lunes 29 de agosto de 2011

JUAN ANTONIO DIAZ ARGOTE. SACERDOTE Y DIPUTADO EN EL CONGRESO DE 1811. Primera parte.1/2

Oldman Botello*
DEL CAMPO VILLACURANO
El padre Juan Antonio Díaz Argote nació en Villa de Cura, del hogar de un canario y una villacurana. Fueron los padres don José Antonio Díaz-Argote Hernández, de Buena Vista, Isla de Tenerife y doña Bernarda María Villasana, hija de un capitán español residente en dicha ciudad. Los Díaz-Argote Villasana residían en el caserío El Caño, hoy Gamarra, zona rural entre Villa de Cura y Cagua. El advenimiento de Juan Antonio tuvo lugar en dicho sitio el 12 de febrero de 1757. (Libro de Bautismos, Nº 4: 129) Junto con él hubo nueve hermanos más. En su expediente universitario se hace constar que los Díaz Argote eran “blancos y limpios de toda mala raza”, tal como se exigía en aquellos tiempos de discriminación a los mestizos, indígenas y afrodescendientes.

Los Díaz Argote fueron una familia muy religiosa. El sustento lo derivaban de la agricultura en su posesión agrícola de El Caño. Con algún dinero ahorrado, Juan Antonio fue enviado a estudiar a Caracas en 1768, y para comprobar su estamento social presentó una constancia del canario don Luis Peraza y Ayala (padre del futuro diputado al Congreso de Angostura y participante en la gesta de Gual y España Dr. Luís Tomás Peraza y Rodríguez), quien se desempeñaba como fiscal en el Juzgado de Difuntos. Siguió estudios de sacerdocio en el Seminario de Santa Rosa de Lima y obtuvo su grado de bachiller en artes, mención filosofía en 1774; tuvo maestro al presbítero fray Francisco Cárdenas, de la orden de los predicadores; en 1778 el de bachiller en ciencias eclesiásticas, mención cánones y muchos años después, luego de haber ejercido el sacerdocio en varias parroquias, obtiene el de licenciado en ciencias eclesiásticas, mención teología, en 1796.

El 12 de enero de 1780 fue autorizado por el obispo Mariano Martí para vestir sobrepelliz y bonete en el monasterio de los religiosos carmelitas, oyó las funciones de Tablas y realizó los ejercicios espirituales encomendados en el real Colegio Seminario de Caracas. Los domingos y demás festividades, entre ellas la de la Nuestra Señora del Rosario los cumplió en la Catedral capitalina autorizado por el mismo Mariano Martí por intermedio del presbítero Gabriel José de Lindo, secretario del Arzobispado, vinculado con los Osío de Villa de Cura, amigos de su familia. El padre Pedro Palacios y Sojo –tío del futuro Libertador Simón Bolívar- certificó que Díaz Argote oyó los ejercicios espirituales en el oratorio del Real Colegio; los ejercicios espirituales en del patriarca San Ignacio de Loyola los oyó desde 1772 a 1779 como lo certifica el secretario del Seminario Pbro. José Bernabé Espinoza de los Monteros. Entre los profesores que lo tuvieron en sus aulas figuraron Fernando Amitesarove, Carlos Monasterios, y Dr. José Suárez de Aguado en filosofía; en sagrada teología Domingo Berroterán, Carlos Monasterios, Juan Vicente Echezuría, José Domingo Blanco, Domingo Arnal y en otras materias fray Francisco de San José de Cárdenas, Fernando Jerez y Aristeguieta y fray Francisco de Castro.

Un largo peregrinar por parroquias del centro del país

En 1781 fue promovido al sacerdocio por imposición de manos del obispo Martí y se le asignó el beneficio curado de de Tacarigua de la Laguna, actual estado Miranda, zona palúdica, enfermiza, a donde ningún sacerdote quería ir. Allí estuvo dos años e interinamente ocupó durante seis meses el curato de Curiepe. El 23 de marzo de 1784 fue enviado a otra zona enfermiza, la de Ocumare de la Costa y se posesionó en mayo siguiente; realizó una efectiva labor evangelizadora entre la población esclava e hizo construir una iglesia “muy capaz, con sacristía en disposición que sirva de casa parroquial” y la dejó con muchas alhajas e imágenes, la mayor parte de lo cual costeado de su peculio. El 23 de diciembre de 1796 fue transferido como párroco de San Sebastián de los Reyes, a título de Vicario foráneo; entonces era una importante población en el sureste de Aragua y tomó posesión el 7 de enero siguiente. Fue un alivio para él porque era menos penoso el cumplimiento de su sagrado ministerio.

En 1797 falleció el párroco de Villa de Cura, el sacerdote guaireño Agustín del Águila y el obispo fray Juan Antonio de la Virgen María Viana publica un Edicto el 27 de octubre llamando a concurso de oposición del curato. Concurren los presbíteros Juan de Dios Fernández, natural de Ospino, de 36 años; Francisco Xavier García y Castrillo, de La Victoria, 39 años de edad y quien sería progresista cura de Ortiz, en el Guárico y el propio Díaz Argote, quien vio la oportunidad de ejercer como párroco en su villa natal. Tenía 41 años cumplidos. Se envió la terna al Gobernador don Pedro Carbonell, quien seleccionó al sacerdote villacurano en su condición de vicepatrono regio, de común acuerdo con el obispo Viana. Desde el 15 de diciembre de 1797 era párroco en su pueblo. El acto de profesión de fe lo hizo de rodillas ante el obispo Viana, tal como se acostumbraba entonces. En junio de 1801 fue promovido a la parroquia de Valencia. En Villa de cura lo reemplazó otro sacerdote oriundo de esa ciudad, el presbítero Francisco de Orta, de 40 años de edad, quien había sido monaguillo en la iglesia parroquial durante seis años antes de ingresar al seminario y se ordenó en 1786. En 1801 intentó llegar a la Catedral caraqueña, mediante concurso de oposición para optar a una Canongía pero fue fallido. Vendrían mejores días.

En la continuación de su andariego ministerio, en febrero de 1802 se sacó a concurso la provisión del curato de La Guaira por promoción de su titular el presbítero sanfelipeño Manuel Vicente de Maya, quien pasaba a una responsabilidad en la Catedral de Caracas y poco después sería electo rector de la Universidad; precisamente fue firmante del Acta del Congreso de 1811, como diputado por La Grita, pero se opuso a la Independencia rotundamente. Díaz Argote envió un apoderado para la provisión del curato de La Guaira, el presbítero turmereño Domingo Antonio Tremaria, que también tomó partido por la libertad; otro aspirante al curato guaireño fue el presbítero Domingo Díaz Argote, cura de Guatire, que no tenía ningún vínculo con nuestro biografiado y fue su apoderado nada menos que médico José Domingo Díaz, el más acérrimo adversario de la Independencia, enemigo del Libertador y detractor de todos quienes tuvieran que ver con el proceso emancipador. Debió ser muy importante el curato de La Guaira, porque además de los ya nombrados aspiraron a ejercerlo los presbíteros: Antonio Díaz Argote, hermano de don Domingo (ambos naturales de Caracas), párroco de Yare; Fernando Areste y Reina, José Suárez de Aguado, Juan de Dios Echarri, Juan Nepomuceno Quintana (también diputado al Congreso de 1811), José Félix Roscio, de San Francisco de Tiznados, hermano del prócer Juan Germán Roscio; Juan Agustín Díaz Argote (desconocemos si tiene relación con los hermanos ya citados; este fue párroco durante 16 años de la población guariqueña de El Calvario) Francisco Javier Narvarte, Marco Antonio Cuesta, Juan Francisco Atencio y el bachiller Esteban Ignacio Quero. Pasaron en la terna al Gobernador y al Obispo después de rendir el examen respectivo, los presbíteros Juan Antonio Díaz Argote, Juan Agustín Díaz Argote y Esteban Ignacio Quero y el 10 de junio se designa a nuestro biografiado para la parroquia de La Guaira, donde lo encontrarán los sucesos de 1810 y 1811. En julio de 1813 pasó a ocupar cargos en la Catedral de Caracas y lo reemplazó en La Guaira el Pbro. José Vicente Vergara.

A la par que ejercía como párroco en La Guaira, cumplía su misión como Comisario del Santo Oficio de la Inquisición, la terrible institución de la Iglesia que castigaba los delitos o faltas contra la religión. Una de ellas era la posesión de libros prohibidos. Al impresor francés Juan Baillío le incautó en enero de 1811 la censurada obra Emilio, del vituperado dirigente francés Juan Jacobo Rousseau; eran los tomos tercero y cuarto, que entregó al Arzobispo pero este le solicitó que los mantuviera en su poder. No pasó de allí. Fue omitida la falta. Baillío fue denominado Impresor del Supremo Congreso y en su taller fue impresa el Acta de Independencia, libros y periódicos vinculados a la emancipación. Debió escapar a la llegada de Boves a Caracas.

*De la Academia Nacional de la Historia.Cronista de Maracay.Ex-Cronista de Villa de Cura

Bandera venezolana

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