le permitieron ejercer la docencia hasta enero de 1797, cuando fue destacado por la capitanía general a Puerto Cabello. En agosto ejerce como abogado defensor de María Isabel Páez, a quien se le negaba el derecho de usar alfombra para arrodillarse en la iglesia por ser mestiza, privilegio exclusivo de las mantuanas. En 1798 solicita su ingreso al Colegio de Abogados de Caracas; ingreso impedido por su condición de mestizo; después de litigar logra incorporarse en diciembre de 1800; al poco tiempo es admitido en la Real Academia de Derecho Público. En 1808 se desempeñó como Fiscal de la Real Audiencia de Caracas. Participó activamente en los sucesos del 19 de abril de 1810; al regresar al Cabildo Emparan, luego de ser conminado en la Catedral por Francisco Salías; Roscio y José Félix Sosa se autonombran "diputados del Pueblo". Roscio es designado secretario provisional del Ayuntamiento, al notar que Emparan deseaba ser presidente de la nueva Junta de Gobierno, que habría de formarse en apoyo al depuesto rey español Fernando VII, ordena al joven sacerdote José Félix Blanco la urgente búsqueda del prelado chileno José Cortés de Madariaga, quien se presenta auto designándose "diputado por el clero", exigiendo la anulación del acta y la designación de un gobierno de los americanos. Con la renuncia de Emparan y la formación del primer gobierno de los blancos criollos con la denominación de Junta Suprema Conservadora de los derechos de Fernando VII, cerraba la época colonial para iniciar una nueva etapa de la formación republicana de Venezuela. Juan Germán Roscio redacta el Acta de esa memorable efeméride, y designado el 27 de abril de 1810 ministro de Relaciones Exteriores, sería nuestro Primer Canciller, propuso el envío de comisiones a: Norteamérica, Londres, Nueva Granada y Curazao con el objeto de informar sobre la situación política y buscar apoyo para el nuevo gobierno. El 10 de junio presidió la comisión encargada de realizar las primeras elecciones en las siete provincias, convirtiéndose en el pionero del sistema electoral venezolano; de los 44 diputados electos instalados el 2 de marzo de 1811, Roscio fue elegido por Calabozo. La historia registra su elocuente discurso pronunciado el 3 de julio; allí resaltó: "Los reyes no tienen derechos ni privilegios divinos, el arbitro de los pueblos puede removerlos y arrojarlos cuando les convenga". El 5 de julio de 1811 durante la sesión del Congreso, al tomar el derecho de palabra expresó: "Dos juramentos habíamos prestado al rey Fernando VII, uno el 15 de julio de 1808, cuando se supo la noticia de su destierro a Francia por orden de Napoleón; otro el 19 de abril de 1810, al primero lo arrancó la fuerza y al segundo la ignorancia y la necesidad de no alarmar a los pueblos.". Este distinguido letrado es corredactor y firmante del Acta de Independencia. Los pobladores de Nirgua el 20 de julio de 1811, en rebeldía por la negativa de Valencia de aceptar la declaración de independencia del 5 de julio, queman un retrato de Fernando VII. Roscio exalta esta acción el 18 de septiembre en su ensayo "El patriotismo de Nirgua y abuso de los reyes". Igualmente participó en la redacción de la Primera Constitución de Venezuela y de Hispanoamérica promulgada el 21 de diciembre de 1811. La Capitulación de Miranda produce el encarcelamiento de muchos afectos a la República, entre ellos Roscio, enviado a la prisión de Cádiz en agosto de 1812. Monteverde envía una comunicación a las autoridades españolas la que textualmente decía: "Presento a Vuestra Majestad a esos ocho monstruos, origen y raíz primitiva de todos los males de América.que reciban el castigo que merecen sus crímenes". Roscio y sus compañeros de prisión logran escapar; al ser apresados de nuevo y devueltos a la cárcel; son liberados gracias a las gestiones de Thomas Richardson. En Filadelfia escribe en 1817 su famosa obra "Libertad contra todo despotismo", libro de cabecera de Benito Juárez. En 1818 escribe para el "Correo del Orinoco"; designado ese año para elaborar el reglamento del segundo proceso eleccionario del Congreso a reunirse el 15 de febrero del siguiente año. Este prócer civil fallece en Cúcuta el 10 de marzo de 1821. Bolívar expresó: "Es un Catón prematuro en una República donde no hay ni leyes ni costumbres".
(*) Gral. de Bgda
eumenes7@gmail.com
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